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“Los nombres tienen para mí un valor poético. Ambre Sultan, Cuir Mauresque son nombres que anuncian el color, no la materia (…) El nombre cuenta una historia de por sí (…) Louve habla del blanco, de la nieve, de la almendra amarga” Serge Lutens.

En Louve se muestran algunas de las búsquedas continuas en la perfumería de Serge Lutens:

-Conseguir perfumes transparentes sin renunciar a la profundidad.
-Evocar carácteres singulares y misteriosos.
-Crear una sólida estructura simbólica para ilustrar la idea que late en una fragancia.
-Crear imágenes de elegancia, pureza y rigor.

En definitiva se trata de evidenciar que la tabla de estilos de Serge Lutens es algo único, fruto de una mente creadora que realiza un fuerte trabajo intelectual, casi podríamos decir que con espíritu ilustrado. Y dentro de esa búsqueda de respuestas que plantea el señor Lutens, Louve representa una propuesta de carácter legendario y arquetípico para tratar el tema de la fragilidad y la memoria infantil con refinamiento e indulgencia.

Kandinsky decía que el blanco “actúa sobre nuestra alma como el silencio absoluto. Pero ese silencio no es muerte, sino que palpita de posibilidades vivas. Es una nada llena de alegría juvenil o, mejor dicho, una nada anterior a todo nacimiento, anterior a todo comienzo. Tal vez así debía resonar la tierra, blanca y fría, en los días del período glaciar”.

Louve, como el señor Lutens mismo define, es un retrato del color blanco, un retrato espiritual en el que se mezclan símbolos primordiales que todo el mundo reconoce inconscientemente para que sea como una narración, como una leyenda: el valor germinal del blanco, la asociación con la nieve blanca siempre en las cumbres inaccesibles rodeadas de silencio que desemboca en la idea de pureza, la asociación con las almendras blancas cuyo sabor y olor tan carácterísticos marcan en la niñez.

Pero Louve tiene algo muy singular, y es que en vez de crear un acorde de mazapán evidente, crea un perfume de almendra fresca y balsámica a la vez, donde lo dulce se conjuga con lo amargo y lo radiante con lo delicado. Empolvado y cristalino a la vez, la coincidencia de contrarios es una constante en este perfume para crear texturas abstractas: la delicada transparencia de la muselina, el efecto crujiente de la nieve recíen caída o la tersura de los pétalos.

Aunque el tema principal es una almendra construída en torno a heliotropina, la fragancia está llena de detalles:

-El frescor cristalino que recorre toda la composición equilibra las notas dulces y las notas empolvadas, consiguiendo poner de relieve el matiz fresco casi cítrico ( a mí me recuerda al yuzu) que tiene la heliotropina de forma natural. Esta cualidad: lograr que un perfume con notas empolvadas y balsámicas recuerde al rocío que cubre las flores al amanecer es algo más bien escaso. Esta es quizás la faceta que yo encuentro más interesante, y además juega un papel importante en la composición a la hora de unificar otras facetas.

-La fragancia tiene un brillo argénteo con notas anisadas suaves y almizcladas frescas que dotan a la composición de un carácter radiante y a la vez silencioso.

-Junto con la almendra se desarrolla un acorde de pétalos de rosa ( en conjunto recuerda un poco a las delicias turcas, pero Louve no es una fragancia temática como lo es Rahat-Loukoum la que se vende exclusivamente en la boutique de París). Este acorde está construído en torno a absoluto de rosa acentuado por notas afrutadas, especialmente frambuesa.

-El tono frutal es rico, sutil y complejo a la vez: si bien la frambuesa y la cereza-kirsch son más evidentes, existen también varios efectos muy cuidados a base de aldehídos y otros materiales que recrean un olor ténue pero enriquecedor de melocotón y mermelada de albaricoque; además hay trazas muy sutiles de coco que acentúan aspectos de dos ingredientes de la base como la heliotropina y la cumarina.

-La parte floral no se limita a la rosa, es más compleja, sutil y sugestiva porque además de tener una nota de jazmín bastante evidente, tiene también un complejo de lirio de los valles que unido a otros ingredientes produce un efecto de flores delicadas,dulces, anisadas, balsámicas como las lilas blancas (también hay algo que recuerda un poco al guisante de olor). Este tema floral aquí sublimado y escondido conecta con algunos perfumes antiguos, de principios del siglo XX.

-Una base almizclada suave, ligera, afrutada y balsámica que oculta una nota ambarada muy discreta.

-Tono especiado de canela en rama fina con ese peculiar tono acidulado que tienen variedades de calidad, y que unida a la vainillina refuerza en carácter balsámico.

-Finamente resaltar que el tratamiento del familiar acorde “cosmético” está sublimado: las notas de base están ahí y sus efectos se dejan notar pero los acentos van en otra dirección.

Louve ha sufrido desde su lanzamiento en 2007 un fenómeno curioso: por un lado el Comité de Perfumería Ruso lo premió como Fragancia del Año, por otro lado ha sido denostado sistemáticamente por ser un perfume de la línea exportada de Serge Lutens que huele a cereza o a lolum como Rahat-Loukoum sin ser Rahat-Loukoum; criticado también por llamarse Louve (Loba) y no ser un perfume que “arañe” …olvidamos que Louve nos habla de una leyenda, y en las leyendas los lobos tiene un simbolismo ambivalente: son fieros pero también son símbolos de espiritualidad por ser capaces de ver en la oscuridad, es decir, simbolizan la luz…y las lobas, bien la Loba Capitolina es un símbolo de maternidad ( la almendra también); pero hay otra crítica frecuente y es la de calificarlo como perfume cosmético: sinceramente yo lo encuentra más complejo y atmosférico que un perfume cosmético, pero eso ya es cuestión de gustos.

De todos modos, el tema de la ascendencia de Louve dentro de la gama de fragancias de Serge Lutens es importante e interesante. Además de la conexión con la idea de las delicias turcas, yo encuentro puntos en común con:
Datura Noir (2002), comparte un efecto cremoso-afrutado-balsámico con varias notas en común.
Douce Amére (2002), comparte el singular carácter de oriental-fresco, con notas florales anisadas donde lo suave se combina con lo amargo.
Clair de Musc (2003), es el que conceptualmente más se acerca al representar ambos ideas de pureza, luminosidad, transparencia y sensación de protección. Y en términos de olor ambos tienen un perfil empolvado-transparente.
Fleurs de Citronnier (2004), su parecido está más a nivel de carácter pues ambos remarcan aspectos de delicadeza radiante y fresca junto con pureza.

Laurence Olivier definió en cierta ocasión a Deborah Kerr como hielo ardiente, y ese es el retrato que para mí esconde el perfume de Louve, el de un carácter enigmático y refinado, con un modo siempre hiperfemenino de estar y de ser, que evoca ternura e instinto a la vez.

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