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*Escena de Kismet o Un Extraño en el Paraíso (1955) de Minelli, con Ann Blyth y Vic Damone como protagonistas.

Dejemos por un momento aparte las reflexiones más formales sobre las diferencias entre culturas. No hablemos de características por el momento. Hablemos de sensaciones. En concreto de la sensación primordial que todos buscamos como fin último cuando nos perfumamos: el sentirnos bien.

Recordemos que no es algo exclusivo del hombre el evitar el dolor y buscar la comodidad, el refugio, aquello que nos es favorable. Dentro de esa búsqueda, en cambio, el ser humano tiene -gracias al lenguaje articulado y la capacidad de abstracción- la habilidad de imaginar. Cuando las personas imaginamos, podemos llegar a teñir las ideas de ensueños con aquello que para nosotros es exótico.

Dejarse llevar por la fantasía y recrear escenarios irreales ricos en detalles y vibrantes en color, donde la imagen está dotada del perfecto equilibrio y los sensaciones pueden fluir sin abruptas impresiones es un ideal de tranquilidad y bonanza. En literatura, cine y otras expresiones artísticas lo relacionado con Oriente (la orientalia) siempre ha sido un medio perfecto para remitir a lo sensual y lograr ese ambiente de placidez y desahogo sin renunciar a la proverbial astucia.

A través de los aspectos plásticos como es la línea sinuosa e intrincada se representa un microcosmos, un espacio simbólico que habla de un fin: la búsqueda de las bondades. Desde esta perspectiva podemos hablar de perfumes que sin ser estrictamente orientales- no producidos en Oriente o que no siguen el esquema académico de la familia- tienen sabor a orientalia.

Para mí, Burberry (1995) es uno de esos perfumes. ¿Por qué? Sin duda porque genera un sentido de bienestar y tranquilidad desbordantes. Porque combina riqueza paradisíaca con mesura. Y porque su acabado es como el de un producto creado con esmero…como un bello bordado que remite al trabajo delicado y preciso. Tiene esa calidez de lo hecho a mano pese a no ser un perfume artesanal…

Continuando con la imagen inicial. Burberry (1995) es como la pequeña Marsinah en Kismet que comienza bella, humilde y prudente y termina siendo la flor de Baghdad. Con una salida fresca y ligera nadie puede esperar el giro que da Burberry. Ni la profundidad que pueden alcanzar sus notas. Ni la suave tersura de cada capa del perfume. Ni la facilidad con que su suculenta fragancia se transforma en un perfume de piel cuyas notas afrutadas se convierten en crema de vainilla.

Pero así ocurre. Del inicio tenue, translúcido, ligeramente efervescente a base de bergamota y manzana verde fresca se va pasando a notas más profundas y secas, con cierto toque amargo-vinoso y herbáceo que aporta la nota de tagetes. Esta fase inicial desemboca en una auténtica cornucopia de notas frutales con profusión de acentos lactónicos para crear un melocotón complejo, intenso pero no saturado, de textura aterciopelada. El albaricoque lo acompaña para añadir un nuevo matiz verde vívido que enlaza con la flor de jazmín que se vuelve puro néctar.

Una gran capa fría reequilibra el corazón mediante la nota de pera cristalizada, cedro y geranio- crear la ilusión de una rosa aromática- y un subtono salado muy profundo de musgo que ancla la composición en el terreno de lo abstracto. Sí, definitivamente Burberry (1995) tiene parte de la personalidad de un chypre frutal-lactónico con su efecto oscuro y empolvado que permite fuertes acentos orientales en la base: una nota muy, muy cremosa de vainilla Bourbon, notas acarameladas pero muy refinadas de tofe, sándalo, almizcle…pero de nuevo todo está reequilibrado por ese acabado seco y algo amargo.

Burberry (1995) es seguramente el tipo de chyprée del que huyen los más puristas amantes del género por esa fuerza hipnótica de la orientalia, sin embargo preserva bien el efecto de elegancia contenida. Y eso aumenta su capacidad de sugestión.

Ahora, guardad bien en la retina la imagen del frasco porque os será de utilidad si decidís buscar este perfume. El perfume fue creado por Michel Almairac ( Gucci Rush, Burberry Body) y salió al mercado en 1995 con el sencillo nombre de Burberry -para mujer-. Años más tarde su nombre cambió y pasó a llamarse Burberry London- y he aquí el problema- cuando en 2006 la firma decidió lanzar un nuevo perfume con el nombre de Burberry London ( el que tiene una funda de paño con el tartan)…el de 1995 volvió a llamarse como al principio. Actualmente en algunos sitios lo pueden llamar Burberry Classic o Burberry Women. Puesto que es algo bastante confuso, la imagen del frasco es de lo más útil.

Una de las canciones de Marsinah en Kismet:

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