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Las notas empolvadas dan el toque de elegancia y delicadeza asociadas a una idea de femineidad clásica; pensemos en la mimosa, el iris, ciertas notas de vainilla, el heliotropo, etc, etc. Frecuentemente podemos encontrar el iris y la rosa ligadas a un acorde cosmético que puede desarrollar una personalidad más frívola y superficial o más entrañable y profunda cuando consigue apelar a recuerdos muy específicos pero muy universales a la vez. Es decir, cuando los jabones con olor a rosa, los polvos de arroz, las borlas de plumas, las cremas, el maquillaje retro chic y demás productos del tocador femenino se convierten en una cita al pasado, a las mujeres que nos cuidaban en la infancia con toda su indulgencia femenina.

Encontrar algo singular en el campo de los acordes cosméticos personalmente se me antoja un reto. Este tipo de composiciones es bastante fácil que sean de lo más anodino con una nota genérica dulce y rosada ocupando toda la evolución sin ningún rasgo distintivo o encanto discreto pero singular que atraiga la atención. Ombre Rose, en este sentido es una fragancia a veces discutida. Hay quienes comentan que la idea es una genialidad y quienes piensan que es una obra inacabada. Personalmente creo que es algo hecho con mucho mimo, que aporta cierto rasgo al género. Sigue a la perfección los preceptos de Jean Charles Brosseau y su estética del lujo discreto marcado por la tradición. Porque con su discurso, en realidad, habla de tradición y de estilo de vida – no tanto de escuela o de historia personal del perfumista-. También apela a lo que todo buen perfumista sabe que te fideliza a un perfume: la base, la que sustenta las notas y el carácter. La base es el perfume y nunca mejor dicho en este caso… Por esa vía además nos recuerda un tiempo pasado en la historia de la perfumería, cuando las notas de base eran algo muy trabajado y rico, y un perfume era una composición llena de materiales naturales que creaban lo que hoy describiríamos como un efecto raro y estático.

El perfume de Jean Charles Brosseau se compuso a partir de una base de perfumería popular en los años 20´s- una base de perfumería (no confundir con las notas de base) es un ingrediente compuesto con la complejidad de un miniperfume-. Ombre Rose no tiene una evolución marcada, es más bien lineal, discreto y cálido. Sus notas no se despliegan como un perfume actual, sino que se repliegan recreando esa sensación estática. El núcleo de la fragancia es floral con un acorde clásico de rosa-lirio de los valles rodeado de un iris empolvado -efecto que se complementa con una discreta nota de canela y el dulzor del heliotropo- Este cuerpo floral introducido por el balsámico ylang-ylang y un seco melocotón está envuelto en una ténue nube de notas aldehídico-empolvadas de las que emana un vago olor de rosa mantecosa y dulce-algo ensombrecida con geranio- que descansa sobre un lecho de notas ambaradas con acabado meloso donde la vainilla y la cumarina juegan el rol principal. Lo que recrea en conjunto Ombre Rose al trabajar sobre esa base y realzarla es un perfume relativamente sencillo que conjura un olor de polvos de arroz muy logrado.

El punto de partida del perfume es mítico: en 1978 el señor Brosseau encuentra algo que le atrapa: una antigua base de perfumería llena de notas almizcladas-avainilladas y con un carácter empolvado. Cautivado por tal olor quiso que su perfume fuese tal cual la base, y a partir de ahí comienza la creación de Ombre Rose, obra de François Caron y Pierre Bourdon (quien muchos años después haría Iris Poudré para Frederic Malle).

Su carácter es de oriental floral marcado por un acorde cosmético de polvos de arroz con un aire ligeramente gourmand. Debido al gran éxito que cosechó en Estados Unidos, supuso el revival de los oriental florales a partir de la década de los ochenta y pasó a ser el paradigma moderno dentro del género rosa-violeta cosmética y cremosa. Hay muchos perfumes que pueden recordar a Ombre Rose de un modo más o menos directo: Paris de YSL, Trèsor de Lancôme, Classique de Jean Paul Gaultier, Lou Lou de Cacharel, Stella de Stella McCartney, Boudoir de Vivienne Westwood y tantos más que la lista es interminable, algunos incluso inesperados como Dior Homme Intense donde hay huellas muy palpables de ese mítico acorde/base…es decir, en realidad hay muchos perfumes actuales deudores de aquella fórmula vintage de los años 20´s.

Pero, lo cierto, es que la singularidad de Ombre Rose es otra. No destaca por la exhaustividad de un acorde retro como pueda ser Teint de Neige de Lorenzo Villoresi, pese a reproducir una nota empolvada muy bonita, sino por el propósito de dibujar algo delicado como es una rosa rosa, y crear para ella una atmósfera dulce que la envuelva. Y esa es su singularidad: lo que aportó el perfume de Jean Charles Brosseau fue la faceta acaramelada pero refinada de tofe de miel, cuyo sabor es suave pero peculiar.

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