Etiquetas

, , , ,

No hay mucho que decir sobre Prada Candy si ya estáis familiarizados con otros trabajos de Daniela Roche-Andrier para Prada. Especialmente si conocéis bien Infusion d´Iris o L´Eau Ambrée porque básicamente Prada Candy es el núcleo ambarado-almizclado que comparten estos perfumes recubierto de notas acarameladas. Desde la salida se percibe con claridad la nube de almizcles suaves y aterciopelados, tersados con benjuí (que se anuncia en sobredosis del 12% pero no se muestra como tal), vainilla, notas azucaradas y otros ingredientes varios de tipo amaderado-balsámico más oscuros que mantienen la fragancia en el territotio tradicional. Más allá de eso, se nos ofrece un surtido de notas dulces de diferente acabado: algodón de azúcar, tofe, vainilla infusionada en nata, dulce de leche, pastelitos de coco o incluso matices de azúcar caramelizándose.

El tema está tratado con mesura-sin olvidar que se parte de un núcleo clásico- por lo que se mantiene cierta elegancia. Y es interesante el modo suave en que se van desplegando los distintos matices azucarados del recubrimiento. Pero, desde la primera prueba, tras haber sostenido en mis propias manos el frasco, una palabra resuena en mi cabeza de continuo: Kitsch. Kitsch. Kitsch.

Kitsch, no en el sentido de objeto sin gusto…sino más bien en el sentido de despersonalización. Y si pienso en la fragancia que es L´Eau Ambrée, esta idea se refuerza. ¿Qué personalidad está expresando Prada Candy?, por mucho que se hable de algo supuestamente “más femenino y excesivo que los anteriores perfumes”, no parece haber algo realmente definido más allá de un producto envasado con un toque retro que juega con la imagen de las pin-up girls y las lolitas.

A menudo se habla de la marca de estilo de una firma que también queda impresa en sus perfumes: es algo que supone una especialidad, igual que los pintores tienen su forma única de usar los pinceles. Un ejemplo paradigmático es la Guerlinade de Guerlain. Chanel solía tener también una forma propia de introducir brillantez en la base, de construir una imagen abstracta y personal a la vez. En firmas de nueva creación, los perfumes Kilian tienen esa base ligeramente animalística, avainallada y con reminiscencias de las barricas en que envejece el cognac. Pero este elemento distintivo, esto que podríamos llamar sello, es algo tradicionalmente intrincado que se va desvelando lentamente con la evolución sin alterar el carácter mismo del perfume al que enriquecen. Porque esa es su función: enriquecer el cárácter del perfume.

Así, podemos oler L´Heure Bleue y Shalimar, reconocer su característico sabor guerlinesco, pero también apreciamos que son dos cosas muy diferentes, con personalidades bien definidas. En Prada Candy, sin embargo, ese sello no posee la propiedad de potenciar las cualidades de la fragancia, algo que estaba tan bien expresada en L´Eau Ambrée. El propio sello de la marca se ha convertido en la fragancia misma y ha sido recubierto de forma golosa para hacerlo fácilmente apetecible. Y es apetecible…pero de muy fácil lectura. Realmente estandarizado, por eso la cantinela del kitsch no se ma va de la cabeza.

La publicidad con que se presenta también explora ese territorio estético, sin ambigüedad, las imágenes muestran una gama de estampas muy efectistas que, en ocasiones, se mueven hacia algo casi cercano al género del burlesque. Todo en un tono muy lúdico y cuidado. Todo muy rico y superficial.

La cuestión es que al final debemos decidir si deseamos o no esa experiencia que ofrece una fragancia tan efectista como Prada Candy o buscamos algo más. Eso entra en el terreno de las decisiones más personales.

Tratando de explicar un poco mejor por qué asocio a lo Kitsch, Prada Candy y todo lo que ello implica, cerraré la entrada con una cita de un autor indispensable en este tema: Milan Kundera.

” En el momento en que el kitsch es reconocido como mentira, se encuentra en un contexto no-kitsch. Pierde su autoritario poder y se vuelve enternecedor como cualquier otra debilidad humana. Porque ninguno de nosotros es un superhombre como para poder escapar por completo al kitsch. Por más que lo despreciemos, el kitsch forma parte del sino del hombre”.
Cita de
La insoportable levedad del ser.

Anuncios