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Crudo, áspero, barato, perjudicial incluso son adjetivos que seguramente vienen a la mente de inmediato cuando escuchamos la palabra sintético. La reacción es la esperable, ¿hay alguien que adore el poliéster? Sin duda, nuestra sociedad está saturada de productos prefabricados y realmente sintéticos. Vemos cómo la calidad de vida se reduce y las reacciones alérgicas se multiplican, aunque nada más natural que el polen…Añadamos que alrededor de la palabra “sin-té-ti-co” existe cierta mitología, lo que sólo sirve para acrecentar la confusión. Conviene pues aclarar primero este punto; con tal fin expongo un esquema muy básico pero útil sobre los materiales usados en perfumería moderna. Subrayo moderna, no de corte orgánica-artesanal:

Grupo 1. Extractos, concretos y aceites esenciales como el AE de limón o el absoluto de rosa. Podemos incluir las extracciones fraccionadas en las que sólo se seleccionan una facetas concretas del perfil aromático.

Grupo 2. Productos de origen animal- uso conflictivo y restringido- en forma de tintura. Ej: tintura de ámbargris.

Grupo 3. Químicos aromáticos:

3.a) De los aceites esenciales se extraen componentes aislados, como el eugenol del AE de la especia de clavo. Frecuentemente, de este segundo producto y mediante reacciónes químicas determinadas se puede obtener un nuevo componente. Por ejemplo, del eugenol se puede obtener vainillina. Todos los derivados en este tipo de cadenas son de origen natural, concretamente vegetal, y dan lugar a moléculas aisladas con un carácter propio.

3.b) Derivados petroquímicos como el benceno, el fenol y demás compuestos del crudo sirven como base para reacciones que dan lugar a químicos aromáticos realmente sintéticos. Por ejemplo, del fenol se puede obtener eugenol, pero en este caso ya no sería de origen vegetal.

Estas son las tres fuentes básicas de materias primas en perfumería. Los perfumes más comerciales o aquellos en los que las marcas invierten menos dinero en el jugo son teóricamente 70-100% químicos aromáticos del grupo 3(b). En la práctica, ese porcentaje se acerca más al 100% que a ninguna otra cifra, y los pocos ingredientes que se añadan a la fórmula y sean del grupo 1, se emplearán probablemente en grado ínfinitesimal.

A medida que el presupuesto invertido en materias primas asciende en la previsión de gastos que una casa de perfumes hace para un nuevo lanzamiento, la posibilidad de que se empleen productos de origen vegetal-sean estos aceites esenciales, absolutos o moléculas aisladas- aumenta considerablemente.

Por supuesto, dentro de cada grupo hay grados de calidad que tienen que ver sobre todo con la pureza de la materia prima. La teoría es que las marcas más nicho utilizan los materiales de mejor calidad, pero en este punto nunca hay que olvidar lo difícil que es siempre conseguir buenos proveedores y mantenerlos.

Aclarado mínimamente el tema natural/sintético, la siguiente cuestión es ¿por qué no se usan sólo aceites esenciales para hacer un perfume? Es una pregunta muy frecuente. La respuesta radica en la misma materia.

Pensemos en la esencia de rosa, una de las más ricas. El aceite esencial es un líquido volátil muy concentrado que puede contener cientos de moléculas diferentes, cada una con un olor propio, y que en conjunto crean el aroma característico que nosotros podemos identificar con el de esencia de rosa. Pero esta materia prima no huele como la rosa fresca y, si lo que se busca es retratar la flor, el aceite esencial será sólo un ingrediente de la fórmula, junto con otros compuestos que permitan crear el cuerpo de la rosa y los acentos de la misma ( frescor cítrico, carácter especiado, notas afrutadas). En este sentido los componentes aislados- químicos aromáticos del grupo 3 (a) – son el auxilio del perfumista.

Explicar cómo se hace un perfume no es el fin de esta entrada, ni podría ser el de cien; la idea es dar una visión básica del proceso que ayude a aclarar la confusión que suele haber en torno a los conceptos de natural y sintético.

Un mito muy extendido consiste en creer que un buen perfume es aquel que sólo lleva productos naturales, y por estos productos la gente suele entender sólo los del grupo 1. En realidad, un buen perfume debe ser algo que tenga una forma bien definida, una estructura sólida y una fluída suavidad como parámetros esenciales. En este sentido, las moléculas aisladas como los salicilatos, los aldehídos, los almizcles blancos y un largo etcétera son fundamentales.

Mientras los absolutos, los aceites esenciales y las tinturas forman el núcleo de la fragancia, dan una calidez y un acabado que ningún otro material puede aportar. Los químicos aromáticos permiten crear efectos que enriquecen el producto y lo convierten en algo elaborado y abstracto: lo convierten en un perfume. Porque estas molésculas sirven para realzar el frescor de un aceite esencial o difuminar un carácter, facilitan la creación de puentes dentro del perfume para mantener la tonalidad a lo largo de la evaporación, pueden crear acentos singulares y sobre todo pueden separar las notas entre sí. Asunto clave este del especio entre notas, ya que si no se permite al perfume respirar…pues afectivamente se ahoga. En términos de percepción esto quiere decir que el perfume será pesado, poco definido con un efecto casi turbio de las notas. Pero además, la cantidad de bellos acentos y acabados, la profusión de notas, el brillo de las flores, la fluidez quedarían comprometidos si no se usaran moléculas sencillas.

Las fórmulas deben evitar la redundacia. En perfumería 2+2=5 es la norma. Cada nuevo material que se añade puede modificar el paisaje de forma más o menos dramática. A mayor complejidad del material, mayor posibilidad de ruina. Así pues, no es sólo una cuestión meramente económica, sino también pragmática.

Otro tema muy mitificado y relacionado con la polémica natural vs sintético es la lista de notas o pirámide olfativa de un perfume. Hasta no hace mucho las listas de notas sólo referenciaban productos reconocibles para cualquier persona: pera, rosa, jazmín, vainilla…en los últimos años vemos como se añaden a estas listas palabras como ambroxan, cashmeran, dynamone como estrategia creo yo para afrontar ese problema de los sintéticos de alguna forma. Sin embargo, las pirámides olfativas son sólo orientativas, de hecho sólo pueden ser de ese modo.

Pongamos un ejemplo de lo más básico, una fragancia cuyas notas hipotéticas sean bergamota-rosa-ámbargris. La imagen para el público son esas tres palabras, que sirven de orientación para que el cliente se haga una idea. En principio ese es el fin, porque todos sabemos que existen listas de notas en las que se seleccionan los nombres menos familiares o las procedencias más remotas para crear una imagen de lujo y exotismo que luego no se corresponde para nada con lo que olemos en la realidad. Hay casos y casos. Depende del grado de compromiso que la marca busque con el comprador… De todos modos, tras esas tres palabras habrá una lista más larga de componentes -de mejor o pero calidad, de origen vegetal o derivados del crudo- pero, sin duda, habrá más. Por ejemplo, la bergamota puede estar acompañada de Cyclal C para añadir más ligereza, con algunos aldehídos para dar proyección. otros elementos cítricos como cidra y petit grain para complementar el perfil y así…

La cuestión final ya no sólo será el qué sino el cómo: la dosis y concentración de cada ingrediente inciden directamente en el acabado. Los perfumes de mejor calidad- Alta Perfumeria- llevarán ingredientes naturales en una generosa concentración junto con químicos aromáticos de origen vegetal para lograr crear la forma deseada por el perfumista con mayor precisión.

No quisiera cerrar esta entrada sin volver a mencionar que el tema tratado gira en torno al sector de la perfumería moderna (de autor o de marca, de supermercado o de boutique) pero que existe un sector del mercado muy específico como es el de los perfumes artesanales y orgánico-naturales que trabajan siempre con materiales del grupo 1 y 2. Son una historia muy diferente y queda fuera de las intenciones de este post.

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