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*Muchacha con túnica amarilla por John W. Godward, 1901.

Si la original Eau des Merveilles (2004) era una reflexión olfativa sobre el ámbar gris y los aromas característicos de la orilla del mar en un lenguaje orientalizante; Eau Claire des Merveilles (2010) es un ejercicio que explora la atmósfera luminosa de una tarde de verano tranquila y plácida cerca del mar. Posee la elegante sofisticación de los perfumes florales -aldehídos, la textura aérea de los perfumes florales a base de salicilatos, el poder evocador de los suaves acordes empolvados y el carácter centrípeto de los perfumes con base ámbar sin su densidad. Aún así sigue siendo una composición en torno al ámbar gris con ciertos elementos en clave abstracta que enlazan con las composiciones de la Belle Époque.

A través de dos características a priori alejadas entre sí: lo frío y lo balsámico, se desarrolla un perfume con una cualidad opalescente y la capacidad de evocar la idea de presencia y sensualidad mediante un nuevo acercamiento, más ligero y centrado en el matiz lechoso del acorde de ámbar gris trabajado en la original Eau des Merveilles. Pero su textura diversa es la clave. La suavidad lechosa, el sutil velo empolvado, la nota de iris aldehídica avainillada…todo es pura evocación táctil y gustativa pero de un modo extraño, lejano, indirecto. Y eso es lo que hace de Eau Claire des Merveilles algo realmente interesante.

Un poco alejada de la nota de naranja verde y amarga que es una marca de estilo en los perfumes Hermés, la salida del Eau Claire des Merveilles trae a la mente una idea vaga de cítricos anaranjados, dulces y florales, atomizados por efecto de los aldehídos, que de un modo muy sutil van a desvelar una faceta gourmand abstracta digna de los clásicos Guerlain. Pero Eau Claire no está construída con el lenguaje opulento y orientalizante ni de los Guerlain ni de la original Eau des Merveilles. Tiene otras cualidades. Hay algo burbujenate en la nota cítrica, algo que recuerda al cóctel “Mimosa” a base de zumo de naranja y champagne, ese algo de carácter bebible le da viveza y madurez a la composición. El corazón floral es como una brisa suave que oscila entre una rosa especiada a la pimienta y un eco de flores blancas envueltas en una nota ozónica ligera. La flor protagonista, sin embargo, es el iris. Un iris evanescente que recuerda a Heure Exquise de Annick Goutal. La base auna lo mejor del clásico Eau de Merveilles con su acorde de ámbar gris convertido en matiz y el acabado que Jean Claude Ellena imprime a sus composiciones: la faceta almizclada amaderada con un toque ligeramente salado. Pero lo más característico es sin duda la unión de notas de vainilla y notas lactónicas para texturizar el iris, algo que separa el Eau Claire des Merveilles de su hermana mayor, el Eau des Merveilles, donde el lirio de los valles era la nota floral protagonista y la capacidad de evocar la idea de presencia recaía totalmente en un ámbar gris más animalístico, más marino y más musgoso.

Eau Claire des Merveilles es más bien la alusión al estado mental necesario para dejarse maravillar. Y aunque dicho así suene superficial, a lo que me refiero es a la diferencia entre desear y gustar: lo cierto es que los seres humanos estamos hechos de modo tal que querer algo nos resulta bastante inmediato, mientras que activar la ruta del placer en nuestro cerebro es un mecanismo más complejo y, por tanto, más costoso para nuestro organismo que siempre tiende a preservar la energía. Obviamente cuando algo nos gusta y además lo deseamos el impacto emocional es muy alto…y es curioso cómo un perfume puede hacernos conscientes de esa reacción afectiva. Revela el proceso emocional. A eso me refiero cuando digo que Eau Claire des Merveilles parece estar hecha para el ensueño.

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