Flip Flop review: La Petite Robe Noire Black Perfecto de Guerlain

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¿Animal gourmand? Hmmm…es una idea. Una idea de cierta intensidad y de cierta lógica de los aromas. Cómo el anís estrellado-regaliz puede sugerir cuero en determinados momentos, cómo la rosa combina bien con notas anisadas que la enternecen y estas enlazan con la almendra y la cereza que se complementan, cómo el almizcle forma parte de todo…sí, cierta lógica. Pero no rotundidad.

Black Perfecto promete en su publicidad un filo rocker. Esa idea de vivir libre como el viento y ser tú mismo…o, al menos, de experimentar el túnel de la adrenalina: la moto, la velocidad, el cuero. Es una idea…Pero su rebeldía no se materializa. En el fondo es un animal doméstico.

Mucha gente encuentra esta fragancia similar a la versión original de La Petite Robe Noire…Hmmm. No exactamente, aunque aún es gourmand, un tono familiar dentro de la saga, pero Black Perfecto es otra cosa. ¿Un experimento? Al menos un intento.

La primera impresión es bastante distinta del perfume de 2012, no es esa rosa burbujeante, afrutada y fresca; tampoco tiene ese fondo de patchoulí, té y frambuesa tan marcado. La primera impresión es curiosa o confusa o incómoda: notas amargas de frutas y cuero, por suerte es una confusión transitoria. Luego se vuelve un floral lánguido y aterciopelado y evoluciona con recuerdos de cuero y, sobre todo, de ante.

El perfume es, a mi modo de entender, un poco de esto y de aquello. Un poco de dulzor gourmand, un poco de rosa irisada y un poco perfume de ante con tímidos acentos oscuros de cuero. Una combinación entre Daim Blond de Serge Lutens, Ombre Mercure de Terry de Ginzburg y Love in Black de Creed. Una versión fácil de llevar de un tipo de perfume ya habitual en el sector niche.

La impresión final es que es un olor de ante empolvado, con gentiles notas de rosa y cereza. Se intentó hacer algo aquí un poco más original y arriesgado, pero no se fue muy lejos en el intento porque Black Perfecto promete ser intenso y complejo pero su textura y carácter es tímido y suave, casi como un elegante perfume floral-amaderado-almizclado. De nuevo, la opción elegida para hacer algo más cercano al gusto general vuelve a ser añadir aspectos palatables y “desmaterializar” las notas más densas y oscuras.

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La belleza inherente de una flor: Baiser Fou de Cartier.

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Los nombres pueden contener una gran sabiduría. Son reveladores del pensamiento. Dar nombre a las cosas es un arte, no sólo es elegir una palabra y una sonoridad, es también la posibilidad de revelar algo implícito y generar ideas.

Los idiomas opacos que utilizan ideogramas basan la lectura en el significado. No puedes leer una palabra si primero no sabes lo que significa, por eso son culturas tan visuales y desarrollan una gran facilidad para expresar ideas o emociones de forma gráfica, mediante trazos y dibujos.

En la antigua China la orquídea silvestre (Lan Hua) que florece en primavera recibió el sobrenombre de “la belleza solitaria del valle tranquilo”. La palabra Lan fue ampliando su significado y adquiriendo propiedades de adjetivo; a veces usada para formar expresiones relativas a la amistad profunda, la que se forma compartiendo los mismos gustos, una idea de raíz confuciana pues el filósofo comparaba la verdadera amistad con el perfume de la orquídea.

En primavera, el arroyo está verde y claro, las orquídeas en la orilla emiten una agradable fragancia cuyo aroma exhala hasta la lluvia. Du Mu (803-852), poeta de la dinastía Tang.

Para Confucio la orquídea también representa la virtud pues florece en el bosque emitiendo una dulce fragancia sin que nadie la aprecie igual que el hombre (maestro) virtuoso mantiene sus creencias independientemente de lo que otros piensen. La flor representa la “serenidad que acompaña a un espíritu diáfano y humilde”.

Por su dulce, sutil y tenaz aroma la orquídea significa amor y belleza, serenidad y refinamiento, nobleza y humildad, inocencia y fertilidad. En la pintura oriental a la tinta ( Sumi-e) es uno de los motivos principales que todo principiante debe aprender y se asocia a la primavera.

La otra cara de la moneda es su sensualidad. A la flor y su tubérculo se le atribuyen propiedades afrodisíacas, a lo largo y ancho de este mundo existen indicios de que diferentes culturas la usaban y la usan para inducir el deseo y mejorar la fertilidad. En la cultura de la Antigüedad Clásica la flor era considerada alimento de sátiros y en la Europa medieval abundaban los filtros de amor a base de orquídea. De alguna manera, con esta flor, la idea latente siempre es la belleza, ya sea en su dimensión más sensual o más espiritual.

Pero la orquídea como la belleza es evasiva. Existen cientos de especies, de diferentes tamaños y colores, capaces de crecer en selvas tropicales o en parajes alpinos y profundos valles. A esta variedad adaptativa también responde su olor. Hay orquídeas sin olor, orquídeas con delicados olores vainillados, orquídeas de fragancia alimonada, orquídeas narcóticas o con olor a ámbar, orquídeas que recuerdan a la rosa, a la freesia o al lirio de los valles, incluso orquídeas de olor repulsivo. Así que en perfumería el término orquídea carece de contenido concreto. Es un cliché, una forma convencional de decir que el bouquet o la faceta floral están construidos usando salicilatos, una familia de olores variados que contribuyen a dar un tono floral poco preciso pero expansivo con matices verdes, medicinales o ligeramente grasos.

Un perfume de orquídea propiamente dicho es una rareza y los pocos que se hacen no suelen ser fácilmente aceptados. lo más típico es crear una orquídea vainillada ya que, al fin y al cabo, la vainilla -que es una nota universalmente aceptada- procede de una bonita orquídea tropical llamada Vanilla planifolia de delicado olor balsámico. Se adornan con una cálida pero abstracta sensación floral y se ofrecen como algo exótico y femenino. Así es como estas flores se convierten en algo convencional, en una idea prefijada y sufren del mismo mal que las rosas que pese a tener olores muy variados en la naturaleza, el público sólo suele identificar su olor por un tipo de tonalidad muy concreta, la que ofrecen los perfumes que recuerdan al agua de rosas comercial -un producto que pocas veces tiene que ver con el auténtico hidrolato de rosas-.

En la creación de Baiser Fou, Mathilde Laurent invirtió tiempo en buscar una orquídea de olor interesante en la que inspirarse, aunque no optó por una demasiado diferente a lo que habitualmente la perfumería ofrece como tal- esto es, como algo suavemente balsámico- sí que, al menos, implica un interés por especificar un modelo concreto de orquídea: una diminuta Oncidium Twinkle cuyo olor fluctúa entre el suave cacao y la tersa vainilla. Esta es la referencia natural.

El punto de partida es Baiser Volé: un perfume que combina una faceta empolvada algo retro con el estudio detallado del olor de la azucena y un acabado refinado muy Lady like ya que el perfume no llama la atención sobre sí mismo sino que permite ver a la persona que lo lleva. Esta es una clave en el estilo que Mathilde Laurent imprime en los perfumes de Cartier, consiguiendo adaptar su visión artística al estilo de la firma. Sus creaciones asumen riesgos con audacia y expresan suntuosidad a la vez que parecen sencillas.

Pero lo mejor es que no se reserva este buen hacer sólo para la colección más niche de Cartier, la expresa en todos sus perfumes. Baiser Fou es un gran ejemplo, está lleno de riesgo y creatividad.

Si Baiser Volé desprende clasicismo, Baiser Fou sigue en esta línea pero es más transgresor. Interesante que podamos clasificarlo como un floral-frutal con faceta gourmand, el colmo de la tendencia mainstream, porque está lejos de adaptarse al gusto dominante.

Sí, si comenzara hablando de frutos rojos jugosos, vainilla y chocolate blanco estoy segura que muchas personas decidirían rápidamente que no merece la pena probarlo. ¿Y si añado que también tiene una faceta cosmética de barra de labios…o es de gloss?

Aprender a oler es un ejercicio de objetividad y consciencia que exige oler con la nariz, no con la mente. Claro que el marketing nos empuja continuamente a oler con la mente, pero de esto no tienen culpa los creadores de perfumes.

Baiser Fou sorprende y de una forma un poco difícil de explicar. Es en cierto modo juvenil y delicado pero también es intenso y desprende una fortaleza que bien puede expresar esa idea de apasionamiento que encierra su nombre.

La base del perfume es balsámica y con un rastro de esos acentos verdes que facetan el perfume desde el principio. Es un verdor singular, dulce a la vez que herbal, que hace más profundo el acorde frutal del perfume.

En la salida las notas fluctúan entre ese verdor y tonalidades intensamente rosadas e intensamente afrutadas que recuerdan a las frambuesas, el litchi y el melón. En estos primeros momentos puede llegar a insinuar el húmedo y hechizante aroma de la flor de tilo o la frescura de la menta pero la faceta verde también aporta un efecto tónico y burbujeante, sutil y divertido, que equilibra el dulzor rosado del perfume.

El dulzor merece una mención aparte. Gran parte del tiempo es floral y afrutado como el dulce de membrillo y la jalea de rosas pero, en ocasiones, emerge como algo muy concentrado y cremoso potencialmente sofocante. En muy pocos perfumes se puede encontrar esta característica. Jungle L´Elephant de Kenzo también tiene esa particularidad auque ambos perfumes difieren en términos de olor y personalidad. El de Kenzo es especiado, amaderado y bombástico; el de Cartier atrevido y sofisticado.

Sin duda, esta cremosidad forma un nexo interesante entre la faceta floral rosada y el delicioso acorde gourmand en el que una fina vainilla matiza a un afrutado chocolate blanco y todo esto a su vez enlaza bien con el fondo balsámico. Todo está muy bien ligado.

Baiser Fou se recrea en algunos aspectos juveniles pero aspira a un acabado atemporal. Al final es puro púrpura, profundo rosa cálido y violáceo, todo impregnado de un exotismo mayestático. Muy Cartier.

(…)El jardín puebla el triunfo de los pavos reales.
Parlanchina la dueña, dice cosas banales,
y vestido de rojo piruetea el bufón.
La princesa no ríe, la princesa no siente;
la princesa persigue por el cielo de Oriente
la libélula vaga de una vaga ilusión (…)

Fragmento de Sonatina de Rubén Darío.

Sorbete y galletas de jengibre: Twilly d´Hermès.

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Aprendemos muchas cosas por imitación como bien teorizó Albert Bandura con su concepto de aprendizaje vicario. No sólo absorbemos así pautas de comportamiento social o modos de resolver problemas o como pelar una manzana sino que también, por imitación, acabamos adquiriendo rasgos psicológicos más complejos casi sin darnos cuenta, sobre todo cuando intentamos expresar lo que creemos que es nuestra personalidad.

Puesto que conocerse a una misma es un largo y sinuoso camino, a menudo experimentamos y nos inspiramos en aquellas personas que para nosotros representan algo especial, nuestros iconos; pero a veces también nos dejamos llevar por la corriente porque no queremos quedarnos atrás. No deja de ser una trampa pero la presión por ser moderna es tan fuerte que es muy fácil y muy rápido llegar a ese punto. Lo gracioso es que la palabra modernidad puede ser muy vaga, de hecho, cada época o incluso década crea un estilo moderno diferente. Ahora toca el que las mujeres seamos jóvenes de una forma ideal a nivel físico y psicológico…no es algo exactamente avanzado pero parece que no basta con ser estilosamente modernas.

Porque lo vemos y lo entendemos, sabemos que vestirnos con prendas muy estructuradas y con un fuerte contraste de color nos hará parecer mayores al instante porque ese es un estilo de otra era en que las mujeres lucían curvas estructuradas y sus perfumes se presentaban antes que ellas. Sí, con los perfumes esa percepción también existe, y es incluso más acentuada e intolerante. Lo moderno hoy en día es la sensualidad etérea, aérea, ingrávida. Algo casi feérico sino fuera porque el culto actual no es hacia el matiz sino hacia la claridad y la simplicidad derivada del estilo nórdico.

Los códigos en perfumería también siguen la corriente para renovar su clientela buscando lenguajes afines a la idea de modernidad vigente. Muchos de los últimos lanzamientos tienen este objetivo de mercado y lo declaran abiertamente. Así encontramos un perfume tras otro carente de profundidad, con bajo nivel de contraste entre notas y por tanto con facetas más difíciles de caracterizar para que no se asocien con décadas pasadas. Aunque cuando se pretende ofrecer algo más de calidad se recurre a la fórmula del equilibrio; por ejemplo, en Poison Girl de Dior tenemos un dulzor azucarado muy actual envolviendo una rosa rosa, el tema es joven pero desprende carácter porque la estructura está muy elaborada. Twilly d´Hermès está en una tesitura opuesta: las notas de la composición son tan serias y tradicionales como la tuberosa y el sándalo -un clásico para representar femineidad y sofisticación- pero el acabado es ligero y casi desenfadado.

Parece un perfume juguetón y chispeante al principio, cuando revela un frescor tónico y vibrante, algo verde y afrutado que casi recuerda al ruibarbo e inmediatamente deja entrever una nota vivaz de jengibre fresco. Rápidamente también muestra pinceladas florales entre las que se reconoce un poco la tuberosa, al principio primorosa y mantecosa; pero a la vez es un cuerpo floral vago y familiar que evoluciona en la piel con matices indecisos y en el que tras un par de horas se evidencian asperezas de naturaleza sintética para acabar desembocando en algo bastante genérico.

Twilly d´Hermès -como tantos perfumes actuales- hace pensar en varias cosas a la vez, pero sus notas difusas y ligeras impiden concretar a qué recuerda exactamente. No se puede dejar de pensar que podría ser mejor, podría ofrecer algo más característico.

El giro en la estética de los perfumes Hermès con Christine Nagel es significativo, sus perfumes no son tan secos ni tan severos como algunos de los creados por Jean Claude Ellena impregnados de clasicismo y de raigambre abstracta, pero tampoco llegan a la exuberancia de 24 Faubourg. De la tabla de estilo Hermès mantiene en primera línea el frescor en todas sus variantes, esta claro que existe un interés por trabajar con tonalidades innovadoras en este aspecto y materiales de calidad no faltan pero su trabajo no se centra tanto en configurar un carácter como en conseguir que el perfume tenga un acabado suave y luminoso muy sensorial.

Twilly ejemplifica este cambio de estilo abiertamente juvenil. Hay un dulzor de fondo entre acaramelado, abizcochado y vainillado que no es pesado pero si patente y habla el lenguaje de lo gustativo. Cuando hueles el perfume lo que reverbera en tu mente no es la belleza del perfume sino lo familiar y fácil de usar que resulta porque realmente está lejos de ser un floral comprometido, denso o exigente pese a que la tuberosa sea la flor elegida como protagonista.

Esta flor de personalidad exultante y arrebatadora aquí se muestra con timidez como una flor solar, cremosa y etérea. Ligeramente melosa y con un toque indólico anaranjado muy sutil que crea una vaga impresión floral que al principio es cálida y acaramelada pero que se va con un toque de frialdad marina. Sus facetas muestran poco relieve pero mucho brillo y luminosidad.

Lo más destacable en Twilly d´Hermès es el singular frescor que aporta el jengibre al inicio del perfume. Es una primera impresión agradable de tonos cítricos alimonados mezclados con calidez apimentada sobre fondo goloso de tofe y de galleta. Este rasgo tonificante, ligero y a la vez cálido crea sensación de comodidad. Sin duda, su mejor baza.

La trampa de azúcar: Poison Girl Eau de Parfum de Dior.

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La manzana envenenada o la casita de caramelo de Hansel y Gretel son claras advertencias aprendidas en la infancia de que lo dulce puede esconder un trago amargo. También sabemos que el azúcar crea adicciones importantes y, en exceso, perjudica seriamente la salud pero su olor también es una trampa para los sentidos: los adormece. Atrae, como muchos otros olores gustativos, porque conecta con la infancia -cuando el sentido del gusto aún no está del todo desarrollado y el paladar no acepta bien los sabores amargos- atrayendo aún más porque regenera esa sensación de comodidad y seguridad, siendo para unos un refugio y un escudo para otros…¿y quién no quiere sentirse cómodo y a gusto consigo mismo?

Así que los perfumes dulces o, mejor dicho, los perfumes gustativos -porque los florales también son dulces-, que son un fenómeno moderno, siempre están en el punto de mira de la crítica señalados por su populismo y vanalidad. Hablar bien de un perfume así puede ser interpretado como pérdida de seriedad o de gusto.

Hacer crítica de perfume supone hablar de aquello que parece ejemplar -para bien o para mal-, de lo que resulta singular -por el atractivo que tiene o del que carece- y también, como no de aspectos más societales o incluso filosóficos porque la Filosofía no es elucubración sino que enseña a usar el conocimiento, igual que los cuentos infantiles avivan el instinto. El instinto y la capacidad para usar nuestros conocimientos siempre van a ser necesarios para el desarrollo humano, sea cual sea la sociedad y condiciones que nos toquen vivir y yo creo firmemente que afilar la nariz y educar en la comprensión de los olores ayuda a despertar y cultivar capacidades, incluidas las nubes de algodón, pues también tienen su momento en la vida.

Pero sin necesidad de convertirme en abanderada de lo dulce puedo decir una cosa válida para todos los casos: un perfume que en la primera impresión desvela todo su carácter y, aún así, sigue capturando tu atención es algo que no se huele todos los días, algo que habla de esmero técnico y mucha escuela, en definitiva, algo que habla de perfumería. No es nada fácil construir un perfume que pasadas las horas -cuando ya ciertos ingredientes se han evaporado y otros están a medio camino- siga oliendo casi como al principio, manteniendo carácter y atractivo. Esas características son cada día más únicas y especiales porque implican un modo y un ritmo de trabajo del que no todos los perfumistas disponen.

Poison Girl es un perfume tipo oriental vainilla de factura moderna en el que reverbera el clasicismo de un intenso corazón floral y un sólido sentido de la estructura, enriquecido con facetas populares de crema de caramelo y frutos rojos (frambuesa, cereza). Dulce o, más aún, realmente dulce, con efecto algodón de azúcar a la Pink Sugar de Aquolina pero con más arraigo, complejidad y sobriedad gracias a una hermosa y rosada rosa y a un fondo que acompaña el tofe de una faceta amaderada almendrada a base de sándalo y haba tonka.

No se puede decir que guarde muchas similitudes con el mítico Poison aunque en su intenso corazón floral mantiene elementos verdes y especiados -gracias a la rosa turca engarzada con la suavidad melosa de la rosa de Mayo- en los que parece haber una reminiscencia lejana. Es a Hypnotic Poison a lo que se acerca más gracias al sándalo, la almendra y la vainilla pero sin las notas comprometidas del primo hipnótico.

Poison Girl es una delicia de vainilla y rosas llena de contraste e intensidad. Un sabroso floral, un oriental amplificado con rosa, un gourmand dinámico en el que siempre puedes encontrar un nuevo matiz luminoso u oscuro, dulce o amargo, profundo o aéreo.

Lo interesante es que la faceta gourmand es compleja y está muy bien ligada; fluye por todo el perfume funcionando como un eje, aunque sea su base en el sentido más tradicional, y deja que la rosa respire. Lejos de que los aspectos palatables sean simples y lineales como ocurre con mucha frecuencia en este tipo de perfumes cargados de azúcar, ofrece brillo y dinamismo y ese es otro de sus puntos fuertes: una paradoja atractiva que genera energía. Lo dulce en perfumería se identifica con pasividad, regresión, lentitud, tranquilidad, ingenuidad pero aquí hay dinámica. Esa dinámica característica de muchos perfumes Dior y especialmente notable en Dior Addict, otro perfume con el que conecta a través de la vainilla, los bálsamos y el almizcle aunque Poison Girl no ruge tan agresivamente porque en el fondo mantiene un espíritu pink! y sigue siendo lo que era al principio, un perfume de rosas y azúcar.

Momento musical: Just like fire de P!nk

La gentil brisa floral: Lavanda & Lavadín, algunos usos (2ªparte)

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He aquí flores para vos: la ardiente alhucema, menta, ajedrea, almoraduj; la caléndula, que se acuesta con el sol y, llorando, se levanta con él. Son flores del medio verano, y creo que se dan a los hombres de una edad media. ¡Sed muy bien venido! Diálogo entre Perdita y Florisel en Cuento de Invierno de W. Shakespeare.

Propia de un gabinete de maravillas o de un botiquín casero, la lavanda siempre ha sido muy versátil y su imagen integra diferentes tradiciones folklóricas y prácticas medicinales muy antiguas que nacían de pequeños cultivos locales, aquí y allá, hasta casi finales del s. XIX. Antes de que la II Revolución Industrial trajera consigo el desarrollo de la industria química, farmacéutica y perfumística y de que surgieran nuevas disciplinas -como la aromaterapia- paralelas al estudio de los aceites esenciales y sus efectos sobre el humor y la psyché; antes de ese momento, la lavanda era otra cosa y su esencia también.

Hasta entonces los cultivos de lavanda seguían el viejo adagio de “cultivar y sacar beneficio” a pequeña escala, no existía un cultivo sistemático con fines industriales en Francia. Había pequeñas plantaciones familiares que usaban semillas para obtener la planta -lo que hoy se conoce como lavanda fina- pero principalmente se recolectaba la lavanda silvestre que crecía en alta montaña. Que en un jardín doméstico creciera lavanda era algo bastante común, también que en cada casa destilaran su propio aceite por un método de destilación muy tradicional, con alambiques a fuego directo, en el que la planta entraba en contacto con el agua. Todo lo que rodeaba a la lavanda parecía tener un aire medieval.

Así era hasta finales del s.XIX cuando la firma Schimmel se interesó por mejorar la calidad y la productividad de la planta, comenzando a ensayar con la destilación al vapor -la estándar hoy en día-. El método no sólo era más rápido sino que además permitía obtener un aceite mucho más rico en acetato de linalilo. A partir de entonces, este componente que dota al aceite esencial de lavanda de propiedades antiinflamatorias y sedantes se convirtió en la clave para determinar la calidad de un aceite: a mayor porporción de acetato de linalilo, mejor calidad. Aún hoy es así en perfumería porque da a la esencia un tono general mucho más fino y afrutado.

Leopoldo Lamothe, habitante de la Drôme, fue un pionero en el desarrollo de los campos de cultivo de lavanda no poblacional o clonal -obtenida por esquejes-, con plantas que llevan la misma carga genética y, por tanto, tienen un aspecto muy homogéneo. Esos perfectos y bien organizados campos de color púrpura que hoy son una fotografía icónica de la Provenza son fruto de los muchos intentos por mejorar el cultivo de esta planta.

Lamothe dedicó su vida a investigar sobre cosas como ¿cuál podía ser la configuración de plantas más óptima?, pero también promovió las agrupaciones de productores para negociar mejor los precios con la industria lo que supuso el germen de una carrera productiva en Provenza entre pequeñas granjas y compañías de la industria del perfume de Grasse. El objetivo era conseguir una planta más fuerte y productiva, es decir, más económica. La presión aumentó cuando los perfumistas, tras la I Guerra Mundial, comenzaron a ser sus propios productores, consiguiendo así el control sobre todo el proceso de producción. Este fue un punto importante porque los precios de la lavanda eran realmente volátiles: durante décadas, hasta mediados del s.XX, la lavanda no hizo más que encarecerse, a veces, a un ritmo loco.

Esta carrera implicó muchas cosas. Algunas interesantes, como la mejora en la calidad de las esencias, pero otras no tanto. La cuestión es que el cultivo de lavanda casi muere de éxito.

Conseguir un mejor precio va muy ligado al rendimiento de la planta en el proceso de destilación; hubo entonces un fuerte interés por conseguir variedades de lavanda que produjeran más y estas plantas eran las variedades clonales y sobre todo el híbrido del lavandín. La consecuencia directa fue que muchos agricultores abandonaron o redujeron de forma significativa el cultivo de lavanda fina por medio de semillas seleccionadas y se recolectó menos de la silvestre porque el acceso era complicado.

Por un lado la producción de lavandas clonales -aún hoy la mayoría- se optimizó gracias a la agricultura intensiva con campos totalmente organizados en filas que permiten un mejor crecimiento de la planta. Por otro lado el lavandín adquirió protagonismo, pasó de ser un híbrido espontáneo a un cultivo muy rentable pues como planta híbrida resulta mucho más fuerte y resistente, con un olor más intenso, afilado incluso, y mucho mejor rendimiento en la destilación; su esencia no es tan rica en acetato de linalilo y esto en perfumería lo coloca en un escalón inferior, pero su uso se extendión en la industria del jabón y los perfumes de gama baja. En síntesis, durante el primer cuarto del siglo XX, se producía más aceite esencial, pero no mejor. La labor de recuperación de aquellas esencias de lavanda de alta calidad, silvestre o cultivada por semillas, hoy vuelve a ser una cuestión productores locales.

Desde la Antigüedad se conocían y usaban con fines medicinales diferentes variedades del género Lavandula, principalmente el espliego y la lavanda propiamente dicha. Aunque la familia de las lavandas es muy amplia, actualmente, junto con el lavandín, son tres las especies -con sus múltiples variedades- de las que se obtiene aceite esencial:

-La alhucema.
-El cantueso.
-La lavanda auténtica.

El lavandín (Lavandula angustifolia P Miller x L. latifolia Medikus) es un híbrido espontáneo verificado por la empresa Chiris de Grasse cuyo uso se extendió durante el s. XX pero en aromaterapia comenzó a cobrar interés a partir de los años 60, especialmente en el ámbito del deporte porque funciona muy bien para dolencias musculares. Pero como híbrido también es una variedad muy heterogénea, cuyas características finales son una combinación de las características parentales. A menudo se le atribuyen usos similares a los de la lavanda, pero en realidad depende del quimiotipo.

La planta es más grande que el espliego, de tallos leñosos y con flores que pueden variar del azul al gris. En la industria perfumística se usa a menudo para extraer linalol y acetato de linalilo. De aroma penetrante y fresco pero con un tono más medicinal, verde y acuoso que la lavanda, revela un dulzor al evaporar que puede fluctuar entre propiedades más energizantes o más tonificantes, según la variedad. Aquellas variedades más ricas en ésteres (más del 40%) son más calmantes y descongestivas; las que tienen un mayor nivel de cetonas son más tonificantes.

Hoy en día es el rey de los campos de Provenza y cuatro son las principales variedades cultivadas: la más popular y robusta llamada grosso es de peor calidad pero en torno al 70 % de los cultivos de lavandín son de este tipo. La variedad super es la que tiene un olor más parecido al de la lavanda fina, mientras que el resto de cosechas se divide entre la variedad de calidad superior llamada abrial y la sumian que es bastante cercana a la anterior.

En perfumería suele usarse la variedad abrial, que tiene un olor más complejo y de propiedades sedantes; ejemplos como Prelude to Love y A Taste of Heaven de Kilian dejan ver como entre su perfil verde y aromático surgen matices más ricos y melosos de fondo casi acaramelado al evaporar.

El espliego o alhucema (Lavandula spica o latifolia) es la lavanda típica de España y Portugal. La planta tiene hojas más anchas y rugosas que la lavanda auténtica, las flores están más comprimidas y tiene un color más grisáceo y mate.

Por ser rica en 1,8 cineol su olor es más alcanforado y acre, reminiscente del romero, pero este óxido aporta al aceite sus propiedades expectorantes y descongestivas del pulmón. Culpeper la recomendaba para espasmos, convulsiones y dolores de cabeza en caso de resfriado. El Oleum Spica era una fórmula popular que mezclaba un cuarto de aceite de espliego con un cuarto de vino o trementina para tratar rigidez muscular o articulaciones doloridas. Actualmente sigue usándose mucho para problemas musculares, reumatismos e incluso en veterinaria para desparasitar. También la industria de las fragancias funcionales usan este tipo de lavanda para jabones, ambientadores o productos de limpieza.

El cantueso (Lavandula stoechas) también llamado hierba de San Juan, Tomillo borriquero o -para mayor confusión- lavanda española o lavanda francesa porque es típica de la cuenca mediterránea; es una de las variedades más antiguas, con seis subespecies. Esta planta comparte suelo con la jara y su olor es bastante diferente al de otras lavandas. Rico en fenchona, alcanfor, 1,8 cineol.

En la Antigüedad era una planta muy apreciada para la limpieza: los romanos la usaban en sus baños y en el Herbarius Latinus se recomendaba para limpiar úlceras, abcesos y todo tipo de heridas. También fue usado como afrodisíaco mezclado con leche de cabra durante la Edad Media.

El cantueso florece desde principios de marzo hasta finales de junio y era habitual quemarlo en la hoguera de San Juan para alejar malos espíritus. En la Inglaterra del s. XVIII se le conocía como Sticadro y era ingrediente del infame Vinagre de los Cuatro Ladrones.

Una subespecie del cantueso es la Lavanda de Sevilla (Lavandula stoechas ssp.luiseri), diferente a las otras variedades porque apenas contiene cetonas y si trans-alfa-necrodol y acetato de lavandulilo. En aromaterapia aún es un aceite nuevo que se aplica principalmente para el cuidado de la piel por sus propiedades reafirmantes, y en perfumería por su olor cálido y complejo de tipo herbáceo pero con declinación afrutada (frambuesa, ciruela, pera), melosa y vinosa que complementa muy bien un acorde ámbar.

La lavanda auténtica (Lavandula angustifolia Mill o Lavandula vera D.C. o Lavandula officinalis Chaix) es una variedad de flores violáceas y hoja pequeña. Tanto el tallo como las hojas contienen aceite esencial pero lo que se destila es la flor fresca recogida con tiempo seco y sin viento para que contengan el mayor volumen de ésteres posible. Es un aceite rico en linalool (alcohol monoterpénico típico de todas las Laminaceae que tiene un efecto analgésico) y en acetato de linalilo (ester terpénico del linalool con propiedades antiinflamatorias y sedantes a nivel de sistema nervioso central).

Se recolecta y destila entre julio y agosto, siendo la cosecha de este último mes de menor valor pues produce un aceite menos rico en ésteres y más oscuro en color. Su olor es el clásico olor de lavanda: terso, difuso y fresco, con un tono herbáceo de acabado dulce, cierto carácter floral-frutal y fondo amaderado -en las variedades más finas puede tener sutiles matices cítricos-.

La famosa lavanda inglesa también es L. angustifolia solo que cultivada en distinto terreno. Sigue teniendo un olor de carácter aromático pero algo más delicado y cercano al de la bergamota.

Ya en la Edad Media algunos escritos como el Herbarius Latinus diferenciaban entre el cantueso, entonces llamado stoechas, y la lavanda auténtica que se usaba para cosas tan variadas como el dolor de corazón, el insomnio, la picadura de escorpión o la conservación del lino.

Complementa especialmente bien con aceites esenciales de otras hierbas aromáticas: junto a la menta no sólo forma un olor deliciosamente verde y vivaz sino que es un clásico remedio para el dolor de cabeza; puede unirse al incienso o la manzanilla y potenciar su efecto calmante para ayudar a dormir o al romero y ser más energizante. Pero tanto en aromaterapia como en perfumería el aceite de lavanda brinda la oportunidad de crear una mezcla más redonda y fluida, así que además de sus múltiples propiedades es también un útil recurso compositivo. En perfumería se usa también su absoluto que tiene un tono más oriental, porque el dulzor herbal declina en un matiz terso de tabaco y cumarina que recuerda al olor de los campos de lavanda bajo el sol del estío, algo que funciona muy bien en acordes ámbar.

En el acorde fougére es un ingrediente clave junto con el geranio y la cumarina, también en las recetas de Agua de Colonia tradicionales y todas las versiones de Agua de Lavanda (blanca, ambarada, inglesa, etc). Este tipo de fórmulas hoy en día se asocian sobre todo con la perfumería masculina pero es una nota muy versátil que forma parte de muchos perfumes, no pocos clásicos de Chanel, Guerlain o Lanvin la contienen: Nº22, Ma Sin, Shalimar, L´Heure Bleue, Nº5

Algunos perfumes a probar:

-Entre las aguas de lavanda están el clásico de Yardley y el de Penhaligon´s además del famoso Pour un Homme de Caron cuya estructura derivada del fougére renueva Kilian en A Taste of Heaven usando el tema de la absenta como punto de partida para trabajar el cotraste entre lavanda herbácea, fondo vainillado y toques amargos.

-Muchos de los perfumes de Jacques Guerlain llevaban notas aromáticas, la lavanda se aprecia en muchos unida a la bergamota y al romero en Jicky , Eau de Cocq y en Mouchoir de Monsieur.

Brin de Reglisse de Hermès explora las facetas más gourmand y almendradas en contraste con el regaliz trabajando una faceta más oriental de la lavanda igual que en Mon Parfum de Guerlain.

-Como complemento de un perfume ámbar aparece con su cara más austera en Ambre Précioux de Maître Parfumeur et Gantier.

-Además de las aguas de lavanda que evocan la vida al aire libre y la naturaleza, los perfumes de lavanda pueden tener un carácter más austero o meditativo al asociarlo con incienso como en Gris Clair y Encens et Lavande de Serge Lutens o evocar algo confortable y acogedor como Jersey de Chanel, un perfume de lavanda y almizcle de factura moderna pero que se inspira en la tradicional receta de las Aguas de Lavanda que incluían tintura de almizcle para la fijación y difusión.

-Finalmente Kiki de Vero Kern recorre todas las tonalidades de lavanda a base esencia y absoluto, siendo un perfume de lavanda muy fluido, sutilmente fresco y con un acabado casi casi sabroso.

 

Flip Flop review: Aqaba Classic de Miriam Mirani

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De aquellos perfumes de rosas gigantes de los 80´s Aqaba Classic (1998) tiene un aire. Entre recuerdos de Coco de Chanel, Opium y Paris de YSL y el posterior Asja de Fendi deja ver una rosa especiada, engarzada en incienso y patchoulí.

El modelo de inspiración es la rosa de Taif, una de esas rarezas cuya esencia escasea. Un tipo de rosa que a menudo se esboza en perfumería con una faceta especiada entre clavo y pimienta pronunciada; cierto que se parece en este aspecto a la damascena, que tantas veces se usa en sus recreaciones, pero la especialidad de Taif, igual que la de Grasse, tiene un algo…una ligereza, una luminosidad y una suavidad que la transforman en un olor particularmente calmante y gentil.

Es curioso como en Aqaba Classic se conjuga toda esa riqueza y saturación propia de los perfumes de décadas pasadas con ese brillo y ligereza aérea de la rosa que gravita y se expande desde el centro mismo del perfume. Es la característica más notable de esta composición la que causa admiración: esa rosa compleja, ligera, balsámica y especiada pero vivaz y fresca, femenina pero algo ingenua cuando llega a oler a melocotón, cuyo aroma produce un efecto de bienestar. Ese efecto de sentir a la vez la concentración y la relajación.

Sí, puede parecer una locura de perfume porque en él hay tantas notas y tantas referencias…pero milagrosamente encuentra el equilibrio y se desarrolla de un modo más ágil de lo esperado. Cumple la promesa de evocar la rosa de Taif, símbolo de las exquisitas rosas de Oriente, pero el perfume en conjunto es pura orientalia, una fantasía occidental que ilustra imágenes propias de un pasado idealizado a través de materiales exóticos usados en antiguas tradiciones sacras y, de fondo, la mítica figura de la Reina de Saba, inspiración última de Miriam Mirani. Así, entre los aldehídos y el pungente clavo surge un efecto ahumado: el olor del incienso consumiéndose, una imagen vívida y extraña para presentar un perfume. Las brasas se calman con la rosa, que refresca el corazón del perfume; la canela la acompaña y junto a ella casi llega a expresar el dulzor de una confitura de frutas, de hecho, una importante nota de melocotón acompaña a la flor durante un rato, hasta que el perfume cambia; la rosa se vuelve más coqueta y empolvada -recordando un poco a Paris de YSL-, se refresca y rejuvenece aún más con un toque de hojas de té y el apoyo del patchoulí que le aporta sombra y humedad. La base se va haciendo cada vez más familiar con almizcles que asoman pero aún es lo bastante rica como para mantener el carácter.

Aqaba Classic es un perfume de larga evolución y gran fijación, por no hablar de una importante proyección recomendable para quienes realmente aprecien el estilo de perfumes como Opium o Coco pero busquen algo un poco más luminoso y expansivo. También es un buen punto de partida para reflexionar sobre cómo el concepto de perfume nicho ha ido cambiando a lo largo de las décadas o, en un nivel más particular, cómo el estilo de Thierry Wasser ha evolucionado desde sus días en Firmenich cuando componía perfumes en la línea de Aqaba o Dior Addict hasta la actualidad trabajando para Guerlain en cosas como Oud Essentiel donde de nuevo aborda la orientalia centrada esta vez en la combinación oud-rosa, ahora más actual en el mercado occidental. Pero de verdad que lo mejor de todo es disfrutar del perfume, porque es de lo mejor en su estilo.

Momento musical: Nuits d´Espagne por Dalida, quien se dice que tenía Opium de YSL entre uno de sus favoritos.

Érase una vez un perfume: Oro de Roberto Cavalli.

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Ya casi había olvidado que tenía aquel libro cuando, el otro día, dispuesta a cumplir con mi hábito de releer, mi atención se dirigió a él. Allí estaba, un pequeño tomo de tapas blandas con una hoja señalada.

Es curioso como cosas olvidadas pueden volver a tu vida inesperadamente y obligarte a pensar en cosas que normalmente obvias: cómo eras, cómo has cambiado y como algunas cosas siguen siendo igual que antes. Allí, olvidado entre las páginas del libro estaba un secante que ya sólo huele a libro antiguo pero que con verlo, evocó un perfume. Estaba allí señalando una página con una cita subrayada:

¿Qué son “La Tempestad”, “Troilo y Cresida”, “Los gentiles hombres de Verona”, “Las alegres comadres de Windsor”, “El sueño de una noche de verano”, “El cuento de invierno”? Son la fantasía, son el arabesco. El arabesco en el arte es el mismo fenómeno que la vegetación en la Naturaleza. El arabesco nace, crece, se anuda, se exfolia, se multiplica, se vuelve verde, florece y atrapa en sus ramas todos los sueños. El arabesco es inconmensurable; tiene un inaudito poder de extensión y crecimiento; colma los horizontes y abre otros nuevos horizontes; intercepta los fondos luminosos por medio de innumerables cruces. Y, si mezcláis a este ramaje el rostro humano, obtendréis un conjunto vertiginoso; es una conmoción. Cita de Manifiesto romántico de Víctor Hugo.

Era el secante del primer perfume de Roberto Cavalli (2003), aquel de frasco estilizado y tonos plata coronado por una serpiente enrollada. Esta silueta estaba grabada en el papel y, aunque no conservaba nada de la fragancia, tampoco hacía falta. La impresión de aquel perfume aún la puedo evocar de memoria. Parecía al principio algo extraña e incluso disonante pero después era suave, afrutada y evolucionaba de un modo intrigante, con un sillage ligero y expansivo en el que se revelaban notas de cedro, almizcle y sándalo con un filo acuático. Aquel perfume era paradójico: seco pero jugoso, dulce y luminoso, con sutiles acentos de manzana fresca. Aún pienso que aquel perfume asumía ciertos riesgos y que, de alguna manera descendía de Feminité du Bois: cedro, frutas, canela…pero con un aire más juvenil.

Oro (2004) fue el capítulo siguiente, también firmado por Maurice Roucel; mismo frasco pero tonos dorados para una reinterpretación más lujosa y atemporal, pero también más caleidoscópica: puede leerse como un ámbar suave, cremoso y especiado; como un oriental amaderado con etéreo y afrutado sándalo o como un floriental en el que la glicina -esa flor que se debate entre miel, humo, pimienta y mandarina- y la freesia -apimentada y húmeda- son protagonistas, en clave delicada, sostenidas por suave vainilla, guayaco y un sutil toque meloso que redondea la base ámbar.

Sea como sea en conjunto Oro es un perfume deleitoso, con todo lo bueno y raro del primero pero más redondeado. Aquí se lee fácilmente esa nota de manzana crujiente y refrescante que a ratos juega con la faceta empolvada a traer recuerdos de la infancia, incluido un tímido recuerdo a manzana caramelizada. Esa faceta frutal está ahora más presente aún y se redondea con el dulzor voluptuoso del albaricoque y se contrasta con un frescor alimonado y floral de magnolia. Pero ninguna nota destaca encima de otra, todo está concatenado mediante matices y pequeños contrastes. Así que junto a la fruta, las especias: canela, pimienta y vainilla. El conjunto es sedoso, almizclado, cremoso, empolvado.

Ni Oro ni su antecesor siguen en producción. Sólo con paciencia pueden encontrarse en tiendas online pero catorce y trece años después siguen aportando un aura inconfundible.

La gentil brisa floral: Lavanda & Lavandín, una introducción (1ª Parte)

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Ramilletes prendidos de largos vestidos; alfombras olorosas sobre suelos de piedra, entretejidas sus flores violetas con las del romero, perfumando las iglesias y las casas señoriales durante el medievo. Varitas tejidas, junto al jarrón de la ventana, protegiendo la estancia de distintas plagas y trayendo ráfagas de brisa perfumada. Saquitos rellenos de flores para cuidar el lino y demás tejidos. Potpuorrí con hojas de rosa. Decocción para lavar la ropa y plancharla. Cojines de tela de damasco cuyo relleno perfuma una estancia o almohadas desprendiendo una fragancia que promueve el sueño con descanso. ¡Tantos usos de la lavanda!

Medicina, higiene y santidad. Hildegarda von Binden (1098-1179) contribuyó a crear un aura milagrosa alrededor de la lavanda con sus obras científicas Physica y Causi et Cure:

La lavanda es caliente y seca, ya que tiene un poco de savia. (…) Su olor clarifica los ojos, porque contiene en sí las vistudes de las especias más fuertes y de los olores más amargos. Por eso, también aleja muchísimas cosas malas y los espíritus salen aterrorizados por ella. Cita de Physica, Libro I, Cap XXXV.

Lineo por su parte ayudó, con su clasificación, a extender la confusión entre las variedades de lavanda al mencionarla en su Species Plantarum (1753). Mientras que la especulación de la industria en busca de variedades más resistentes, fragantes y económicas casi acaba con las plantaciones de la lavanda fina de Provenza.

Hablar de lavanda es, ante todo, hablar de lavandas. Y casi al mismo tiempo de la Lavanda, esa flor de color violeta tan alabada y a la vez de imagen tan dañada por la carga de costumbrismo que arrastra. La lavanda es vista con frecuencia como el símbolo de una elegancia muy chapada a la antigua. Perfume de damas y caballeros. De abuelas y reinas.

La popularidad del Agua de Lavanda acabó siendo su condena. Mientras la auténtica lavanda fina, de olor fresco pero sereno, podía dar un toque de distinción a cualquier composición de calidad, su económico sucedáneo y los sustitutos artificiales extendían la idea de que la lavanda tiene ese olor poco sutil y áspero, pungente, alcanforado y metálico.

Dejando de ser tan deseable su olor en los perfumes comerciales pero no tanto la inyección de frescor que aportaba a cualquier composición, se convirtió en sugerencia, en una pincelada fresca imbuida y confundida con otras notas cítricas y transparentes. Con el boom del dihidromircenol, un material rendidor, se conseguía ese toque suficientemente familiar de frescor transparente pero lo bastante abstracto como para no elicitar la palabra lavanda. Un clásico en la perfumería masculina, a menudo usado en sobredosis, desde el éxito de Cool Water de Davidoff hasta el reciente Sauvage de Dior , pero también presente en perfumes femeninos de éxito como Coco Mademoiselle de Chanel, dando un toque de clasicismo.

Y extendiendo paradojas, porque la lavanda ¿cómo se define? ¿ Como un olor dulce, floral, fresco y difusivo asociado a la intrasigencia de figuras despóticas? ¿Como una flor usada en la Edad Media para preservar la castidad o purificar el cuerpo y el espíritu mediante baños pero que mezclada con leche de cabra se transforma en elixir afrodisíaco? ¿Como una panacea?…Decir lavanda y pensar en honestidad, en aire puro, en estival claridad, en pulcritud pero también en fiera disciplina, gesto marcial y rancia tradición es todo uno…Hablar de lavanda no se puede olvidar que es hablar de lavandas.

Desde la Antigüedad diferentes variedades han sido empleadas con distintos fines medicinales -y por tanto higiénicos-. A menudo, los mismos autores clásicos son los primeros en atribuir esas variadas propiedades de la lavanda sin hacer dintinción de la variedad, cuando en la práctica unas funcionaban mejor para calmar los dolores, otras para curar heridas…y así nace la idea de que la lavanda es la panacea y lo cura todo.

La planta es muy útil a nivel medicinal y en la cultura popular siempre se ha usado para el insomnio, la agitación y la buena digestión. Como aceite esencial es indispensable en cualquier aromateca, por sus muchas propiedades y buena aceptación, pero como todo tiene sus límites.

Hoy en día los estudios científicos coinciden con ese creer popular de que la lavanda es buena para tratar el insomnio,la ansiedad, el estrés, los dolores musculares y articulares. En general, promueve la relajación, ayudando a que el humor sea más estable, a que haya más predisposición para la concentración y aumentando la calidad del sueño; aunque también se están investigando usos en áreas más específicas como la disminución de la agitación en personas con demencia o durante periodos postoperatorios para una mejor capacidad de afrontamiento el dolor ,esto es, de controlarlo.

Hablar de lavanda en aromaterapia es hacer referencia a la Lavandula angustifolia Mill, también llamada Lavandula officinalis Chaix o Lavandula vera-, una variedad cuyo perfil aromático está principalmente definido por contenidos mínimos aproximados de linalol (alcohol terpénico) del 35% y de acetato de linalilo (éster terpénico del linalol) en torno al 45% y no tanto por las notas alcanforadas. De hecho el acetato de linalilo es el ingrediente clave.

Los ésteres terpénicos, en general, tienen propiedades antiinflamatorias, antiespasmódicas y una acción sedante del sistema nervioso central. La bergamota también rica en acetato de linalilo, el Petit Grain y la manzanila romana y el lavandín super comparten propiedades calmantes con la lavanda, pudiendo funcionar como sustitutos de la misma.

Actualmente, la técnica de la cromatografía permite determinar el porcentaje de cada componente en un aceite esencial. Algo que no sólo es útil para tener un conocimiento más profundo de las esencias y sus propiedades sino también para poder determinar su calidad y procedencia pues la lavanda también es una cuestión de terroir y frecuentemente víctima de adulteraciones.

Junto con otras hierbas aromáticas es símbolo de la Provenza, donde fue introducida hace 2000 años por los romanos. Antes de la I Guerra Mundial su producción provenía de las plantas silvestres que crecen en los Alpes Marítimos de Francia y la vertiente italiana. Desde Cuneo hasta Barreme. Hoy en día destaca el Drôme provenzal, de límites difusos en el área prealpina.

Parry en su Enciclopedia de Materias Primas señala la división de la Lavandula angustifolia o vera en dos subgrupos:

1)Lavandula delphinensis que crece en regiones más altas y es más rica en ésteres.

2)Lavandula fragrans propia de alturas intermedias, que desarrolla un olor más penetrante. Ésta fácilmente hibrida con otra variedad llamada Lavandula latifolia o spica (alhucema,alfazema, espliego o lavanda portuguesa) , propia de zonas más llanas, y de esta combinación natural procede el lavandín que se cultiva a menor altitud.

La producción silvestre de la lavanda se basaba en la propagación de las semillas gracias a polinizadores como las abejas -que adoran la lavanda- o el propio viento que arrastra las semillas a otras áreas. De forma natural, las semillas de las distintas variedades de Lavandula vera germinaban entre los 600-1200 metros de altitud y radiaban hacia áreas inferiores donde se encontraba el espliego (Lavandula spica) dando lugar a una planta híbrida más resistente y fuerte en olor que conocemos como lavandín (Lavandula hybrida). Así, a distintas alturas se puede ver el cambio de variedad y también como, en determinado punto, lavanda, espliego y lavandín se encuentran.

La lavanda silvestre, cada día más escasa, se recoge a mano segando a hoz los pequeños macizos de la planta que crecen diseminados por el campo a más de 1000 metros de altura. Como planta silvestre que es tiene una apariencia mucho más sencilla, con una sola hoja y menos densidad floral por tallo que las variedades cultivadas, pero su olor en fresco es impresionante: ¡huele a vainilla! Para la destilación se recoge sólo la flor con tallo y el aceite resultante tiene un olor realmente fresco y suave, herbáceo cumarinado, profundo y ligeramente especiado.

De aire y sol en los trópicos: Absoluto de tiaré y Lys- Ylang.

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Es un hecho indiscutible que el olor de una flor tiene rasgos en común con el olor de otra flor, con eso la perfumería juega para crear y recrear aromas. Una característica de olor compartida por distintas flores puede ser un criterio de clasificación para agruparlas o un punto de partida para construir el perfil de un perfume monotemático o un gran bouquet, que se irán revistiendo y caracterizando a pinceladas. Sin embargo, en ocasiones, un material capaz de crear nuevos efectos puede llegar a convertirse en el protagonista del perfume, o casi. Dos ejemplos en el espectro de los olores exóticos son el absoluto de tiaré y el Lys-Ylang.

El absoluto de tiaré, como cabe esperar, no huele directamente a flor de tiaré (Gardenia tahitensis), pero tiene un perfil muy característico que concentra algunos rasgos clave de las flores tropicales: es difusivo, dulce, con un frescor húmedo y denso a la vez y está lleno de recuerdos de otras flores blancas. Su olor, con sus vagas referencias, evoluciona de forma laxa, desplegando lenta y suavemente sus matices; por eso va tan bien para recrear un aura tropical pero también puede complementar un perfume de fantasía más complejo o experimental.

Su olor resulta embriagador y calmante, casi podríamos describirlo como mesmeriano. Es exótico y solar con un recuerdo a vainilla y salicilatos, con una sutil faceta ambarada, pero acompañado de un frescor verde, cercano al del té verde, y húmedo como el de la lluvia en la jungla.

Es extraño como persiste y a la vez cambia delicadamente, haciendo pensar un momento en el jazmín, otro momento en la flor de naranjo y después en la gardenia y la tuberosa. Pero lo más destacable, sin duda, es la sensación final que transmite de cremosidad transparente -un auténtico oxímoron- como flores mantecosas flotando en dorada miel líquida.

Los bouquets de inspiración tropical como Elle L´Aime de Lolita Lempicka, Tiaré de Ormonde Jayne y Terracotta Le Parfum de Guerlain son el contexto esperable para esta nota. Pero a menudo se usa por estos efectos singulares de luminosidad, cremosidad, sutilidad, sedosidad, vaguedad e incluso porque puede crear una textura aterciopelada en otro tipo de perfumes. En Poudré du Riz de Huitieme Art interviene en un acorde tipo cosmético un poco diferente al esperable en el género. En Douce Amère de Serge Lutens se puede apreciar lo bien que combina el absoluto de tiaré con las notas verdes más extremas que llegan incluso a amargas: la cremosidad del tiaré compensa la faceta seca, amarga y amaderada que forman el acorde de absenta y el cedro.
Los cítricos son otro aliado de este material; así en Un Matin d´Orage EdT de Annick Goutal se alía con yuzu en un retrato de gardenia especial por su frescor suntuoso -oxímoron de nuevo- y en Escale aux Marquises de Dior es casi pleno protagonista de la composición acompañado de las notas cítricas de la naranja sanguina, el elemí y el limón.

Lys- Ylang es otra historia tropical, más típica pero de acabado moderno. El producto procede del gran árbol de la Cananga odorata var. genuina cuya flor conocemos por el nombre de ylang-ylang. Los destilados más tradicionales, como el absoluto y el aceite esencial en distintos grados, representan una de las notas más clásicas de la perfumería, un básico gracias a su tenaz y balsámico tono floral con recuerdos de tiaré, jazmín y azucena y su capacidad para crear un efecto difusivo, cremoso y especiado que por sí mismo puede sentirse como un perfume. Es la nota que late en el corazón de bouquets florales desde Quelques Fleurs de Houbigant al más abstracto Nº 5 de Chanel y Arpège de Lanvin, que llena perfumes orientales como Samsara o con la que se suelen recrear de notas de clavel y azucena.

Lys- Ylang es una destilación fraccionada a partir del aceite esencial de Ylang III, el que tiene el carácter más especiado, amaderado y ajazminado de todos los grados de destilación. La especialidad de Lys- Ylang mantiene esas mismas características: tienen una nota clara de jazmín y reminiscencias de frangipani junto con una faceta especiada empolvada que recuerda a las azucenas. Pero, al contrario que la nota clásica, presenta un olor más limpio, fresco y delicado en matices con un efecto incluso acuoso al principio pero que al evolucionar se torna lechoso y recuerda al monoi: la infusión de flor de tiaré y aceite de coco, en ocasiones incluso hace pensar en leche de coco. Es un olor poderoso.

Por su transparencia se usa para crear perfumes de flor blanca sin estridencias, ligeros y limpios pero con cuerpo y buena proyección como en Gardenia Petale de Van Cleef & Arpels donde se puede disfrutar del material a placer. Pero, como el clásico, puede funcionar en composiciones más complejas, porque sigue añadiendo una faceta especiada y un efecto difuso, delicado y a la vez rico. Memoir Woman de Amouage lo combina con cashmeran, tuberosa y absenta, mientras que en Rose Anonyme de Atelier Cologne complementa la rosa en su faceta especiada reminiscente de clavo.

Las referencias tropicales son un ámbito al que la perfumería actual parece inclinarse bastante. Ya sea con nuevos florales, frutales notas incandescentes, el frescor denso y verde de nuevos salicilatos o los aspectos lechosos que tanto intervienen hoy en los perfumes de carácter más solar para recrear a fondo una idea de ocio y estilo de vida vacacional. Es curioso observar como a lo largo de la historia los perfumes de carácter más exótico van cambiando su perfil, porque el exotismo es hasta cierto punto una construcción.

Laberinto Fu: ¿Necesitamos tanto?

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Hace 11 años MAC creo una colección de maquillaje en colaboración con Catherine Deneuve que estaba llena de neutros básicos y algún toque de color. Recuerdo una entrevista de ella por aquella época a propósito del maquillaje y cómo, en ese estilo a veces un poco retador que tiene para contestar, decía “las mujeres en realidad no necesitamos tantos productos”.

Es más que cierto, una vez has encontrado tu estilo de maquillaje, más o menos lo mantienes. Pequeños cambios de textura o color en un labial o una sombra porque te apetece cambiar un poco o porque tu producto favorito ha sido descatalogado… Las actrices son un gran ejemplo de eso: todos los grandes iconos del cine como Marilyn, Sofia Loren, Audrey Hepburn, la misma Catherine Deneuve y demás personas que queráis agregar a la lista han buscado un modo característico de maquillarse. Ha sido característico porque lo han mantenido.

Los principios suelen ser muy básicos porque se trata de definición de rasgos más que de color:

-Imagen de elegancia clásica: pómulos y línea de pestañas resaltados. Limpio y estrucutrado.
-Imagen sexy: labios en colores intenso o nude y pómulos más angulares.
-Imagen sensual: pómulo y párpado marcado ya sea por un eyeliner que por sombras aplicadas con acabado ahumado.

Esto no requiere una barbaridad de productos sino los adecuados. Hay un patrón y ligeras variaciones. Y con unas pocas cosas puedes hacer bastante.

Siendo una chica joven es lógico querer experimentar más y acabar comprando una sombra de ojos que, al final, rara vez vas a usar aunque te sigue haciendo ilusión tenerla por el color. Vale. Pero está aún mucho mejor encontrar tu estilo, tener buenos básicos que además te ayudan a ahorrar porque te centras en lo que vas a usar. Si puedes y te gusta también puedes tener algo más especial -una edición limitada, un color atrevido, algo más lujoso- para ocasiones singulares. Yo con los años lo veo cada día más claro: realmente no necesitamos tanto.

Cada cual tendrá sus básicos favoritos. Para mi son Terracotta de Guerlain y el Warm Soul Mineralize Blush de MAC, desde el primer día que los compré hasta hoy. Y confieso que aún me atrevo a jugar un poco con los labiales, si bien mi tono básico es un rosa empolvado al estilo Brown de Bobbi Brown. Pero si tuviera que ser más práctica y esencialista a la hora de enumerar mis básicos, señalaría los siguientes:

a) Ojos: un buen producto delineador, porque es lo que realza la mirada y con lo que las mujeres muchas veces podemos jugar para expresar algo sin excesos usando una línea más clásica, más felina, más oriental, etc.

Cuando puedo esmerarme y busco un acabado más pulido prefiero un delineador líquido o casi… no es la fórmula más popular ni la más fácil de usar pero es con la que más cómoda me siento yo. Guerlain tiene uno cuyo pincel permite mucha precisión y la fórmula tiene una consistencia ideal pero lo que más me gusta de verdad es el delineador en pastilla que se activa pasando un pincel humedecido en agua y así regulas la consistencia a tu gusto. Este tipo de producto es un clásico pero aún destaca porque mantiene muy bien la intensidad del color a lo largo del día y no se transfiere. Son difíciles de encontrar pero creo que los más conocidos son los de Kryolan y La Ligne de Chanel -que no en todos los lugares se comercializa-.

b) Labios y pómulos: un bálsamo cremoso que sirva para avivar labios y mejillas en el color más favorecedor que se pueda encontrar porque con ese toque de color y una buena textura en el producto se consigue un aspecto saludable rápidamente. Bobbi Brown tiene un surtido de colores muy amplio, Becca además de amplio es muy acertado en sus tonos. Maybelline Baby Lips y Dr Paw Paw Lip Balm son las opciones económicas y aunque con pocos colores, funcionan bien.

c) Piel: un corrector cremoso y que mezcle bien con la piel para ojeras y demás imperfecciones. Aquí puede haber cientos de opciones. Si alguien ha encontrado el corrector perfecto por favor que lo diga, yo mientras sigo usando el Moisturecover Concealer de MAC.

No pretendo hablar de productos milagrosos que todo el mundo debería tener. Quien haya seguido las entradas de Laberinto Fu sabe que nombro pocas cosas y la mayoría de las veces las mismas (las mías): Mac, Guerlain, MUFE, etc porque para mi si algo funciona lo mantengo años y años. No experimento probando cientos de cosas, como ya decía al principio, en realidad no necesitamos tanto. Y sinceramente prefiero mantener mis estándares porque así controlo mejor mi presupuesto, ya que sé lo que voy a gastar en esto o aquello cuando se acaba. Esa es mi filosofía actual pero a ella llegué después de experimentar con diferentes colores y productos; mi mente cambió en el momento en que empecé a encontrar mi paleta de colores ideal o lo que, en mi opinión, más me favorecía y más fácil de resultaba de usar. Supongo que también es un proceso para otras personas.