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tuberose

El aroma de la tuberosa siempre ha tenido connotaciones eróticas y muy frecuentemente se ha asociado a la imagen de mujer seductora muy capaz de manejar cualquier situación ( típica es la imagen del perfume llegando antes que la mujer y abandonando la estacia después de ella), no en vano es un aroma dulce e intenso que puede resultar intoxicante para el entorno; también se dice que las mujeres que tienden a elegir perfumes de flores blancas muy envolventes lo hacen para crear una burbuja protectora, un revestimiento de seguridad para ellas mismas. En general suele provocar reacciones viscerales de lo adoras o lo odias. El hecho de que sea un material tan caro también lo convierte en objeto de deseo para aquellas personas que quieran pertenecer a un club, porque obviamente los perfumes tampoco están libres de esas etiquetas. Sin duda la tuberosa puede representar un estereotipo…pero yo pienso que una fragancia en la piel adecuada cobra una dimensión transcendental, y cada uno debería encontrar la suya. En el caso de las flores blancas esto es más complicado porque son algo paradójicas…

Paradójicas porque las flores blancas tienen aromas muy dominantes y, en general, las fragancias de esta familia suelen ser menos complejas: eso hace que mucha gente tienda a pensar que todos los perfumes de tuberosa(nardo), jazmín, gardenia, etc son iguales o se parecen mucho…así que lleva un tiempo comenzar a apreciar las diferencias. Por otro lado esa idea de las flores blancas como lo femenino por excelencia, con sus cualidades aterciopeladas, voluptuosas , exuberantes, de agradable persistencia es la idealización de un aroma que en la naturaleza no carece de notas animalísticas o pútridas pero que en el ejercicio de sublimación que socialmente hacemos convertimos en el toque decadente cuando son muy evidentes.

En 2007 Calice Asancheyev-Becker compuso para Kilian el eau de parfum Beyond Love-Prohibited- ( Más allá del Amor-Prohibido-) es una de esas fragancias que está llena de detalles no muy evidentes. La primera impresión es la de un clásico soliflore, que comienza con un dulzor frutal de coco impresionante y mantiene en un segundo plano las notas verdes balsámicas propias de la flor, notas que luego van a derivar en un acorde verde floral en el corazón de la fragancia. Y dulce sí que es, como todas las fragancias de Kilian mantiene un tono cálido-avainillado-azucarado durante toda la evolución, como todas las fragancias Kilian tiene una estética del aroma puramente hedónica. Poco a poco van saliendo notas indólicas importantes: la contribución del absoluto de jazmín de Egipto. La fragancia tiene un tipo de densidad muy atractiva-quizás sea el aspecto más interesante- lejos de resaltar las típicas notas mantecosas de la tuberosa, aquí tenemos un aspecto gourmand refinado, una auténtica crema floral con la textura delicada de un pétalo, algo a lo que contribuye mucho el acorde de almizcle Tonkin (obviamente reconstruido) de la base con un ligero toque empolvado y todo ello unificado por el acorde ambarado tipo ámbargris centrado en la salvia esclarea. Hay quien le pueda encontrar parecidos con el perfume clásico de Carolina Herrera por el acorde jazmín-tuberosa o con La Martina Mujer (2008) de la marca de ropa para polo, que tiene notas de gardenia-coco-almizcle en común con el Kilian; digamos que todos estos perfumes tienen acordes emparentados, pero la delicadeza del Kilian es única.

Private Collection Tuberosa-Gardenia de Estée Lauder también fue lanzado en 2007, obra de creativos de Firmenich. El rango va desde eau de parfum, extracto hasta perfume sólido. Aerin Lauder tomó como referencia la fragancia que su abuela creara a principios de los 70´s -Private Collection- para renovar la idea: una fragancia centrada en dos flores blancas amadas por Estée Lauder. El objetivo era crear un perfume donde la riqueza suntuosa del nardo y el exotismo de la gardenia se fundieran para crear la sensación de un bouquet floral elegante pero sencillo, es decir, darle un aire de modernidad al clásico tema de las grandes flores blancas. Aunque con el perfume de Kilian tiene en común la tímida nota de gardenia-y digo tímida porque así lo percibo yo- son dos historias muy diferentes. La salida del Lauder ya es algo diferente: es fresca aunque ligeramente dulce, es transparente y algo verde con notas de nerolí, lilas y linalool (aka palisandro)- un ingrediente clásico para construir acordes de flores blancas, especialmente gardenia-. La evolución es equilibrada pero un poco lineal, resalta sobre todo el nardo y la flor de naranjo, junto con las moléculas típicas de los aromas liláceos que son demasiado obvias para mi gusto; también hay algo de jazmín pero más discreto. La base es agradable y sencilla: vainilla y una nota de clavel para continuar con el perfil floral.

Si el perfume de Kilian se centra en el estereotipo de la intencionalidad seductora, el de Estée Lauder ( gracias al contrapunto que da la gardenia) se centra en el estereotipo de la mujer con la piel fragante increíblemente hidratada. Ambas fragancias son de distribución limitada; los perfumes Kilian se venden en exclusividad en la Perfumería Urbieta de San Sebastián, la de Estée Lauder por ser una línea especial se vende en algunas perfumerías muy especializadas o en algunos puntos de El Corte Inglés (mejor consultarlo con la consejera del centro que visitéis).

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