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pintura egipcia
Mucho perfume, poco perfume; en la piel, en el pelo, en la ropa…; la más alta concentración de esencias o la más ligera; tiempo lluvioso o seco, frío o calor; para ir al trabajo, para salir, para leer tumbada en el sofá, para una cita…parece que hay que tener muchas cosas en cuenta. En cierto modo hay que tener esas cosas en la mente pero lo realmente importante cuando usas un perfume es que pienses que lo has elegido porque de algún modo te seduce y te representa. Así pues, de igual manera que has empleado un tiempo en buscar esa fragancia especial, tómate tu tiempo para perfumarte porque es un gesto cálido que determinará la presencia del perfume cuando tú te muevas. Es algo muy refinado cuando el perfume mantiene su carácter más propio: el ser intangible y el provocar una sensación efímera, porque intriga y emociona…pero si tu fragancia se convierte en un olor impertinentemente presente e invasivo ya no hay misterio, sólo múltiples e irritantes partículas aromáticas que densifican el aire a tus vecinos.
Moraleja: el arte de perfumarse es un ritual íntimo que determina el modo en que llevas el perfume pero el modo en que llevas el perfume puede ser elegante o no, según cómo hayas usado tu fragancia. Dicho de otra manera, no sólo es lo que uses, sino también cómo lo uses.

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