De la tierra de la seda, el afrutado ruibarbo.

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*Ilustración del ruibarbo de la “Histoire generale des drogues” (1694), Pierre Pomet.

I La antigua medicina y el ruibarbo verdadero

En una carta dirigida a los Reyes Católicos durante su primer viaje, Colón deja constancia de haber encontrado, entre muchas cosas, ruibarbo. Es casi una anécdota pero muy significativa porque revela la confusión que durante siglos se acumuló en el viejo continente respecto a esta planta milenaria. Sabemos que Colón creía firmemente haber llegado a Asia -sabían que de ahí provenía la planta, pues ya Marco Polo afirmaba haber encontrado ruibarbo verdadero en el NO de China, en las montañas de Tangut- y, por tanto, esperaba encontrar ruibarbo, la planta por cuya raíz rica en propiedades medicinales se pagaban precios astronómicos: llegó a costar más que la preciada canela de Ceylán, el narcótico opio y el dorado azafrán. Pero Colón, como cualquiera de sus coetáneos, no conocía la planta de primera mano; nadie en Europa la había visto aún crecer en su hábitat natural, sólo llegaba en forma de medicamento, esto es, en polvo o como raíz seca troceada.

El polvo de ruibarbo era un producto frágil que se estropeaba con facilidad, era poco probable que lo consumido en Europa desde la Antigüedad llegara de China porque el producto no aguantaba semejante viaje, habría una fuente más cercana. Y ahí es donde toda la confusión y la aventura comienza y donde cobra sentido la búsqueda del ruibarbo verdadero o más verdadero…

“Se ha trabajado mucho para determinar la especie de este género que suministra la raíz que los médicos ingleses han considerado como la mejor especie de ruibarbo, de la naturaleza del que se nos hace bajo el nombre de ruibarbo de Turquía (…) poseemos hoy las simientes de una planta cultivada en Inglaterra, cuyas raíces tienen las propiedades que se han reconocido en el ruibarbo más verdadero y más estimado (…) “ Tratado de materia medica (1796) William Cullen

En el s. XIII, a través de la Ruta de la Seda, comenzó a llegar un producto muy apreciado por sus propiedades llamado “ruibarbo ruso”, aunque hoy no está claro que fuera el verdadero sino uno más verdadero quizás ya usado desde tiempo de los griegos. Al menos, la etimología de la palabra esto indica.

Dioscórides habla de un medicamento llamado Rha que llega a través del Bósforo, seguramente ruibarbo. Rha era el nombre que los pueblos escitas que vivían hace 3000 años en a´reas de la actual Ucrania daban al río Volga y, la planta que crecía en abundancia en sus orillas recibía el mismo nombre. Es uno de los nombres más antiguos por los que se conoce al ruibarbo, otra era Rheon, posiblemente derivada del persa y que al latín pasó como Rheum. Al ser un producto importado se le acabó aplicando el calificativo barbarum, y así en latín medieval se decía rheum barbarum (ruibarbo extranjero) hasta llegar a rheubarbarum, de donde deriva ruibarbo. Plinio, quien lo convirtió en panacea, lo describe bajo el nombre de Rhacoma y Rha-Ponticum es otro nombre frecuente que describe un origen más allá del Ponto. Durante siglos este fue un producto importado, un carísimo medicamento importado.

Se dice que Mitríades VI, rey del Ponto en el s. I a. de C., formuló el famoso antídoto Mithridatium partiendo de fórmulas antiguas como el kiphi y añadiendo otros ingredientes como el ruibarbo porque éste se asociaba con la eliminación de toxinas en el cuerpo. Por esto precisamente era tan preciado en la Antiguüedad: tenía un rol principal en la catarsis.

La base de la medicina antigua gira en torno a este concepto de catarsis. Ya a los antiguos sanadores, anteriores a la medicina hipocrática basada en la teoría de los humores, se les llamaba catárticos, esto es, purificadores. La teoría hipocrática que luego sería el modelo médico durante siglos, se basaba en los humores corporales y su equilibrio; si dicho equilibrio se veía afectado había que eliminar las sustancias nocivas o malos espíritus causantes, es decir, había que someterse a una catarsis. En sentido médico tal cosa consistía en una purga. De hasta que punto este procedimiento fue prescriptivo durante siglos habla el hecho de que Enrique VIII en su últimos lecho de muerte se le administrara ruibarbo.

“Las cualidades de esta raíz son las de un purgante suave (…) dada a grandes dosis causa dolores de tripa del mismo modo que otros purgantes; pero es muy raro que caliente o produzca otros efectos de los purgantes más drásticos (…) La calidad purgante está acompañada de una amargura, muchas veces útil para restablecer el tono del estómago, cuando está destruido; y por lo común el estómago soporta con más facilidad el ruibarbo por razón de su amargura, que otros muchos purgantes” Tratado de materia medica (1796) William Cullen.

Existen muchas variedades de ruibarbo; de tallo amarillo, verde o llamativo rosado; es una planta importante, incluso se han encontrado variedades gigantes en Alaska, un indicativo de que necesita el frío. De hecho, se cree que es originaria de Siberia, Mongolia y China donde, desde tiempos inmemoriales, se apreciaba por sus cualidades curativas.

El clásico Herbario de Shennong datado en torno al 2700 a. de C. recoge el vestigio más antiguo conocido a cerca del uso del ruibarbo. Aunque dicho texto ya sólo existe gracias a escritos posteriores basados en tradiciones orales , se sabe que consistía en tres libros; el primero dedicado a fármacos estimulantes, el segundo centrado en el tratamiento de enfermedades y el tercero hablaba sobre sustancias de acción violenta sobre las funciones fisiológicas, principalmente venenos. En este tercer volumen aparecía el ruibarbo bajo el nombre de El Gran Amarillo, nombre clásico de la planta en China. Era una sustancia muy preciada para tratar problemas digestivos, principalmente inflamaciones y estreñimiento. Se consideraba una medicina muy eficaz y potente que debía ser administrada con cuidado. Las dosis en Europa se cuidaban menos, y médicos como Cullen hablan de ello, pues lo que aquí se comercializaba era más suave, otra variedad de ruibarbo pero ¿cuál? o ¿cuales? Es difícil de decir.

Desde la Edad Media hasta la apertura de China en 1842 especular era la norma puesto que había sido imposible encontrar la planta original in situ. Incontables intentos por conseguir semillas auténticas para cultivarla en tierras europeas sólo contribuyeron a aumentar la confusión y multiplicar las variedades. La planta que hoy crece como vegetal de consumo alimentario (Rheum hybridum) es el fruto de diversos cruces entre semillas procedentes de Rusia, ejemplares llegados de Turquía y, seguramente, falso ruibarbo o rapontico. Es una larga, larga y enrevesada historia en la que cierta “ruibarbo-mania” floreció abonada por el afán comercial de la Compañía de las Indias Orientales o el monopolio establecido por Catalina, la Grande. Añadamos que los farmacéuticos fomentaban el cultivo y los intrépidos pioneros botánicos que emprendían el viaje en busca de la planta perdida dejaban en los relatos de sus vivencias una extraña mezcla de verdad y confusión. En consecuencia, el conocimiento de la planta avanzó lentamente y fue dando lugar a un fenómeno paralelo de naturaleza diferente: la gastronomía y los vinos frutales.

El consumo de ruibarbo como alimento no es un hecho moderno. Ya los chinos sabían que las hojas eran tóxicas pero que el tallo era comestible y existen recetarios árabes y persas donde se incluye como ingrediente en la elaboración de platos. Pero hoy en día es un vegetal bastante popular por su sabor afrutado de efecto ácido, similar al de las fresas tardías; y como las fresas se usa frecuentemente para hacer pasteles, rellenos de tartas de fruta, triffles, compotas.

Conseguido el cultivo de cierto ruibarbo considerado como “el más verdadero” en Inglaterra, en 1817 en el Chelsea Physic Garden se hace un pequeño descubrimiento: dejando bien tapadas las raíces en invierno durante varias semanas se consiguen unos brotes tempranos que tenían mejor sabor porque eran más suaves. Este cultivo forzado inició la variedad comercial de uso culinario hoy tan conocido. El ruibarbo seguramente se introdujo en la dieta por sus propiedades medicinales pero el abaratamiento progresivo del azúcar que permitía contrarrestar su acidez ayudó y no poco a su popularización.

Aunque la historia del ruibarbo es más medicinal que culinaria, si hoy la planta es conocida es precisamente por su sabor afrutado y refrescante con carácter acidulado. Y son precisamente estas características las que forman parte de la historia de la perfumería, aunque tratándose del ruibarbo, el camino siempre es sinuoso…

II. A través de la gardenia, el frescor afrutado del ruibarbo

Desde Gardenia de Chanel a Amarige de Givenchy la gardenia se retrata con rasgos crujientes gracias a una molécula de carácter áspero que aún representa un prototipo de frescor: el acetato de estiralilo. Es una nota clásica en la gama de las notas verdes, con una característica textura áspera y un carácter seco que va muy bien en notas de salida de perfumes de acabado seco, austero y herbal como los clásicos perfumes chipre. Es el famoso Gardenol que corona Jour d´Hermès y tantos otros perfumes. Sin embargo, aunque su carácter sea principalmente verde y se use para crear acordes de gardenia, es un material que tiene una faceta afrutada que recuerda al ruibarbo.


*White Lilac & Rhubarb de Jo Malone.

En la perfumería clásica esta faceta frutal no se exploraba a fondo pero era útil para dar relieve y brillo a las notas florales. Jean Charles usó el acetato de estiralilo para crear los complejos de gardenia en Carven Ma Griffe (1946) y en Miss Dior (1947). Bandit de Robert Piguet también llevaba una dosis más que generosa de este material que ayudaba a suavizar la potente nota de fondo de cuero. Progresivamente este tímido matiz frutal fue cobrando protagonismo a través de perfumes que contrastaban el dulzor floral con acentos afrutados y ácidos más refrescantes y reminiscentes de bayas.

Pero el acetato de estiralilo no es el único material clásico con acentos frutales que jugó un papel importante en la evolución de la faceta afrutada, pero sí es uno de los que sobrevive a las restricciones frente al Lyral (clave en el Anaïs Anaïs vintage) o el poderoso aldehído ciclamen con el que se crean notas de flor de tilo. Estos materiales clásicos tienen una declinación verde y floral (flor de tilo, muguet, gardenia, ciclamen) pero la nota de ruibarbo que actualmente gana terreno tiene acentos más cítricos y vibrantes de pomelo y frutos rojos o es directamente una recreación golosa y culinaria como en Baby Doll de YSl que se centraba en el sabor de la compota de ruibarbo o Ricci Ricci que se inspira ne los bastones de caramelo de ruibarbo que aún se consumen en UK.

Seguramente fue el perfume Rhubarb (2003) de la serie Sherbet de CDG el pionero en hacer lucir la nota de ruibarbo como un refrescante sorbete, Hermès presenta el mismo concepto en Eau de Rhubarbe Ecarlate(2016). El aspecto cítrico se exploraba también en AquaAllegoria Tutti Kiwi de Guerlain donde el ruibarbo añadían un efecto radiante o en 4711 Acqua Colonia Rhubarb & Clary Sage donde contrasta con un fondo ambarado. Pero en ocasiones esta nota se reviste de un acabado más tecnológico e incandescente gracias a materiales como el Paradisamine de Givaudan, presente en John Varvatos Acqua, donde añade una vibración tropical con elementos vegetales, en Antigua de Phaedon, en Paradis Perdu de Frapin o en nuevos perfumes de cuero con declinación gourmand como Les Frivolites (2017) de Jacques Fath.

Aún sigue acompañando el ruibarbo a composiciones florales de acentos verdes como La Tulipe de Byredo, el delicado White Lilac & Rhubarb de Jo Malone o el dramático bouquet de flores blancas que es Honour Woman de Amouage donde añade un tinte dulce y herbal… Por su afinidad con el pomelo rosa, al que también recuerda, a menudo forma parte de composiciones basadas en vetiver u otras notas de maderas ambaradas como en Guerlain Homme Intense, #211 Mon Vetiver Narcotique de Le Ré Noir. Mientras su faceta vegetal sale a relucir en perfumes como Rose Ikebane de Hermès para resultar esa faceta verde natural de la rosa o en Aedes de Venutas EdP unida al incienso.

Así el ruibarbo como nota parece tener cierta versatilidad: puede ser clásico y acompañar acordes verdes y florales de tono más seco, o moderno , energizante, acidulado y/o gustativo. Incluso intrigante. Además la nota recorre todos los sectores de la perfumería, desde exlcusivas niche como Aoud Absolue Précieux de Roja Dove al asequible y popular Comme une evidence de Yves Rocher, presentándose con un carácter más abstracto o concreto, siendo una nota más seca o jugosa, herbal o afrutada…la cuestión es que siempre parece añadir contraste y ahí radica su atractivo. Eso y esa cierta reminiscencia clásica que tiene el efecto acidulado.

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Buenos deseos para estas Navidades 2018.


*Snow Faerie de Greg Spalenka.

Cada año, en Navidad, me ocurre lo mismo: tristeza y alegría se entremezclan y es la música la que, como un bálsamo, inclina la balanza hacia la ilusión. No lo sé pero yo creo que la música suena diferente en Navidad, algunas piezas resultan más estridentes mientras otras parece que llenan el aire de paz. Deberíamos de pensar más en esa palabra: Paz y la cualidad que se necesita para que sea una realidad, tolerancia. Creedme, la madurez te enseña que esos valores son esenciales y atemporales.

Feliz Navidad a vosotros que aún seguís ahí.

Un abrazo,

Botanyuki.

Un momento musical atemporal: el Canon de J. Pachebel.

Escritos para otro verano (2ª Parte): Miss Dior (1947), aquel Miss Dior.

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* Modelo Bar de la colección Dior En Huit et Corolle de 1947.

Es hora de contar esta historia para hablar de lo que fue y ya no volvió a ser. Comencemos abordando el tema con una definición matizada: los chipres fueron, posiblemente, los perfumes más idiosincráticos de la perfumería del s.XX. Aún hoy, cuando sólo son una pálida sombra de lo que fueron, suponen un gusto muy específico que la mayoría de la gente no comparte, ni compartía. Un chypre clásico saturado de musgos y labdanum, con sus notas animales acompañando un desbordante jazmín o una narcótica rosa y con ese empolvado acabado no es un olor altamente atrayente salvo para quienes realmente adoran este tipo de perfumes. Y adorar es la palabra clave porque quien prefiere llevar un chipre es porque le gusta de forma instintiva o casi, porque es un gusto que surge de forma natural cuando atrae la complejidad, la tensión, el brillo entre las sombras y las sugerencias naturales de musgo, tierra y humo envueltas en la calidez de las notas ambaradas.

El principio de esta historia se pierde en la noche de los tiempos pero, ciñéndonos a un marco contemporáneo, podemos decir que todo comenzó con François Coty. Él sentó las bases de la estructura moderna al (re)definir el género con ciertos ingredientes que se convirtieron en canónicos porque juntos creaban un perfil característico. Musgo de roble, labdanum, bergamota son los más salientes pero también está el jazmín, el iris y notas de rosa oriental el estilo La Rose Jacqueminot. Lo más singular en el caso de Coty es que su Chypre de 1917, que representa la culminación de su estilo contrastado, está dotado de una suavidad aterciopelada única e inesperada, mientras sus descendientes muestran estructuras claramente dramáticas.

La evolución del género chipre es otra historia; a principios del s.XX las facetas orientales los adornaban y frecuentemente se complementaban con aldehídos. Pero poco a poco fue surgiendo esa silueta marcada y estratificada que asociamos con este tipo de perfumes, hasta que llegó su momento, su época dorada, y aparece una de las creaciones más complejas y originales de la Historia: Miss Dior de Christian Dior. Aquel Miss Dior de 1947 que entonces acompañaba la estética del New Look marcó un nuevo estándar. Paradójicamente, aquel también fue un perfume en el que culminaba un estilo basado en notas muy contrastadas,pero al contrario que Coty, ahora hablamos de cientos de notas, no de fórmulas cortas.

Paul Vacher ( Sortilége de Le Galion , Arpége de Lanvin) fue el encargado de mezclar el perfume siguiendo la fórmula de Jean Charles. Eso se suele decir aunque no esté del todo clara la historia; en todo caso, Miss Dior era un chipre aldehídico con una importante faceta ambarada y abundantes notas verdes. Rico, complejo y original.

Se ha clasificado de múltiples maneras y no necesariamente por atender a la versatilidad del acorde chipre sino respondiendo a las múltiples reformulaciones que el perfume ha sufrido, incluída la revisión de la fórmula que realizó Roudnitska en 1992 para el extrait de parfum. Lo que desde 2011 se vende como Miss Dior EdT Originale no permite hacerse siquiera una idea aproximada de los que fue el perfume en sus días de gloria; la actual fórmula se lee simplemente como un perfume “clásico” de tipo chypre que ha perdido todo su esplendor, esto es, la riqueza de detalles, la calidez y la profundidad. Ya no se reconoce como aquel perfume lujoso que en su momento fue motivo de inspiración e imitación hasta popularizarse el tema a través de la perfumería funcional, sobre todo gracias a la fragancia del jabón Lux cuando éste olía tan perfumado…

Dos días antes del San Valentín de 1947 es una fecha clave en esta historia. Fue el día en que Christian Dior presentaba su colección de 90 modelos llamada “En Huit et Corolle”. Era un nombre totalmente descriptivo, “en 8 y corola” se refería a la silueta (re)creada con las prendas. Dior había transformado los maniquíes de costura para conseguir el resultado que su mente proyectaba: reelaborar la antigua y muy encorsetada figura femenina de la Belle Époche. Lo hizo manteniendo aquella estrechísima cintura ópticamente realzada por amplias faldas acampanadas de tafetas que simulaban la corola de una flor, pero Dior redondeó mucho más las formas dando a todo el conjunto un aire casi arquitectónico -¿o debería decir escultural?-. De aquel desfile destacó el modelo Bar hoy considerado icónico del New Look.

Aquellos vestidos como ropajes estaban hechos con telas fabulosas y la abundancia de las mismas era sorprendente. La colección recibió algunas críticas por elaborar complejos patrones que requerían metros y metros de tela, un artículo aún bajo régimen de racionamiento pero ¿qué problema podrían suponer los géneros si el patrocinador y socio de Dior era el fabricantes de telas Marcel Boussac? Todo se hizo a lo grande, aquello fue una vuelta a la opulencia. Telas variadas y en cantidad, telas de gran caída, cosidas de tal modo que parecían armaduras capaces de sostenerse solas y de aguantar el peso de un broche importante o de acompañar un collar de perlas impresionante.

Pero dos guerras habían pasado entre la Belle Époche y el New Look. Los enfrentamientos bélicos habían cambiado muchas cosas en la sociedad, no sólo fueron los estragos causados en la economía y el paisaje, también fue la manera de ver al individuo y la propia relación con la psique…habían quedado al descubierto muchas cosas que antes las normas del decoro obligaban a tapar…pese a ser totalmente evidentes. El decoro pues ya no era la única regla y eso dio paso a una nueva sensualidad que Dior supo captar muy bien. Él dijo que había diseñado vestidos en pos de la femineidad, para recuperar el deseo de vivir tras años de dureza y austeridad aunque el modelo elegido fue algo estereotipado pese a su belleza. Sin embargo, el perfume que acompañó la colección fue otra cosa. Fue el auténtico caldero en el que hervían los deseos mezclados con refinamiento y mucha osadía. No era convencional y transmitían algo dinámico, moderno e incluso subversivo.

En aquel Miss Dior latía la huella de un perfume compuesto seis años antes por Germain Cellier para Robert Piguet: Bandit. Jean Charles admiraba este perfume y ya en 1946 había compuesto Ma Griffe(Carven)
siguiendo su mismo patrón de contraste: un complejo de notas verdes basadas en gardenia sobre fondo de cuero basado en isobutil quinolina (IBQ).

Cierto que Miss Dior también rescataba algo más antiguo, en concreto, el esquema de Coty y el gusto por los aldehídos contrastados por un fondo ambarado siguiendo la estela de los emblemáticos Nº 5 de Chanel y Arpége de Lanvin, pero lo hacía a través del filtro moderno de Bandit. Parece claro que Jean Charles admiraba la fuerza del contraste con que trabajaban Coty y Cellier, pero estudiando su método -el método para muchos- surge una mente atenta al detalle, minuciosa como un orfebre. Quien sabe, quizás lo que admiraba Jean Charles era la consecución misma de la armonía.

Tanto François Coty como Germain Cellier creaban perfumes con un estilo muy expresivo, basándose en la sobredosis de ingredientes robustos que dotaban al perfume de fuerte impronta. Jean Charles los admiraba sí, pero su estilo y el de Paul Vacher eran de factura más clásica, detallista y suntuosa. Parejo a loa vestidos de Dior y, no sólo el estilo sino también la forma de hacer era equiparable. Si el desfile de Dior hacía gala de una abundancia de telas ya olvidada, el perfume estaba repleto de complejos y ricos ingredientes que daban esa profundidad intensa y característica que hoy asociamos con los grandes chipres del pasado. Se dice que la fórmula original de Miss Dior contenía 350 ingredientes, entre ellos bases creadas por el propio Jean Charles, musgos, una generosa dosis de patchoulí, isobutil quinolina, ámbar gris, absolutos de jazmín, rosa y tuberosa obtenido por enfleurage…cosas que hacían que los perfumes se percibieran más llenos, más mantecosos y más todo y luego estaba el toque de vainillina que creaba en la faceta empolvada de Miss Dior un acabado más redondo, cálido y ambarado.

En este punto conviene recordar que Christian Dior, antes de fundar su propia casa de modas, había trabajado para Robert Piguet y, cuando decidió crear su primer perfume acudió a su amigo de la infancia Serge Heftler-Louchine (abuelo de Frederic Malle), quien durante 25 años había trabajado en Coty. Así viajan las ideas.

Como resultado de todo esto Miss Dior fue, hasta cierto punto, una reelaboración el pasado y una recopilación de las nuevas ideas que iban surgiendo en aquel entonces -el contraste entre cuero y notas verdes- pero se combinó todo de tal manera que resultó una nueva propuesta que proyectaría su influencia durante décadas. Tenía varios puntos fuertes; uno de ellos era su pronunciada faceta ambarada adornada con aldehídos que le daban un efecto radiante y femenino aunque en el fondo se percibía como un perfume sin género, lo que le daba un aire muy chic. Hoy las nuevas generaciones ven este perfume como un olor del pasado o peor, como de persona mayor, pero en concepto sigue teniendo algo moderno. Al menos en concepto. Miss Dior se creó con el mismo espíritu que la colección de ropa: para celebrar el deseo de vivir y estaba especialmente pensado para acompañar a la nueva generación de debutantes en su esmerada introducción en sociedad.

Así, Miss Dior era burbujeante y algo afrutada, jovial casi pero, a la vez, seria y sobria por aquel tono tan herbal que la distinguía. Esa dicotomía ya presente desde las notas de salida caracterizará todo el perfume y lo hará único en su especie. No sé si habrá habido un perfume que mejor exprese esa idea de posibilidades y culminación juntas. Suele ser una cosa o la otra.

Su salida verde ya muestra la complejidad del perfume. Gálbano perfumado con aldehídos, acompañado de salvia, coriandro, lavanda, nerolí y capullos de gardenia recrean el aire primaveral con un tono chispeante y alegre, pero a la vez es también seco y aromático. El acetato de estiralilo con que se crea la gardenia ayuda a dar ese tono de inicio seco tan coherente con el desarrollo del perfume. Así seco pero burbujeante es algo que sugiere champagne.

El corazón del perfume se reparte entre jazmín musgoso con acento animalístico, un nardo de gran riqueza que hace pensar en bombones de coco helados, un fresco lirio de los valles y el clavel fundido con una nota de rosa oriental salpicada de especias. Sin embargo, Miss Dior no se percibía como muy floral sino como algo más bien herbal, musgoso, húmedo pero cálido y amaderado pero dulce características que se concentran en la base gracias al musgo de roble y de encina, el acorde ambarado con vainillina, ámbar gris y civeta que aportaba esa vibración única de las notas animales junto con la oscuridad terrosa del patchoulí y notas de vetiver que acentúan la faceta amaderada. El iris también fue una nota muy importante en este perfume, aportaba el distintivo toque empolvado a la vez que unía la faceta amaderada, musgosa y ambarada.

El verdor sugerente, la sequedad herbal, el componente animalístico, los recuerdos a tierra húmeda, el nardo helado, el jazmín brillante… todo junto creaba el perfume apropiado para aquellas jóvenes de entonces que cultivaban el estilo lady like, algo que parece de otra época porque vivió tiempos mejores aunque parece que nunca desaparece del todo. Pero hoy, Miss Dior ya no representa el colmo de la femineidad, menos aún la insolencia de la juventud, y seguramente las nuevas debutantes sean más partidarias de perfumes dulces o evidentemente florales. Los modelos de femineidad varían cada cierto tiempo -iba a decir que cambian pero, en realidad, creo que los cambios son algo menoress de lo que pensamos- y, tal como ellos cambian también lo hacen los perfumes, esos líquidos olorosos que pueden marcar un momento en la vida de alguien en particular pese a seguir una moda o un convencionalismo social. ¿No es curioso cómo el entorno nos define más de lo que pensamos?

Quien tenga cierta edad podrá tener recuerdos de aquella Miss Dior, un perfume que no podría ser ya más que algo del pasado: el gálbano no es muy del gusto actual, el musgo en breve quedará totalmente restringido, ya no hay absolutos florales como los de antes, los matices animalísticos asustan y no parece haber notas lo suficientemente densas en la actualidad para redondear sus aristas e integrarlas finamente en una composición -quiero decir integrarlas finamente de verdad-. La realidad es que ya no se cultiva más la riqueza sensorial en el perfume, hay demasiadas limitaciones; si se cultiva y se explota en la publicidad, ahí hasta la saturación. De hecho la nueva Miss Dior (antigua Chérie) se presenta siempre con un espíritu romántico a la vez que indómito. Curioso.

Escritos para otro verano (I) : La Rose Jacqueminot de Coty.

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Un nombre, una flor, un perfume.

Lo que queda de este perfume es la gloria de un nombre y la sombra de un mito. -La Rose Jacqueminot- son palabras que resuenan como encerrando un secreto ya imposible de desvelar porque ha pasado demasiado tiempo. Los frascos históricos se subastan a precios que responden a este mito. Sin embargo, ¡qué nombre tan concreto! No pudo ser menos que elegido con intención, a modo de declaración. La Rose Jacqueminot: la rosa absoluta, parece proclamar.

Jean François Jacqueminot (1787-1865) había sido un general destacado en las guerras napoleónicas que permaneció fiel al emperador tras Waterloo. Una rosa creada por Roussel en 1853 fue bautizada como General Jacqueminot en su honor. Es una flor espléndida de largos pétalos dobles en un rojo rosado casi magenta profundo que perfuma los veranos con una fragancia intensa; un híbrido de tipo antiguo, precursora de muchas rosas de té rojas modernas que hoy se venden en las floristerías. Hasta hace unas décadas -cuando la gente aún compraba rosas por su fragancia más que por su longevidad- aún se podía encontrar en las tiendas y, en época victoriana, la General Jack, fue una de las rosas más apreciadas en jardinería. Su bello color, su magnífico olor…Tiene, en parte, el típico olor de las rosas antiguas, con un fondo oscuro y empolvado en el que centellean matices cítricos de hierba limón pero quizás lo más atractivo sea su pronunciada faceta afrutada; es un rasgo muy típico de las rosas Híbrido Perpetuo a las que pertenece General Jack, porque en ellas aún dominan bastante las características de las damascenas (especiadas, afrutadas, herbáceas, cálidas y afrutadas) de las que descienden.

General Jacqueminot podría ser una flor simbólica para Coty, ya que él descenddía de Isabelle Napoleón, tía de Napoleón Bonaparte. Coty sabía muy bien de la importancia de los nombres; nacido François-Marie-Joseph Spoturno cambió su apellido por algo más musical, continental y fácil de recordar. Para su primer perfume también optó por esta estrategia.

Pero pese a su nombre, no es un soliflor centrado en el olor de la rosa de té. Es una mezcla de rasgos de rosa de té, rosa búlgara y su esencia ,rosa roja muy oscura casi negra…pero sin que predomine una sensación plenamente floral sino amaderada. Podría recordar a un attar de rosa, en cierto modo, si no fuera porque una intensa faceta musgosa lo acerca al grupo de perfumes chypre y fougère de aquel momento, cuando aún se solapaban mucho las características entre grupos de perfumes. De hecho hay cierto frescor de fougère que unido a la civeta y la faceta amaderada conjuran rasgos de Jicky (1889) de Guerlain, hasta cierto punto.

La capacidad para hacer que un perfume tenga un carácter concreto es clave en perfumería y Coty tenía esa habiidad. Otro rasgo destacable en sus perfumes era que conseguía armonía a base de contraste entre dulzor especiado y frescor aromático en un contexto empolvado. En sus perfumes solía revitalizar ideas del pasado a base de aglutinar recursos nuevos como las bases de perfumería con técnicas tradicionales como las tinturas. Conseguía efectos globales que daban solidez a la silueta del perfume mientras el contraste entre notas abundaba sin sacrificar el equilibrio. La Rose Jacqueminot (1904) es un poco diferente en este aspecto porque las notas de fondo tienen bastante más peso, dejando que la rosa sea sólo rosa fresca y tridimensional en salida y, al evolucionar, este rasgo floral se hace cada vez más delicado hasta que se diluye en un fondo oscuro. Como perfume sintetiza muy bien el modo de crear de Coty: esa mezcla de ideas son como una piedra que rueda cuesta abajo más por la inercia que lleva que por pulida con forma de bola…Siempre se ha dicho que las ideas de Coty, sólidas y originales, las transformaba en refinadas obras de arte Jacques Guerlain… Tenían formas de trabajar muy diferentes.

En La Rose Jacqueminot se pueden leer diferentes cosas, aunque siempre se confluye en un mismo punto: es casi una rosa negra. La rosa negra en aquella época de principios de siglo era una antigua fórmula usada para perfumar tabaco. El perfume de Coty, a veces seco y herbal, amaderado y recubierto por una capa melosa y afrutada podía crear esa impresión de-perfume-de-tabaco. Es un modo de leer el perfume, otra forma sería verlo como un chypre con acentos aromáticos de fougère: la nota aromática que complementa la rosa, como en los clásicos potpourrís, una nota de lavanda, unida a la civeta y a los acentos de musgo crean ese tipo de tensión entre notas frías y notas cálidas, entre dulzor y amargor que caracterizan este tipo de perfumes y, como referencia nosotro podríamos decir Jicky de Guerlain, pero en su día Coty pudo tomar la idea de otro lugar.

Por último, el acorde floral parte de una rosa de té irisada, con fuerte presencia de notas de geranio e iononas; pero esa rosa vivaz al principio, empolvada y especiada con heliotropo y clavo rápidamente declina en clavel. Y finalmente está la faceta afrutada y vinosa que comparten las rosas damascenas y las rosas de té, una faceta que recuerda a frambuesas y a vino moscatel, haciendo de esta rosa algo sensual y narcótico.

De la delicadeza fragante de las rosas en una mañana húmeda de verano a los densos olores dulces, musgosos y maduros de la naturaleza en otoño. La Rose Jacqueminot es una cosa que se transforma rápidamente en otra, como las imágenes en un caleidoscopio, no tienes más que dar un pequeño giro, y lo que antes era una rosa ahora son pastos, lo que antes era clavel y heliotropo ahora es musgo y tabaco, lo que antes era afrutado ahora es almizcle…

Escapa a las descripciones y más aún si se compara con algo moderno. Es un perfume que habla de otra era o de otra forma de perfumarse que remite a la tradición de los attares y las rosas orientales. Hay perfumes modernos que pueden recordar en algún aspecto al de Coty. Como rosa oscura en contexto chypre pueden verse similitudes con Eau de Soir de Sisley, Agent Provocateur de Agent Provocateur y Rose de Nuit de Serge Lutens; su aspecto finamente irisado y ligeramente aldehídico entre rosa búlgara y rosa de té se puede sentir en Rose Barbare de Guerlain, mientras que la calidez melosa y animal de la rosa de Coty tiene ecos en Absolue pour le Soir de Francis Kurkdjian. Pero, sin duda,el perfume más cercano en cuanto a concepto y tonalidad -especialmente por la dominancia de la faceta amaderada y la nota de frambuesa- es Portrait of a Lady de Frederic Malle que, como La Rose Jacqueminot tiene de fondo esa conjunción de ideas: perfume de rosa, perfume chyprée y attar de rosas.

Momento musical: Pastoretes y Jenala e dyulber Jana interpretadas por The Mystery of Bulgarian Voices.

Esto es blanco, esto es negro: Angélique Noire de Guerlain.

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* Objetos comunes (2012) de Karen Hollingsworth.

Raro es aquel perfume que en el mismo instante que lo pruebas te paraliza porque con su olor te invita a la contemplación. Se produce un instante en el que entiendes que estás ante algo más que un olor agradable; es una experiencia estética: percibes algo bello que se escapa entre matices indefinidos y que forma parte de la tensión entre notas y los fugaces recuerdos en sordina de algo conocido que no se puede ubicar con certeza.

Tal experiencia es más probable tenerla probando perfumes vintage o algunos clásicos que aún conservan su complejidad. El espíritu de la simplicidad que domina el panorama actual no suele tener un trasfondo muy poético: faltan matices, exotismo en las ideas y creatividad. Se necesita la sorpresa en el perfume porque es lo que realmente cautiva. Como la mayoría de los perfumes actuales se reducen a esquemas de olor muy sencillos, el elemento sorpresa suele ser una nota muy legible y ligada a la infancia- ya sea cosmética o golosa- o una nota hiperralista -ya sea hierba o caucho-. En otras palabras, ningún encantamiento invita a perderse con la mente en lo que hueles, como mucho puedes aspirar a sentir comodidad.

La sorpresa, en los perfumes clásicos, está velada -puede ser un efecto táctil que sólo se percibe cuando el perfume evoluciona- y forma parte de un todo fluido y expansivo o concentrado y denso en el que brilla una cualidad natural casi palpable que invita a querer oler en profundidad en lugar de olfatear. En los clásicos Guerlain se atribuye a la guerlinade el gran atractivo de estos perfumes, esa huella singular rodeada de una opacidad empolvada a veces se tiñe de efectos golosos como en L´Heure Bleue, a veces recuerda al abrazo de una madre como en Shalimar. Claramente maneja un lenguaje intimista que acorta distancias. Y, junto con la compleja faceta vainillada -sello de estilo de la firma- la sensualidad del perfume se vuelve infinita.

Es esa sensación deliciosa tan difícil de describir lo que atrae de estos Guerlain. Un juego que a menudo se echa de menos en sus nuevas creaciones porque reunen los elementos tradicionales sin añadir la mágica complejidad, el toque audaz o la proporción adecuada de densidad en las notas. Todo parece demasiado transparente, incompleto e incluso apurado. Pero en su catálogo, entre sus perfumes de boutique, hay un jugo moderno que tiene el acabado de un óleo clásico: Angélique Noire (2005) parece construido capa a capa como con finas veladuras, dando forma, volumen y matiz a una idea que gravita entre naturaleza y artefacto con un singular aire de familiaridad.

En cuanto lo hueles, atrapa los sentidos creando una sensación global, holística de “perfume”. Pero, a la vez, se percibe como en la distancia, lleno de ecos, cuajado de verdor y de acentos afrutados, mientras la sensación almizclada vaga por la mente invocando ese algo familiar. No es una sensación oscura sino velada, y tampoco es animalística, sino de vainilla expansiva y radiante pero sabes que hay algo…ah, sí! es como la cara más armoniosa y suave de un antiguo Shalimar. Sin embargo, la vaquedad que flota entre las notas, la combinación de verdor y dulzor balsámico todavía es algo más: el recuerdo reconfortante de un olor medicinal como el del Agua del Carmen, con esa misma fluidez, frescura y delicadeza. ¡Qué curioso!

Shalimar en sus fórmulas más vintage contiene muchas notas de origen animal. Hoy se habla de la civeta porque su pungencia es legible en su silueta, pero en su día también había mucho almizcle natural. Este ingrediente, entre otras cosas, logra dotar al conjunto de una armonía única. Pero todas las notas animales comparten rasgos poco deseables en un perfume, rasgos que hay que limar y disimular; ahí es donde entran en juego las notas frescas y aromáticas como la bergamota y la lavanda. Así, a grandes rasgos, Shalimar es pura dualidad: frescor aromático versus calidez animal.

Un perfume que ha marcado tanto la evolución de la familia oriental no es fácil de renovar. Su núcleo consiste en notas muy ricas y pesadas que poco tienen que ver con las preferencias actuales. Pero Shalimar es algo más que un perfume intenso; es algo poderoso y, guste o no guste, se use o no se use, tiene la capacidad de elicitar una respuesta en los demás tanto como de empoderar a quien lo lleva. Y esa es la clave.

Cuando Daniela Andrier formuló Angélique Noire para Guerlain está claro que logró crear algo extendiendo el esquema contrastado de Shalimar al perfil oloroso de la angélica. Es difícil precisar que hace más atractivo a este perfume, si la alianza entre vainilla y almizcle conjurando la sensualidad del perfume vintage, la aparente sencillez de todas las notas que revelan lentamente una complejidad inesperada o el don de la encantadora vaguedad que da al perfume su aura juvenil

Podría decirse que tiene un elemento gourmand aunque de forma imprecisa que recuerda a un bocado de pastel de angélica con helado artesano de vainilla. En la colección L´Art et la Matière los perfumes pueden tener esa sugerencia gustativa que adorna lo que de otra forma son perfumes sencillos y monotemáticos, pero en Angélique Noire las notas están como difuminadas, tan pronto es angélica caramelizada como vainilla fresca como un océano de almizcle y suave incienso. Es un perfume en clave intimista para quien lo lleva y de gran atractivo para quien lo huele.

La vainilla natural aporta tenacidad y profundidad; los almizcles dan cremosidad y un acabado radiante, pero la peculiaridad viene sobre todo de la angélica cuyo carácter contrastado y contradictorio sirve como punto de partida. Ante todo, esta planta y su esencia tiene un tono herbal y anisado con una faceta afrutada que recuerda a las peras -cosa aquí exagerada hasta el punto de sugerir peras en almíbar- y, de fondo, un olor limpio de maderas preciosas que contrasta con tonos alcanforados, pinosos, apimentados, terrosos y almizclados. Es un olor dual a la vez que lleno de fluidez, como son los olores naturales. Los aceites esenciales de angélica tienen la particularidad de poder añadir a un perfume el precioso y raro efecto de naturalidad que invita a la serenidad.

De la planta se extraen aceites de sus semillas y de su raíz. El de las semillas funciona en las notas de salida y recuerda un poco al enebro y la ginebra, mientras que el de raíz funciona en la base y tiene facetas de incienso y de ambreta. Ambos están presentes en el perfume y, en parte, gracias a ellos, Angélique Noire tiene esa cualidad brumosa, expansiva, vaga e impenetrable.

Hay notas florales aquí y allá: apimentada freesía y ambarado jazmín, con el filo almendrado que Daniela Andrier también trabajará en Tardes de Carner y acaba en un tono más seco y amaderado. Es un perfume lineal y sencillo pero con cualidades especiales que invitan a la introspección. Lo más evidente es que es un oriental inusual, bohemio y naturalista, que ofrece un verdor suntuoso, suave y muy matizado en lugar de profusión de bálsamos y resinas. En este sentido sigue el planteamiento de Douce Amére de Serge Lutens. Pero, en esencia, sigue manteniendo la dualidad de Shalimar, descendiente a la vez de Jicky, esto es: un carácter cálido,, empolvado y humano en contraste con un carácter fresco, vegetal y aromático; pero atrás quedan los fuertes contrastes que provocan tensión y movimiento evidente. Aquí todo gira en torno al pequeño matiz que se pierde como una onda en el agua. Es algo que parece decir: naturaleza y cuerpo no compiten porque son la misma cosa. A eso se le llama armonía.

Sensación de brisa: Sublime Balkiss de The Different Company

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* Retrato de mujer por An He.

¿Dónde surgen exactamente las ideas? A veces es difícil concretar. Lo que normalmente señalamos como el momento esclarecedor, en el que vemos la idea con total claridad, suele ser la culminación de un proceso; a partir de un detonante damos forma a datos y sensaciones de distinto tipo que se han ido acumulando en nuestra memoria, procesadas a distintos niveles y guardadas en distintos almacenes de nuestro cerebro hasta que el momento “eureka” las une y les da forma. Es esta una experiencia global que emociona y agita porque las ideas pueden ir más rápido que la mano intentando tomar notas: hay que estar preparada para aprovechar ese momento.

Resulta llamativo como esto ocurre de la forma más insospechada y como las causas suele ser remotas. Cuando a un creador de perfumes se le pregunta por el origen de sus ideas la respuesta puede ser tan imprecisa como “de cualquier cosa” , esto no falta a la verdad aunque evite explicar-tantas-cosas-difíciles-de explicar. Algunos comentan como sus ideas surgen estudiando minuciosamente un pequeño acorde a partir del cual van cosntruyendo universos de olores, esta es una explicación basada en la praxis: se aprende haciendo y deshaciendo. Nada más cierto porque no se puede dejar de lado que toda creación artística, del tipo que sea, tienen unos fundamentos técnicos y, el perfume es, al fin y al cabo, un ejercicio de revestimiento. El creador trabaja con unos materiales, de olor más abstracto o concreto, algunos muy facetados y otros más simples, algunos pungentes o ásperos otros aterciopelados y suaves. La otra cara del asunto es cómo huele al final lo que el perfume contiene, qué forma adquiere y si es capaz de evocar algo; ahí es donde surge la prosa.

Esa prosa a veces es elaborada, aguda, refinada, ingeniosa o aburrida, absurda, rebuscada, poco cuidada, directa o sutil, personal o distante. Con la prosa se ofrece el producto al público con narrativas bien argumentadas o con retazos pero el fin es conectar con el público; mientras el público espera que al oler el perfume la prosa y el efluvio se complementen y formen un todo que no desengañe; que sea una de esas experiencias holísticas. Un ejemplo paradigmático fue el antiguo Opium de Yves Saint Laurent: frasco, fragancia y publicidad tenían la misma fuerza, convergían en una idea. Esos lanzamientos de espíritu tan compacto parecen cosa del pasado y puede que, en parte, sea porque las fragancias cada día son más transparentes, simples y “polivalentes”, así que para publicitarlas se acude a la saturación con distintos elementos en juego porque alguno despertará interés , o se reduce todo a sugerir frescor a través de la juventud porque eso siempre atrae o se hacen anuncios llamativos, provocativos u horteras que nada tienen que ver con el perfume sino con la finalidad de atraer a un potencial consumidor.

En el sector niche la narrativa es una piedra angular para el posicionamiento de las marcas, caso ejemplar fue Kilian y L´Oeuvre Noire. Marcar la diferencia con una buena historia es clave y, si no hay historia, hablar de ingredientes de calidad es la siguiente opción o acudir al siempre útil tópico de las gloriosas décadas del pasado que se intenta resucitar. Normalmente las firmas optan por una u otra cosa pero The Different Company con Sublime Balkiss (2008) se decidió por todas; este perfume ha sido promocionado de muchas maneras, quizás porque realmente pueden leerse en él muchas cosas y quizás también porque resume muchas ideas. Al olerlo no cabe duda de que es todo un ejercicio de síntesis en el que se aprecian distintos rasgos clásicos de escuela y que tiene su propio encanto pero la referencia a la Reina de Saba a través de su nombre Balkiss no deja de ser algo asombroso…porque evoca exotismo, misticismo, orientalismo, porque es una figura mítica por su belleza y su sabiduría que imaginamos perfumada con algo suntuoso y matizado como un generoso ungüento o un aceite ceremonial. Quizás la idea última sea la rosa: miles de pétalos de rosa infusionados en un exótico aceite pero el perfume de The Different Company no tiene nada de untuoso. Al contrario.

De todos modos en Sublime Balkiss hay bastante rosa y, de hecho, una forma de leerlo es como un ejercicio en torno al olor de la rosa: hierba recién cortada, matices aromáticos, geranio y almizcle configuran a grandes rasgos el olor de una rosa, una idea básica a partir de la cual se van descomponiendo notas en matices hasta reconstruirla de nuevo como un olor transparente, tenaz y flotante de vegetación, jardines en flor o bosques en verano. Olores de la naturaleza. La rosa en la brisa.

De naturaleza se habla en todo momento en el perfume y en la prosa del perfume al hacer referencia a un viaje a Irlanda en el que Celine Ellena encontró un nuevo olor a lluvia, más fresco y más dulce que el de La Provenza y un viento ligeramente mineralizado que transportaba el olor amaderado y herbal del brezo. Fue el recuerdo de esta experiencia el que encendió la chispa y le dio la idea de crear un perfume de carácter chyprée que, en principio, sería para su uso personal.

Sin embargo, para mi, Sublime Balkiss es, en síntesis, Grasse y la escuela contemporánea de perfumeria que inicia Edmond Roudnitska. Diría más, es un ejercio muy analítico en torno a las posibilidades de los materiales que remite a Diorissimo; no tanto porque muy vagamente pueda recordar a este perfume como por el modo en el que el olor de la rosa es el punto de partida y se van desgranando sus facetas verdes y frescas hasta sugerir lirio de los valles y lilas. Igual que el clásico de Dior.

Y como el clásico de Dior tiene un acabado chypre pero lo consigue sin seguir el canon académico de aglutinar todas las notas en torno al eje bergamota-labdanum-musgo. Este es un perfume de factura moderna, sin musgo de roble y con contrastes menos pronunciados aunque evoluciona con suavidad, como ondas en el agua, como cabe esperar en un perfume chipre.

Se dice que Sublime Balkiss también quiere rememorar el Hollywood glamuroso de los años 40´s ¿debemos entonces pensar en un icono de la época como Femme de Rochas, un chipre frutal descendiente de Mitsouko? De los chipres frutales tiene el contraste entre el brillo penetrante de las notas afrutadas y las secas y aterciopeladas bases musgosas; pero la faceta frutal no se basa en lactones sino sobre todo en el absoluto de brote de grosella que, bien manejado, aporta múltiples matices que varían desde frescor herbal a licor de frutos rojos, moras y el toque verde y ácido del ruibarbo. A algunas personas les recuerda a Aqua Allegoria Pamplelune de Guerlain pero el parecido reside en el carácter que imprime en brote de grosella en salida. De otra forma, este acorde verde-frutal-cítrico, expansivo y expresivo, en contraste con la base almizclada-amaderada rica en patchoulí -un patchoulí verde pero también balsámico y ligeramente empolvado por una faceta de cacao- hace pensar en cientos de perfumes modernos inspirados por Angel (1992) de Mugler; pero porque Sublime Balkiss está lleno de verdor y transparencia, conecta mejor con Prada Amber pour Femme (2004): limpio, fresco, suave pero penetrante, con un aire oriental, de carácter tenaz y ligeramente masculino.

Pero Sublime Balkiss también tiene una importante faceta acuosa y floral con la lila jugando un rol principal. Como en muchos de los grandes bouquets del pasado la lila aquí sigue siendo una nota floral armonizadora que da volumen a lo rosa, al muguet y a la discreta violeta. La diferencia con los perfumes clásicos es que en lugar de ser una lila dulce, empolvada y anisada es una lila moderna, acuosa y con acentos marinos.

La lila tiene un carácter ambivalente hoy en día porque es una nota muy presente en fragancias funcionales, ya no es solo aquella romántica flor de primavera. En Sublime Balkiss el consabido filo cítrico-pinoso está presente y, hasta cierto punto, puede ser una sensación cabezona pero, al final, la nota guarda las formas y consigue imprimir un carácter bucólico al perfume al recrear ese efecto de humedad, reminiscente de una tarde de lluvia en cuyo aire los olores se amplifican. También aporta una faceta limpia y empolvada de jabón de tocador. Ese aspecto de humedad jabonosa es otro guiño a los clásicos perfumes estilo aldehídicor florales como Madame Rochas o chipres verdes florales como Eau de Soir de Sisley. En todo caso, aquí la lila no se limita a ser un olor limpio y floral “clásico moderno” sino que se inclina más hacia el lado moderno con esa vibración ozónica y ligeramente metálica que también encontramos en Pleasures (1995) de Estée Lauder.

He aquí otro aspecto legible en el perfume: la huella de la década de los 90´s con su abundancia de acordes ozónicos reminiscentes de mar, de océanos y de frutas de verano. De nuevo la idea de brisa recorre el perfume. Brisa marina con acentos salados que aportan un frescor prolongado. Algo del esquema básico con que se construyó Parfum d´Elle (1990) de Montana late en el perfume de The Different Company. El perfume de Montana también era chyprée y frutal con acentos ozónicos; era atípico y clásico al mismo tiempo, basando su carácter en el contraste entre verdor vegetal, cremosidad floral y tonos salados. Esa idea que quizás se puede seguir leyendo en Miss Dior (Chérie, 2011) de Dior en clave más sútil y por esto Sublime Balkiss puede seguir recordando a este otro perfume de Dior.

A nivel pragmático, el fin último de este perfume era crear una ilusión de perfume musgoso sin usar musgo de roble u otros materiales relacionados en la fórmula y, a través de esa “ilusión musgosa” evocar algo que transmite naturalidad, lo que es una característica en The Different Company. Así que, en el núcleo de toda esta historia, está el absoluto de hoja de violeta cuyas posibilidades se exploran a fondo. Al fin y al cabo, el musgo de roble recuerda a mar y a maderas al mismo tiempo y, el absoluto de hoja de violeta egipcio, tras su verdor, su olor a frutas acuosas y a violetas tiene ese recuerdo a aire húmedo de la brisa de mar. El patchoulí , una nota ya canónica para hacer un chipre moderno, refuerza la idea y añade al mismo tiempo una faceta apimentada y ligeramente masculina más tradicional junto con una faceta más suave y balsámica de cacao propia de una esencia fraccionada.

Así pues, ¿dónde surgen las ideas? Es difícil precisarlo, lo único que queda claro es que es un proceso que requiere tanto acción como reflexión. Sublime Balkiss es un buen ejemplo; detrás del perfume subyace un ejercicio académico pero es el interés por recrear la naturaleza donde reside la intención artística. En mi opinión más personal, todas las referencias a otros perfumes clásicos y modernos quedan superadas por esa sensación natural. El perfume logra la difícil tarea de evocar la primavera, en un sentido abstracto e intimista a la vez. No es tanto un jardín o un paisaje o un lugar concreto como la sensación transparente y prolongada del verdor que perfume la brisa en primavera. Esa brisa sugerente y a la vez indeterminada que es como una ilusión juvenil. Es tan cándido como el deseo de un verdor perenne pero es algo que te llega y con ello te quedas para siempre.

Momento musical: Primavera y Otoño, fragmento de Tormenta de Nieve de Georgy Sviridov. Es fascinante el modo en que Sviridov transforma el frescor tierno de la primavera en cálido y nostálgico aire otoñal, no?

El iris errante: Bois d´Iris de Van Cleef & Arpels.

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* Fragmento del tapiz El Olfato de la serie La Dama y el Unicornio del s. XV.

El iris posee una impronta elegante y atemporal. Es la finesse lo que marca su identidad. Los perfumes dedicados al iris intentan capturar dicho encanto evanescente y etéreo o esa cualidad profunda, austera y enigmática pero es difícil rehuir la huella del clasicismo porque la característica principal del iris es el efecto empolvado, delicado y matizado que conecta con el almizcle acompañando a una faceta amaderada reminiscente de maderas preciosas. Los perfumes más icónicos del pasado contienen esos matices y, en no pocas ocasiones, no son sólo matices sino una parte esencial de la personalidad del perfume.

Maderas envueltas en polvo de arroz, en semolina, en algo impalpable pero maderas al fin y al cabo, reconocibles porque tienen cuerpo y densidad. Esas maderas son un elemento muy importante para estructurar un perfume y es precisamente ese aspecto de perfume estratificado con faceta empolvada lo que ahora se asocia con otra era. Cuantos más años retrocedemos en el tiempo, más compleja y adornada se muestra la faceta amaderada: surge con declinaciones musgosas y ahumadas y ambaradas y, sobre todo, con ese efecto empolvado cerrado y singular. Las bases de perfumería han jugado un papel muy importante en la definición de estos acabados, de hecho, han marcado etapas en la Historia, pero alguna ha tenido una influencia más amplia a lo largo de la línea del tiempo, como es el caso del Musgo de Sajonia.

Hoy, el Musgo de Sajonia, tiene un carácter marcadamente retro; con notas de geranio combinadas con la faceta ahumada, amaderada y verde salpicada del dulzor herbal anisado del regaliz y con un inconfundible acabado envolvente, empolvado y aterciopelado en el que juegan su papel la vainillina y el iris. Nuit de Noël de Caron es el perfume que salta a la mente cuando se habla de esta famosa base pero hay una larga lista de perfumes que bien la usaron directamente -como Vol de Nuit de Guerlain o Habanita de Molinard- o bien están inspirados en ciertos aspectos por ella -como Chanel Nº 19-. Así, este tipo de acabado intangible y multidimensional ha sido una constante y ha perdurado a lo largo de décadas a base de interesantes variaciones pero de forma cada vez más sencilla. Iris y vetiver han sido dos de las notas más usadas en la evocación de esta idea y, así, llegamos a las creaciones actuales más directas y discretas pero que retienen ese aire clásico, como el aséptico Infusion d´Iris de Prada, el cremoso Nº19 Poudré de Chanel o el radiante y acuoso Papyrus de Ciane de Parfumerie Generale.

La simplificación de las facetas es un rasgo de la perfumería contemporánea: Los materiales son más transparentes y, a la vez, la gente prefiere fragancias ligeras antes que densas. Otro aspecto del lenguaje moderno es el acabado pulido con notas muy separadas entre sí hasta llegar al extremo de la sensación molecular e inmaterial que se puede conseguir con materiales como el Iso -E-Super o el Ambrox, con los que se crean acordes más dilatados, aterciopelados, cristalinos…

La perfumería actual es menos de olores marcados, perfilados y difíciles -si exceptuamos el exotismo de ciertos materiales como el oudh – y más de características del olor propiamente dichas: textura, luminosidad, densidad, etc. Así que el iris y su intrínseca atemporalidad continúa en la cresta de la ola porque su olor difícil de aprender se describe mejor con sensaciones.

Cierto que el gusto por la severidad de un acabado seco se ha dejado atrás en favor de su tono más resinoso o de un efecto más glaseado y vago pero esa sensualidad que un buen perfume de iris tiene gracias a que transmite la sensación de piel perfumada con violetas cremosas es algo muy intimista que nos atrae como humanos. Por eso, en medio de un panorama que se pinta de actualidad urbana alocada los viejos modos perviven. Se han renovado, como siempre, siguiendo lo que las preferencias actuales y el mercado de las materias primas designan como “del momento”, pero en el fondo permanecen. Así seguimos encontrándonos con el acabado amaderado empolvado, aunque en clave más discreta y suave en perfumes de iris como Bois d´Argent (2004, Annick Menardo) de Dior y Bois d´Iris (2009, Emilie Copperman) de Van Cleef & Arpels. Ambos tienen un aire muy similar con bastantes características comunes, pero el de Dior tiene un acabado amaderado más marcado, es más aromático, con acentos metálicos más evidentes y se puede leer como un chipre mientras que el de Van Cleef & Arpels hace mayor hincapié en la faceta oriental amaderada expresada a través del iris y del ámbar gris, pero en los dos hay:

– Un tono vagamente ahumado y anisado, como de regaliz que recuerda al Musgo de Sajonia, en el que la mirra juega un papel importante, creando la ilusión de madera antigua y también redondeando el aura balsámica ambarada de estos perfumes. Por ello la gente establece semejanzas con Hypnotic Poison (1998) de Dior, también creado por Annick Menardo.

-Un acabado suave y persistente de maderas cremosas envueltas en vainilla almendrada y acaramelada que junto con discretas violetas y un suave matiz lechoso hace pensar en productos para el cuidado del bebé de Johnson´s & Johnson´s.

Además comparten la forma en que el iris funciona en la fórmula, siendo partícipe de varias facetas a la vez. Las metil iononas, aquí muy importantes, refuerzan el acorde seco amaderado de raigambre clásica y complementan la calidez de la faceta ambarada basada en Ambrox, pero el núcleo es el acorde empolvado que forma el concreto de iris con un cóctel de almizcles blancos lineales.

En Bois d´Iris hay una referencia a Chanel evidente porque el iris y el vetiver recrean junto con algo radiante, especiado y limpio que recuerda al olor del papel y del incienso -y que parece cipriol- parte de ese aspecto difuso amaderado ambarado del Nº 19. Por otro lado los almizcles y la vainilla añadidos se encontrarán después en el Nº 19 Poudré (2011) , en una de esas típicas trayectorias bumerán que surge al calor de la competencia entre firmas por mantener renovado y fresco su estatus en el mercado. Sin embargo, el perfume de Van Cleef & Arpels tiene un aire claramente oriental, de maderas orientales, con un acabado untuoso, lechoso y que recuerda al tofe gracias a la mirra, el concreto de iris y la vainilla que además contribuyen a crear ese carácter balsámico suave y fluido, sedoso como leche de arroz. También es un perfume carnoso, pero de una forma pura y delicada porque, en el fondo, es una viñeta repleta de inocencia.

Las maderas muestran un efecto desgastado intencional pues la idea es crear una nota de madera a la deriva en lugar del olor de una madera específica -no obstante son legibles rasgos de cedro y vetiver-. Esta madera a la deriva permite jugar con un matiz vagamente salado y esta es una manera chic de aludir al ámbar gris, como ocurre con el Eau des Merveilles de Hermès. Esta madera empapada por el olor seco, medicinal de la mirra y el vago eco ahumado del labdanum y el vetiver recuerda un poco a un whisky escocés. Sólo un poco.

El ámbar gris es como una sugerencia, lo que en cierto modo emula la naturaleza casi imperceptible e inefable del más fino grado de ámbar gris pero, en última instancia, se concreta en un intento de conjurarlo a través del ambrox más el efecto de dos notas en contraste: la nota de sal y la nota de azúcar o la combinación de yodo y miel…la madera a la deriva aporta el aspecto salado, la mirra -que parece reforzada con cera de abejas- da el toque azucarado y recrea una sensación melosa almizclada un poco cabezona aunque no llega a ser densa o animal sino, sobre todo, gustativa.

Paradójico como parece el planteamiento, es un perfume muy equilibrado y sutil en el que conviven en armonía la faceta más sobria y clásica de un iris seco, amaderado y ambarado junto con un iris lúdico y ciertamente regresivo por el dulce olor a bebé que desprende y los tímidos efectos palatables de tofe, chocolate blanco y leche. Por esta combinación que encarna tanta ternura hace pensar en Bois Farine (2003) de L´Artisan Parfumeur. Son como primos hermanos.

Bois d´Iris es un perfume minimalista pero sustancioso y redondo por la riqueza de los materiales con que está formulado. Se presenta como un delicioso perfume de piel que funciona con la discreción y limpieza de una Cologne llena de calidez y dulzura oriental en lugar de los tonificantes aromas mediterráneos. En ocasiones te olvidas de que lo llevas y un tiempo después vuelves a percibirlo con más intensidad y nuevos detalles que le dan un ligero movimiento. Su punto fuerte es precisamente ese, la tenaz delicadeza, algo que, en el fondo, forma parte de la naturaleza del iris -especialmente del florentino- y del ámbar gris, ambos elusivos protagonistas de este perfume que es capaz de crear un aura etérea, delicada y algo exótica pareja a un paisaje sereno, fantasioso y tranquilizador.

Porque es un perfumes de características, de tonalidades y texturas más que de movimiento, color y contraste también tiene una velada cualidad sensual. Puede recordar a varios perfumes ya sea por su faceta balsámica (Eau Duelle de Diptyque, Myrrhe Ardente de Annick Goutal , Mandorlo di Sicilia de Acqua di Parma), que por su etéreo y suave iris ( L´Eau d´Hiver de Frederic Malle, Iris de Odori, Iris Pallida de L´Artisan Parfumeur) o por su carácter seco y amaderado (Sycomore de Chanel, Encens Satin de Armani Privé) pero, porque es un perfume de piel y, por tanto, algo puramente individual, Bois d´Iris es comparable a la experiencia de oler un pomander, llevar un jersey de cashmere o leer un poema artúrico dejándose arrastrar a ese mundo legendario de bosques oscuros y parajes rocoso que esconden un palacio encantado, con misteriosas damas cuyos vestidos resaltan por sus verdes mangas y caballeros andantes en pos de su destino. Una narración. Algo de hoy y de siempre.

Momento musical: El Lago Encantado, poema sinfónico Op 62 de Anatoli Liadov -un mago de la armonía y los detalles que siempre componía pequeñas – grandes obras.

Día de San Patricio

Dicen que el olor de las madreselvas ha inspirado a muchos creadores de perfumes, quien haya olido una madreselva silvestre, floreciente al final del invierno, comprenderá el por qué de esta fascinación, tan fresca, tan impertinentemente floral y delicada a la vez. Este momento del año es ideal para salir al campo y tratar de disfrutar de esas diminutas madreselvas silvestres que crecen en las veredas de los caminos, en parajes húmedos. Su olor es como el de los jazmines frescos y los limones de invierno. Entre tanto, un momento musical con The Chieftains y The Rankin Family: An Innis Aigh (La Isla Feliz)

Ocho perfumes de mimosa

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La mimosa, esa flor de olor empolvado, anisado y festivo, capaz de aportar delicadeza y naturalidad a un perfume rara vez es una absoluta protagonista; pese a su belleza, su fragancia genera rechazo con bastante frecuencia -ocurre lo mismo con cualquier material que posea un perfil aromático complejo porque toleramos mal la ambigüedad-. Así que normalmente se incluye en pequeña dosis en las fórmula para que enriquezca pero no se note mucho su presencia en una composición.

Añadamos a esto que cuando en un perfume se detecta el olor de la mimosa algo cambia -la flor tiene una impronta clásica muy marcada que algunas personas no dudarían en calificar de perfumada– para entender que suele haber pocos perfumes en los que la nota aparece en todo su esplendor y complejidad. Veamos ocho en los que su rol no es secundario:

1) El realista minimalista Mimosa pour Moi de L´Artisan Parfumeur, se decanta por realzar las facetas más verdes y frescas.

2) La fantasía opulenta de Farnesiana de Caron, donde la mimosa empolvada luce una faceta de almendra.

3) La sublime Une Fleur de Cassie de Frederic Malle, donde el olor de las acacias, incluídas sus aristas, se aprecia igual que si respiraramos muy de cerca un ramo cuajado de pompones amarillos pero a la vez posee la elusiva elegancia de ángulos difuminados de los clásicos perfumes aldehídicos. Una obra maestra que no resulta fácil de apreciar para todo el mundo.

4) El tierno perfume Eau de Charlotte de Annick Goutal que exhibe una cremosa mimosa gourmand.

5) La delicada sinfonía floral frutal de Champs- Elysées de Guerlain, donde la mimosa más melosa se alía con una rosa almizclada. Un perfume que consigue el raro efecto de proyectar un halo juvenil y maduro a la vez.

6) El glamuroso L´Instant Magic de Guerlain, en cuya estela cálida y amaderada la mimosa aporta al acorde floral una declinación ligeramente cosmética.

7) El cálido Coralina de Oscar de la Renta una especie de rendición más solar y veraniega del etéreo Après L´Ondée de Guerlain.

8) En clave refinada en Iris Le Galion. La mimosa a menudo realza flores blancas pero también es una gran aliada del iris porque aporta facetas verdes, vegetales y empolvadas que complementan su carácter. Aquí la mimosa es la otra cara del iris.

¿Tenéis un perfume de mimosa favorito?