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“Considero más valiente al que conquista sus deseos, que al que conquista a sus enemigos, ya que la victoria más dura es la victoria sobre uno mismo” Aristóteles.

Hay una tonalidad característica que todos reconocemos como distintiva y atemporal, la que es resinosa y fresca a la vez que profunda. Esa misma faceta es la que hace que un chypre sea un chypre, y de ella deriva un prototipo de colonias aromáticas muy populares en el sector de la perfumería masculina. Eau Sauvage de Dior es el prototipo.

La renovación del género chypre que no muere en el intento -es decir, que no se limita al patchoulí ambarado con toques de almizcle- pasa por la construcción de un eje resinoso más o menos evidente que atraviesa todo el volumen de la composición. Algunos ejemplos pueden tener más cuerpo como Mandragore Pourpre de Annick Goutal o ser una variación de las Eaux tradicionales como Angéliques sous la Pluie de Edition de Parfums Frederic Malle o la primera fragancia masculina de Sisley: Eau d¨Ikar (2011). Cada uno de estos ejemplos trabaja el cuerpo resinoso de diferente manera, cada uno tiene su particularidad gracias al sabor de los materiales empleados.

En Eau d´Ikar lo que tenemos es un estudio de las posibilidades del lentisco (o mastic) aplicado a una estructura clásica de agua tradicional rica y elegante -compuesta por Vincent Ricord- basada en una fórmula que la familia D´Ornano guardaba desde hace años para uso privado llamada Eau de Lentisque. Y podríamos decir que el perfume de Sisley es al lentisco, lo que Eau d´Hadrien de Annick Goutal es al limón; de hecho ambos acuden a referencias de la Antigüedad clásica para caracterizar sus productos.

Pero ¿qué recoge del mito de Ícaro este perfume? Al contrario que Eau d´Hadrien que evoca el tono melancólico del relato de Yourcenar, Eau d´Ikar refleja una poética más de corte humanista bastante elaborada a través de dos temas: el mito de Ícaro y el aire.

Ícaro escapaba del Laberinto del Minotauro junto con su padre Dédalo gracias a las alas de plumas y cera que éste había construído. Pero Ícaro, deslumbrado por la belleza del sol durante el vuelo quiso alcanzarlo, olvidando el prudente consejo de su padre de evitar el mar y el astro, ascendió. La cera de las alas se fundió entonces por el calor, haciendo que el joven cayera al mar.

Este mito refleja por un lado el afán de superación del hombre a través del personaje de Dédalo que representa la inteligencia creadora y el potencial de progreso unidos a la prudencia ante los excesos. Mientras Ícaro es el símbolo de la temeridad o de la inteligencia que ignorando la sensatez, se extralimita. A sí pues, Ícaro es un recordatorio de la necesidad de discernimiento, esto es, de la capacidad ética de elegir en función de las particularidades. Algo que enlaza con el concepto aristotélico de phrónesis, una virtud o suerte de inteligencia práctica que capacita al hombre a mirar delante de sí y decidir, a encontrar el término medio de una situación concreta.

El aire, que es el elemento de la naturaleza que Dédalo e Ícaro conquistan con su vuelo, marca la estética en el perfume. Tradicionalmente se entiende como un elemento activo y masculino en cuanto que viento. El viento remite al soplo de aire puro que aunque sutil, introduce aire nuevo hasta las entrañas. Y el soplo es también un ejercicio de inspiración. Podemos incluso entender la inspiración en su doble sentido: como una parte de la respiración o como fruto de una mente creadora y preclara. A smart mind, como los británicos llaman a una mente aguda y clara. Y esta es la clave final que caracteriza a Eau d´Ikar: la penetrante claridad.

Como un soplo se comporta. Formulada como un Eau de Toilette, exige reaplicación si se desea llevar todo el día o permite cambiar de fragancia a lo largo de la jornada. Es un modo de hacer perfumería que quizás hoy en día no se aprecia tanto, pero la fragancia rebosa elegancia. Como soplo, también trae algo incisivo, fresco y de matices finos. El responsable de su carácter es el lentisco que ha sido usado en diferentes formas para que permanezca su perfil a lo largo de toda la evolución.

Así, la esencia de lentisco se percibe en la salida como una nota verde pungente de tono resinoso-alcanforado y fondo coriáceo suave. La esencia está apoyada por bergamota para acentuar la parte resinosa y por el limón para dar vivacidad. La parte más terrosa de la esencia de lentisco se refuerza con ese húmedo frescor especiado tan característico de la semila de zanahoria. Esta nota además sirve para enlazar con el iris del corazón, un iris suavemente empolvado y amaderado que junto a un discreto jazmín conforman la faceta floral que apoya al absoluto de lentisco en el corazón de la fragancia. El absoluto de lentisco -que es más balsámico y especiado con una punta verde que recuerda a la de verdura selvática y matices cumarinados– lleva el perfume a un territorio más cálido y herbal. La base es una amplificación de este carácter gracias a notas de labdanum, ámbar gris y de un vetiver que muestra su faceta más balsámica.

Eau d´Ikar tiene una textura aterciopelada pero ejerce un efecto tónico y astringente. La expresión de su personalidad es contenida pero llena de detalles, de perfil clásico y ligeramente rústico. La idea, es ser como un soplo de aire que insufla aliento con su pureza y energía.

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