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Mûre et Musc, con su clientela fiel, es un clásico de la perfumería nicho y el perfume insignia de L´Artisan Parfumeur. En su día fue un concepto nuevo y refrescante que enseguida alcanzó el éxito; actualmente el núcleo fragante de Mûre et Musc es un tema ubicuo en nuestra vida cotidiana: almizcles limpios ( cremas faciales, productos para el pelo, detergentes, etc) por eso, para entender un poco su éxito hay que pensar cómo era el contexto en que causó tanta sensación.

Finales de los 70´s. Los perfumes exploraban un tipo de femineidad vivaz y elegante a la vez , con elementos verdes resaltados y notas de iris, gálbano, vetiver,sándalo…Nº19, Rive Gauche, Ivoire. En otros casos estaban comenzando a ser más barrocos y persistentes, anunciando los ochenta, como Opium de YSL. Como alternativa post-hippie del patchoulí algunas marcas también comenzaron a explotar el tema del almizcle. En medio de ese panorama, una pequeña y nueva marca propone un perfume que podríamos calificar de esencialista, pues todo gira en torno al almizcle en una estructura clásica. En el fondo es un olor de piel con estructura de colonia, esa es su genialidad.

Jean François Laporte, fundador original de L´Artisan Parfumeur, se proponía crear algo moderno, por lo que parece que estudió las posibilidades de algunos almizcles nuevos en aquella época que ofrecían la oportunidad de evitar el tema jabonoso, haciendo algo ligero y transparente.

Galaxolide y Musk T son explorados en Mûre et Musc como una reflexión en torno a la cara más amable del mítico material. Galaxolide es un componente típico en el olor de muchos productos cosméticos, es un almizcle gentil: de olor limpio, dulce y floral con toques frutales. Musk T es menos cándido para mi nariz y es el componente que dota a Mûre et Musc de su característico olor, podéis olerlo en toda su gloria pues realmente parece que el perfumista ha hecho un ejercicio de tonalidades en torno a este material.

Musk T huele ligeramente graso y amaderado seco (tipo cedro) a la vez, con una estela cálida y ambarada que contiene trazas de un olor sucio, animalístico (tipo civeta) y un filo especiado (tipo canela) pero según evoluciona muestra una extraña textura a medio camino entre lo empolvado y lo polvoriento con un tono afrutado de fondo.

Lo interesante en Mûre et Musc es que el tema frutal se ha amplificado hasta convertirlo un acorde de bayas rojas ( mora silvestre y frambuesa) que aporta una ténue reverberación dentro del acorde almizclado y que, en ocasiones, gracias al calor de la piel, se intensifica con su dulzor difuso para luego desaparecer, tras dejar esa impresión fugaz de buen olor.

La fragancia en sí, es un ejercicio de tonalidad grisácea con una fórmula breve: un núcleo de almizcles afrutados complementados por algunas notas cítrico-aromático-aldehídicas en la salida y por Hedione, que aquí muestra su lado más alimonado y fresco. Formulada mirando por un lado hacia el pasado: retomando la homogeneidad típica del acorde del agua de colonia, y por otro lado hacia lo que en 1978 se podía entender con miras al futuro: creando la sensación confortable a través de algo sencillo pero no banal, que roza lo minimalista. A mí me hace pensar en la música Feng Shui con sus temas monocordes de vez en cuando aderezados por una suave melodía.

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