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Rousse (2007), al igual que otros perfumes de Serge Lutens, es fruto de una visión personal de la perfumería; pero Rousse además es un perfume inspirado en los recuerdos de infancia del Sr. Lutens. Concretamente en la imagen de su abuela preparando mermeladas…eso dice la literatura. Sin embargo Rousse, que en francés significa pelirroja, no tiene un tono gourmand directo. Los recuerdos de infancia se expresan por medio de la cualidad cálida de la fragancia donde se entremezclan notas especiadas, balsámicas, empolvadas y florales para crear algo evocador de aquellos perfumes de la Belle Epoque de maravillosas texturas aterciopeladas y cremosas, tan suaves y tan atrevidas a la vez. Lo que Rousse expresa es, en el fondo, la idea del recogimiento y el refugio de un abrazo protector, del que se desprende un olor de piel sublimada.


También se ha dicho que Serge Lutens se inspiró en el magnífico vestido rojo que Frank Sorbier diseñó para el acto final de aquellos 13 conciertos que Mylène Farmer dio en el Palacio de los Deportes de París -Bercy en 2006, de escenografía y montaje grandiosos. Avant que l´Ombre (Antes que la sombra)-el tema de ese acto final- es una canción introspectiva que hace memoria de la vida y plantea el temor y las dudas ante la sombra.

El vídeo de Mylène Farmer es puro espectáculo, y en él se puede ver el vestido en toda su gloria. Yo, como mucha gente, no siempre me detengo a ver los vídeos que me proponen en un blog, pero invito a mis queridos lectores a que si no conocen a esta polémica intérprete le echen un vistazo o tomen nota. Pensad que la escenografía era tan complicada que sólo se pudo representar en un pabellón como es el París-Bercy.

Sin duda, los recuerdos de infancia no están reñidos con las dudas existencialistas pero, en un plano más tangible, centrémonos en el vestido. Ese vestido de terciopelo brocado y estilo oriental recuerda un poco la ola de exotismo que bañó París a principios del s. XX, cuando Paul Poiret recogió el legado de los Ballets Rusos y empezó a crear con líneas intrincadas prendas de aspecto más escenográfico. Poiret fue entonces el pionero en muchas cosas, entre ellas en crear una línea de perfumes en 1911 y ligarla por primera vez al nombre de un diseñador: Les Parfums de Rosine (Rosine era el nombre de su hija mayor). Y si cito a Poiret, no es en vano. No es sólo por el vestido rojo de Mylène Farmer, es también porque Rousse tiene algo de aquellos perfumes originales de Rosine

No es la primera vez que el Sr. Lutens trabaja bajo esta sombra. En Feminité du Bois ya se plantea la idea mediante el uso del Prunol y el cedro especiado. De hecho, el mítico perfume Le Fruit Defendu (1918) de Poiret es en este caso la referencia más clara por su nota dulce-cremosa-frutal con puntos en común con el Prunol, base de la que ya hablé un poco aquí. Pero Rousse, que tiene en común con Feminité du Bois el explorar distintas facetas de la madera mediante el acorde de madera especiada (clavo, canela,nuez moscada), el toque confitado abstracto- aquí más aún- y el Prunol, ahonda más en el tema retro mediante la textura y mediante el uso de un acorde cosmético mezcla de violeta empolvada y clavel.

Con una salida deliciosa de mandarina y canela amaderada y fresca, Rousse evoluciona de forma ambivalente hasta culminar en una base suave, almizclada que es realmente un olor de piel. Aunque el recuerdo de Feminité du Bois está bien presente desde la salida hasta la evolución del corazón de la fragancia, esta familiaridad se combina con otras facetas en un juego entre lo dulce, lo fresco y lo balsámico.

La canela de la salida se va haciendo a la vez más dulce y afrutada, con recuerdos de melocotón y sobre todo albaricoque por un lado; por el otro se va haciendo más amaderada (cedro y sándalo) y seca gracias al clavo, hasta fundirse en un acorde balsámico que resalta el carácter más refrescante de las resinas. En esto participa también una faceta tipo Bálsamo del Tigre. Esa dualidad es una constante durante la plenitud de la fragancia, y se acompaña de un acorde empolvado que recoge el lado más chic de la cosmética retro, la nota más suave del iris y la ilusión de un clavel avainillado floreciendo en el corazón de la fragancia.

De afrutado a empolvado, de brillante a oscuro. Aéreo y denso a la vez. Calmante. Siempre evocando texturas, Rousse llega incluso a sugerir una suave nota de cuero. La base se revela como algo fresco y muy terso, con almizcle, ámbar, vainilla y un vetiver con la faceta ahumada resaltada: un toque que de nuevo es un guiño a aquellos perfumes…

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