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Jardins de Bagatelle es un perfume prototípico muy del gusto de muchas personas, pero que entre los más puristas seguidores de los perfumes Guerlain ha generado división porque puede compararse a un look demasiado producido. No se puede decir que no huela rica, es una fragancia que tiene sus cualidades y sus puntos fuertes. En cierto modo la idea parte de Mitsouko, aunque los elementos chyprée aquí están muy simplificados: limón ácido y vibrante neroli en la salida versus patchoulí, ahumado y terroso vetiver y notas animalísticas de civeta y almizcles en la base se encargan de que la referencia se mantenga.

La fragancia salió al mercado en 1983 como eau de toilette siendo formulada diez años después en eau de parfum. Lo cierto es que en aquellos años este tipo de “gran bouquet floral-aldehídico con acentos chyprée y prominentes notas de flores blancas y narciso” era sin duda “la fórmula”. Jardins de Bagatelle no era, en este sentido, ni el primero ni el último. En 1976 Van Cleef & Arpels había sacado al mercado First y cosechado un gran éxito siguiendo un esquema parecido, aunque se trataba de un perfume totalmente centrado en el jazmín y con un espíritu elegante y pulido donde los aldehídos jugaban un papel pricipal. Jardins de Bagatelle, pese a tener la referencia- Mitsouko– en su propio portafolio, recae un poco más en el pastiche quizás porque tiene algunos elementos arriesgados que marcan mucho su propio carácter dentro de la fragancia, y su espíritu es más juguetón quizás incluso un poco mundano…sí, definitivamente juega con el estilo ladylike pero acaba siendo ambigua. Se puede decir que es un perfume especialmente prototípico de la idea de femineidad que exploran los grandes bouquets florales de los 80´: olores intensos de flores blancas que se tintan de notas menos inocentes, etc etc.

A pesar de lo dicho, en Jardins de Bagatelle hay varios aspectos que añaden sofisticación y que son interesantes por sí mismos, pues tienen bastante peso dentro de la fragancia:

-Las notas verdes y ásperas que acompañan a toda la composición, haciendo contraste con los aspectos cremosos en la base y con el efecto empolvado aportado por las notas de iris, violeta y mimosa.

-La exploración de los matices frutales de las flores blancas primero de un modo algo brutal- en la salida la nota afrutada de plátano del jazmín se marca mucho- para luego hacerse más fina y fundirse en el corazón floral donde se distingue algo de cereza, grosella negra y diría que incluso algo de melocotón.

-La base- muy marcada en la evolución de la fragancia- es bastante compleja, siendo la faceta amaderada ( principalmente cedro): seca, fresca y burbujeante a la vez lo que más personalidad aporta.

-El acorde de rosa centifolia: que centellea gracias a la flor de naranjo pero está muy especiada ( pimienta, clavo). Resulta una nota inmensa de capacidad casi narcótica y enlaza con el aspecto más interesante de la fragancia: el tono redolente que producen los azúcares en un proceso de maceración.


*Rosaledas de los Jardines de Bagatelle.

En este caso son las flores las que parecen haber estado macerando y la búsqueda de un algo que diera un aire de sofisticación a todo el conjunto, aquí se tradujo en un efecto champagne brut buscado por Jean Paul Guerlain. Así todo armoniza: contrastando lo seco en la base ( amaderado y balsámico a la vez), lo efervescente y metálico de las notas cítricas y aldehídicas (ásperas también) con la solidez cálida, dorada- ni translucida ni aérea- del corazón floral. Es esa combinación de efectos, lo que para unos puede resultar demasiado y para otros delicioso, lo que realmente caracteriza a Jardins de Bagatelle.

Aunque el tono retro en la fragancia nunca acaba de irse- pero se suaviza mucho después de los primeros minutos- su luminosidad y ese modo de compaginar la sensación de vivacidad con una personalidad más bien clásica y centrípeta resulta fascinante.

*La revisión está hecha sobre un eau de toilette vintage donde las notas florales se diferencian mejor (todo gira en torno a la tuberosa, la gardenia, el ylang-ylang, la rosa y el narciso) y la base tiene una nota de vetiver terrosa más marcada contrariamente a la fragancia que se comercializa actualmente que es más translúcida y ha perdido la violencia indólica tan característica en su salida.

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