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Si algo me atrapa de los perfumes Serge Lutens es que exigen mi atención, sean o no para mí, no me permiten la indiferencia: me obligan a pensar una y otra vez en cómo están hechos, son algo más que un olor agradable, me inquietan y, sinceramente, es sensacional que algo despierte tu admiración, no? Pues bien, Datura Noir ( Christopher Sheldrake, 2001) es un perfume ejemplar en ese sentido, tiene ese típico giro inesperado y sordo que genera sensación de vivacidad en los Lutens.

El género de plantas Datura tradicionalmente ha estado ligado a las figuras de brujos/as, chamanes y herboristas gracias a sus características psicotrópicas y alucinógenas; aunque también ha sido un ingrediente típico en la formulación de venenos ya que su contenido en alcaloides tóxicos pueden provocar desde delirios o transtornos mentales graves a la muerte. Estos usos le han valido sobrenombres como Trompeta del diablo, Higuera del infierno,Flor de la luna, Borrachuzo o Estramonio ( la variedad Datura stramonium es la más extendida por Europa). Su nombre deriva del hindú Dhatura que significa manzana espinosa y esa forma tiene el fruto de esta planta. A pesar del peligro que entraña esta planta, sus cualidades analgésicas y bronquidilatadoras la convirtieron en un producto indispensable en la medicina de algunas culturas; en China se mezclaba con cannabis y se usaba como anestésico, también era popular en esta cultura como antirreumático. En algunas zonas de Latino América aún se usa para paliar dolores. Y esta ambivalencia, esta especie de peligrosidad encubierta está bien traducida en la fragancia de Serge Lutens.

Por un lado tenemos un acorde muy sólido que forma el cuerpo del perfume: la composición clásica de notas para crear la fragancia de una crema corporal a la que se le unen tres notas muy importantes que caracterizan a Datura Noir como el perfume que es: nardo, vainilla y almizcle ( un almizcle un poco salado). Digamos que esta es la forma básica, pero a partir de aquí comienza un juego clarocurista de notas completas o sólo tímidos matices que van facetando el perfume. Tenemos notas frutales de albaricoque-osmantho que también aporta una cierta textura aterciopelada y una nota de aceite de coco muy unida al nardo y a las notas lactónicas que aporta el haba tonka que dan ese inesperado aire tropical a esta fragancia tan compacta. Por otro lado tenemos el aspecto ligeramente empolvado de la heliotropina que acompaña a la nota de almendras amargas…acabas creyendo que tienes una copa de Amaretto y una onza de chocolate blanco en la mano…parece que todo va en una dirección muy gourmand cuando de repente el perfume se oscurece con una especie de verdor sombrío o la ráfaga astringente de una sutil nota de mirra y así continuamente se van presentando las distintas caras de Datura Noir, repitiéndose como un tema con variaciones, como hace el Bolero de Ravel, sólo que aquí el ritmo no es evidente ni creciente, sino un ritmo concéntrico que se cierra sobre sí mismo.

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