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Al igual que otros perfumes inspirados en jardines como Ninfeo mio o Un Matin d´Orage, Amyitis trata el tema de lo verde. Pero se diferencia en que se inspira en un jardín que ya sólo puede verse con los ojos de la mente, y que a falta de pruebas arqueológicas concluyentes aún puede considerarse un misterio, se trata de los Jardines Colgantes de Babilonia…¿estaban reamente en Babilonia? ¿fueron un regalo de Nabucodonosor II a su amada Amyitis, quien añoraba las verdes montañas? Y si así fuera ¿qué florecía allí? Aún no se tiene muy claro.

La evocación del jardín, para Mona di Orio está unida a los recuerdos de infancia: era para ella algo mágico sentir el aroma del terreno aún lleno de gotas de aguas. El terreno, el humus, como un concepto abstracto encierra en sí la idea de fertilidad: es la posibilidad del jardín y no el jardín en sí mismo. En esa concepción tan primigenia y edénica al mismo tiempo de la tierra está el poder evocador de este perfume: en su abstracción casi árida hay siempre latente una idea de riqueza vegetal (que ha conseguido retener la humedad en el desierto para germinar) que despierta la imaginación.

Mona di Orio tiene como objetivo crear perfumes que despierten emociones profundas, que conmuevan, puesto que son obras de arte; con ese objetivo busca materias primas de alta calidad, usando muchos naturales, y crea estructuras de corte clásico: muy densas y claroscuristas. Lo que ella hace son perfumes intensos, a su gusto; la primacía de su visión artística es admirable incluso si algunos de sus perfumes tienen una intensidad animal tal que resultan muy difíciles de tolerar.

Pero hay excepciones, Amyitis es una de ellas. Es, por lo pronto fresco y verde, aunque verde de un modo inusual: seco, austero, polvoriento incluso y algo amargo…lo cierto es que los seres humanos asociamos instintivamente el color verde con sabores amargos e intensos.
Por el modo en que desarrolla las facetas de maderas suaves, mezcladas con iris y una nota coriácea tersa tiene un antecedente lejano en Cuir de Russie de Chanel, y más cercano en el Nº19 de la misma casa. Personalmente, además del parecido con los Chanel, en la salida hay un recuerdo de Douce Amere de Serge Lutens por el modo en que lleva las notas verdes anisadas hacia una dirección seca y agreste: explora las posibilidades de la alcaravea y la ajedrea, pues ambas son plantas aromáticas que comparten carácter con la hierba buena, pero además la ajedrea también tiene aromas fenólicos y la alcaravea los tiene anisados. Es por tanto un esquema clásico ( anís-regaliz) pero con olores menos familiares que hacen el acorde menos legible. El verdor se completa con una nota frondosa de hojas y algo picante (tipo ají) para inyectar un poco de aire.

El corazón es iris, iris e iris. Radicular, seco, frío…su faceta amaderada se resalta con cedro de Virginia que aporta un toque balsámico y se redondea con madera de guaiac, para dar cierto dulzor pero además para añadir algo rosado-que siempre complementa al iris-. El modo en que están trabajadas estas notas para lograr una atmósfera contemplativa es interesante.

La base es una delicia: es el aroma del terreno, construido en torno al vetiver, uno de los materiales favoritos de Mona di Orio. Para dotar de cierta efervescencia y profundidad utiliza azafrán que aporta una amarga calidez y lo contrasta con opopanax, una resina dulce-animalística y melosa. Esto da un tono sensual al perfume, amplificado en el acorde ámbar. La nota ámbar, aquí actúa como en el Nº19: para dar brillantez a la base, aunque en Amyitis yo casi hablaría de resplandor entre la niebla. Finalmente el musgo de roble, la nota que le da el toque seco de calidad al perfume.

Los perfumes verdes suelen connotar juventud, frescura, elegancia discreta, gusto clásico; Amyitis añade otra dimensión al explorar matices verdes en la madera y la tierra; además carece del aspecto dinámico de los perfumes verdes, se inclina a lo contemplativo. Una especie de paradoja sublime.

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