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De vez en cuando reviso fragancias ya retiradas; algunas, como Venezia vintage de Laura Biagiotti, casi imposibles de encontrar en su fórmula original. Otras aún se pueden rastrear por la Red. En el caso de Sun, Moon, Stars de Lagerfeld (1994) no sólo eso, sino que también se puede encontrar a su fragancia melliza en una perfumería nicho bajo el nombre de Seven Veils de Byredo. Por supuesto, hay diferencias. Pequeñas. Concretamente, la de Byredo tiene una faceta especiada más directa desde la salida, la de Lagerfeld es más especiada hacia la base. Y la salida es diferente, pero igualmente afrutada. El carácter, el mismo: un oriental cremoso-afrutado con notas florales frescas más o menos empolvadas acompañando.

Sun, Moon, Stars sin embargo lleva la marca de estilo de los perfumes creados por Sophia Grojsman (Trèsor de Lancôme, París de YSL): un sillage infinito, voluminoso, redondeado por notas florales dulces. Pero en este caso tiene un carácter menos lineal, remarcadamente centrífugo y con un regusto sintético que a mí personalmente me recuerda al olor de las muñecas. Por ese recuerdo para mí es sintético pero agradable, a otras personas les puede molestar esa percepción. Sun, Moon, Stars siempre recrea en mi mente una imagen de nebulosa blanquecina y luminosa que se va desenvolviendo, creando un efecto de nube olorosa alrededor del portador. Y es junto con ese recuerdo al olor de las muñecas lo que más me atrae.

La salida de la fragancia es frutal y jugosa, a base de melocotón, piña y mandarina creando un efecto efervescente y tropical en el que revolotea una nube de aromas suaves, ligeros y transparentes de freesia y rosa blanca. La fragancia va expandiéndose y revelando entre capas de notas florales su carácter cremoso sin perder el tono afrutado.

Las notas florales están muy unidas entre sí, formándo la nube pero van mostrando algunos matices de vez en cuando y en algunos aspectos recoge la ilusión de una magnolia. Flor de naranjo, jazmín y narciso en el lado más pesado; clavel para el tema especiado- y para mí percepción una de las notas dominantes-; heliotropo para remarcar la faceta empolvada y enlazar con la vainilla en la base y notas de lirio de los valles para introducir notas frescas, porque aunque parezca un contrasentido, Sun, Moon, Stars tiene un tipo de frescor en su núcleo, húmedo y metálico que lo aleja del territorio de las fragancias orientales pesadas. Hasta llegar a la base donde muestra las notas más cálidas de sándalo, ámbar y almizcle.

Sophia Grojsman ya había hecho algo similar en Eternity Woman (1988) de Calvin Klein. Siempre ha sido una fórmula exitosa, y en el mercado hay otras fragancias que siguen su estela, como Kenzo Amour. Pero Seven Veils de Byredo parece la más cercana. Sin embargo, el concepto de Sun Moon, Stars se me antoja más refrescante con el uso de los elementos cósmicos como evocación de algo lejano, extraño que invita a soñar sí, pero de un modo más imaginativo- en vez de la apelación directa a lo oriental, que tiene que ser exquisita para no caer en clichés-.

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