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En este monográfico intenteré ahondar en el concepto que inspiró a Jacques Guerlain para crear en 1912 esta obra maestra. La primera parte está dedicada a la visión que del fenómeno de la Hora Azul Eric Rohmer tuvo-y que sin duda puede entenderse de manera universal-; la segunda parte se centrará en retratar el contexto histórico-estético de La Belle Epoque en que fue creado el perfume y la última parte será ya una revisión más detallada del perfume en sí.

El perfume L´Heure Bleue de Guerlain es quizás uno de los más poéticos que se haya creado. Y si tratar de retratar con palabras e imágenes un perfume es difícil, y si la imagen nunca se completa hasta que se huele, en el caso de L´Heure Bleue es una idea quimérica: tan pronto creas que has captado su esencia ya se te escapa de nuevo. Es sublime y transcendente en el sentido pleno de estas palabras.
No todo el mundo acepta un perfume como L´Heure Bleue, hay quien lo encuentra excesivamente melancólico, demasiado enigmático, cruelmente bello o inaceptablemente mágico. En todo caso, es una perfume que o te cautiva -causando un auténtico shock emocional-desde el inicio o difícilmente lo aceptas, nada de medias tintas. Es plenamente experiencial.

Hay una hora que yo prefiero,
se llama la hora azul.
Donde todo deviene más bello,
más suave, más luminoso.
Es como un velo de recuerdos
ante los ojos.
Esta hora es muy breve
y se llama la hora azul

De la canción L´Heure Bleue compuesta en 1969 por François Hardy ( la traducción es mía…)

L´Heure Bleue (Hora Azul) con esta expresión en francés se describe el momento atmosférico entre dos luces (twilight): un momento efímero en el cual cada mañana y cada tarde quedan desdibujados, indefinidos por una luz débil. Sucede entre el alba y el amanecer y entre el crepúsculo y la puesta de sol. El sol en esos momentos no es visible puesto que se encuentra por debajo de la línea del horizonte, y la luz emana difusa desde las capas superiores de la atmósfera que recibe directamente los rayos solares para iluminar las capas inferiores de la atmósfera y reflejar una parte a través de la superficie terrestre. La época del año influye mucho en la percepción del fenómeno por la variación de la calidad de la luz, siendo el verano la estación en la que se aprecia en su plenitud. Además el crepúsculo en verano tiene el plus añadido de poder disfrutar de los perfumes de la naturaleza que se han vuelto especialmente fragantes porque han recogido el calor del sol a lo largo del día.

No son pocos los artistas que se han inspirado en la Hora Azul o que han intentado describirla: es un tema eterno. Pero Eric Rohmer realmente la capturó y la ofreció a los espectadores en la primera aventura de Cuatro aventuras de Reinette y Mirabelle (1987), precisamente titulada La Hora Azul. La película en el fondo habla del deseo de expresión y muestra como la vida cotidiana puede mermar o incluso bloquear la capacidad de expresión.
En el cine de Rohmer los personajes siempre van buscando el momento perfecto: una experiencia evanescente pero memorable porque en su belleza encierra inquietudes humanas. En el caso de Reinette y Mirabelle una conversación filosófica entre las jóvenes protagonistas plantea la posibilidad de experimentar el silencio perfecto y así surge la idea de levantarse al alba para oír la Hora Azul. Resaltar que las preguntas filosóficas en el cine de Rohmer no buscan respuesta, son exactamente planteamientos que sirven para defirnir y perfilar personajes.
Aquí reproduzco una traducción ( hecha por mí desde el italiano) de esa conversación filosófica junto con el enlace para el video pinchando aquí: es la única opción viable que tengo porque no he encontrado la cinta en castellano, y realmente merece la pena ver la secuencia completa ( algo más de 9 minutos) porque en ella se captura la esencia del momento.
Ambas se acaban de conocer. Reinette (R) es una joven entusiasta que vive en el campo- será quien desarrolle la conversación-; Mirabelle ( M) es reservada, una chica que ha crecido en la ciudad. Y la conversación comienza así:

M: ¡Este silencio es magnífico!En París no existe un silencio así. Siempre hay algún coche que pasa, la música del vecino…un ruido continuo, constante. Pero aquí hay un silencio perfecto. Escucha.
R: Hay tantos ruidos.
M: Sí, pero el silencio absoluto creo que no puede existir en la naturaleza, excepto quizás en alta montaña. ¿Alguna vez has estado en alta montaña?
R: No, nunca. Pero también aquí existe.
M: De noche quizás…
R:No, por la noche hay un montón de ruidos…gatos, buhos pero no pensaba en la noche. ¿Conoces la hora azul?
M:¿Qué es la hora azul?
R: Para ser sincera no es realmente una hora, es un minuto, un poco antes del alba, hay un minuto de silencio…los pájaros diurnos aún no se han despertado y los pájaros nocturnos ya se han dormido, y entonces se hace el silencio. Cuando era pequeña le pedía a mi madre que me despertase para esa hora.
M: ¿Todas las mañanas?
R: Eh…no, no se puede decir todas las mañanas, 2 ó 3 veces al año, en verano, cuando el cielo es terso. Es difícil describirla a quien no la ha visto nunca, pero realmente el silencio en la naturaleza da miedo. De hecho es un poco como en un tribunal, cuando el juez delibera y se espera la sentencia: o la vida o la muerte. Sí, sí un día llegara el fin del mundo sería en ese preciso momento. ¿Sabes por qué?
M: No
R: Porque es el único momento en el que tienes la impresión de que la naturaleza ha dejado de respirar, esto es, y eso da miedo. Todos los campesinos tienen clara esta idea y por eso dicen siempre “pase lo que pase mañana amanecerá”. Y es cierto: te suceda lo que te suceda no podrás impedir que el día se despierte, esto es. Es esta la más bella lección de humildad que puedes recibir: somos nosotros los que necesitamso de la naturaleza, y no al contrario, sabes… Si quieres vamos a dormir pronto y mañana te despierto para la hora azul…

Y así Reinette y Mirabelle se aventuran a oír la hora azul.

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