Etiquetas

, , ,

Eauambreeprada

L´Eau Ambrée va directamente a la idea del revival: su imagen publicitaria, con las modelos representando una suerte de friso escultórico griego, con cierto aire de criaturas recién emergidas de las profundidades del océano, portando el perfume como una ofrenda y como un sutil objeto de deseo por su preciosidad, reviste una pátina de cultura y mitología muy acorde con la imagen de la mujer que Miucca Prada refleja, esa que se viste para ir a una exposición de arte pero que cuando tiene que concentrarse en el trabajo elige un elusivo uniforme y deja que su personalidad se transparente por lo que hace no por lo que representa. En definitiva una imagen de mujer moderna, es decir, de mujer centrada.
El original Prada Eau de Parfum (2004) perseguía lo mismo con su intensa parquedad: transmitir una idea de feminidad sin dualidad aparente que aprecia lo esencial; en aquella campaña lo esencial era retomar una receta tradicional: el ámbar dulce pero con el toque chic intelectual que imprime Prada. Si bien el discurso buscaba resaltar el sabor artesanal de la fragancia-más bien de la idea de fragancia- el producto de 2004 tenía un cierto regusto sintético que le restaba brillo al concepto…
Pero aquí, más que un homenaje a la perfumería, tenemos un homenaje a la Historia de la Perfumería. L´Eau Ambrée eleva el tono intelectual con referencias culturales de la campaña, y la idea se refleja en la fragancia que resulta ser un trabajo realmente pulido: un icono esculpido en alabastro. L´Eau Ambrée, en su aura aterciopelada, resume décadas de perfumería- desde L´Origan de Coty y L´Heure Bleue de Guerlain a la estética de monolito semioriental de Dune de Dior-con un plus de calidad no tan común últimamente en las fragancias de amplia distribución.

El aire refinado-chic-moderno-cultivado de esta fragancia es una reflexión sobre la cualidad etérea de los perfumes de alta calidad en los que se usaba tintura de ámbar gris como unificador. Un ingrediente que debido a su escasez y elevadísimo precio no se usa apenas, pocas personas tienen el privilegio de oler ese material, y lo que se hace es reconstruir un acorde con materiales sustitutos que puedan aportar un tono complejo, oscuro pero etéreo, radiante pero húmedo y muy profundo equivalente.
Aunque es una fragancia muy facetada, no se perciben con claridad las transiciones ni las notas: se comportan como una corriente que discurre con engañosa lentitud, envuelven en una bruma ligera pero con una presencia real difícil de describir si no se experimenta; tiene muchas cualidades y se descubren lentamente.
La salida es como una delicia cítrica donde la mandarina y la cidra dejan ver sus facetas más florales, con una textura ligeramente empolvada que se mantiene durante toda la evolución; mientras una ténue nota cinámica da un toque goloso muy sutil, y sin que resulte evidente se presentan tonos secos herbáceos y aromáticos que van introduciendo el sabor amargo que va a perdurar hasta la base. Según evoluciona se descubre en la fragancia un carácter realmente tenaz que cautiva. La salida en conjunto tiene una referencia muy clásica, un recuerdo de las recetas de Eau de Cologne más tradicionales, pero es sólo una evocación, como el resto de múltiples citas que hay a lo largo de la fragancia. Por ejemplo, en el corazón tenemos dos notas florales que enriquecen la composición: absoluto de Rosa de Mayo y absoluto de Gardenia jasminoides (jazmín del cabo); la nota de rosa es bastante oscura y verde a la vez, trabajada en una dirección que recuerda vagamente al Nº19 de Chanel; por contra, la nota de gardenia contribuye con su frescor húmedo algo especiado al efecto general rico y difuso, aporta además una nota que recuerda a la flor de naranjo …aquí una referencia que Daniela Andrier hace a la L´Heure Bleue de Guerlain y que también incluyó en la edición limitada de Prada Infusion d´Oranger (2009). En este punto, entre las flores frescas y húmedas con un transfondo amargo surgen matices amaderados y terrosos que van revelando las notas más oscuras del fondo, aunque el perfume nunca es absolutamente oscuro, sino una especie de grisalla intensa. En la base, junto con el patchoulí y el acorde de ámbar gris, hay notas balsámicas ligeramente dulces con opopanax y cumarina, aquí trabajada para delatar su matiz típico de heno…(nota que los españoles tenemos muy asimilada culturalmente gracias al Heno de Pravia)…sí, cierta evocación a la limpieza también está retenida en esta fragancia, algo que recuerda a jabones de tocador antiguos y muy caros, a Eau de Cologne, o a especialidad farmacéutica, sin que realmente podamos decir que huele jabonoso o medicinal porque todo es tan evanescente que cae en el plano de la abstracción, porque cada minifaceta está matizada hasta lograr efectos de extensión y suspensión muy delicados.

Anuncios