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Las notas verdes vivaces que recuerdan a los olores de la naturaleza siempre han sido un sello en las fragancias de Annick Goutal, pero también el acercamiento inusual a ciertos materiales, creando perfumes realmente únicos. En esta línea, la perfumista de la casa, Isabelle Doyen, lleva años trabajando en la combinación de notas de iris/violeta unidas a nuevas notas verdes; siguiendo los frutos de su investigación, podemos ver la evolución del tema hasta llegar a Mandragore Pourpre:

La Violette (2001) de Annick Goutal ya presenta el tema al trabajar una fragancia soliflore de violetas a la que añade la nota verde y húmeda de la hoja de violeta como una pequeña travesura.

Duel (2003) de Annick Goutal, aquí la combinación es más explícita: iris y una nota verde aterciopelada de absoluto de mate verde, pero también recoge un aspecto importante en la salida que seguirá trabajando después, una faceta cítrica-dulce-ácida que aquí consigue con Petit Grain Paraguay principalmente.

Mandragore (2005) de Annick Goutal, que como decía en la revisión anterior trabaja en torno a la hoja de violeta que facilita recrear el aura de una fragancia chypre, aunque predominan más las notas amaderadas, junto con diferentes matices verdes de té y de hierba buena.

The Unicorn Spell (2006) para la casa suiza Les Nez ( no comercializada en la Península, pero accesible online) donde ahonda en el tema de las violetas verdes, etéreas y heladas-mentoladas pero añadiendo aquí matices lechosos, trabajando las disonancias mediante puentes muy vibrantes para integrarlas en la composión de modo armónico.

Y de nuevo para Annick Goutal, Mandragore Pourpre (2009). Esta última fragancia, manteniendo características de las anteriores es, sin embargo, una nueva exploración en ese territorio de nuevos chypre ( sin extracto de musgo de roble) construidos a base de patchoulí+hoja de violeta. Si bien muchos de esos nuevos chypre pueden dejar indiferentes por su falta de rigor- ya que muchas veces se limitan a crean una base muy pesada con algunos nuevos almizcles y la nota terrosa del patchoulí…sin cuidar más- en Mandragore Pourpre podemos ver que I. Doyen hace un auténtico ejercicio neoclasicista. Decía Luca Turín en su blog hace años, que Coty, con su perfume Chypre de 1917, había redefinido el género de los chypre al descubrir que la bergamota, el musgo de roble y el labdanum tenían en común una faceta resinosa que los hace aglutinarse muy bien, creando una idea abstracta muy directa; pero además ese concepto se transformó en una estructura y esa es la clave que Isabelle Doyen retoma en Mandragore Pourpre: creando una columna resinosa-canfórea gracias al romero ( aquí una nota inmensa y profunda), al incienso ( aquí trabajado en sus facetas mas resinosas y cítricas sobre todo) y el patchoulí ( que en su oscuridad terrosa también encierra matices canfóreos).
Mandragore Pourpre, en comparación con Mandragore es una fragancia mucho más oscura y profunda,con notas amaderadas más difusas, de una oscuridad refrescante y de un verde frondoso pero aún cálido, difuso pero algo picante, con una textura terrosa empolvada ligera que recoge la idea de raíz de mandrágora y cierto dulzor que aquí explora matices afrutados, anisados y algo cinámicos. En conjunto es una fragancia penetrante y refrescante, con notas herbáceas trabajadas en una dirección muy limpia y aérea, que recrean la sensación de aire puro, con un carácter muy compacto y muy buena fijación (es un EdT).
La salida nos habla ya de las profundidades del bosque, de la umbría en la que crece la planta de la mandrágora, con un carácter verde amargo y fresco increíble, con una nota de menta piperita deliciosa porque está trabajada en la dirección limpia pero también saca a la luz esas notas azucaradas de fondo tan características de esta planta; rápidamente se presenta el romero y la pimienta negra, mientras que el anís estrellado se mantiene como nota de fondo que centellea de vez en cuando ( aún así aquí está más definida que en Mandragore). El corazón de la fragancia mantiene un tono floral muy abstracto a base de geraniol y eugenol; también deja entrever algo ácido frutal que se pierde entre las notas resinosas ( incienso y mirra) y alcanforadas pero que continúa en la base con la heliotropina y el mirto,ambos ingredientes ayudan también a que la corriente verde hacia la base se suavice en la dirección del heno (cumarina) y se endulce, se afrute ligeramente y se vaya fundiendo suavemente con la piel transformándose en algo más cremoso y sutil ya al final de la evaporación.

Sin duda, este es un trabajo muy purista en cuanto a concepto, muy pulido en cuanto a técnica y francamente muy bien balanceado, además no pierde su carácter a lo largo de la evaporación.

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