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*Reloj astronómico de la Catedral de San Pablo de Münster, Renania del Norte-Westfalia

Finalmente me he decidido ha escribir sobre este tema que hace semanas surgió en un diálogo con una lectora y sobre el que he estado sopesando mucho el tono. Por esa razón lo he dividido en dos partes: la primera más teórica y general dedicada a la atención como fenómeno, la segunda enfocada al uso de los aromas de forma concreta. La cuestión planteada es ¿Puede un olor ayudarnos a mejorar nuestra concentración? Y el problema que creo yo encierra esta materia es que las personas adoptamos posiciones polarizadas, entre la ingenuidad que acepta todo y la incredulidad que rechaza por sistema no dejando hueco a más.

Hay quien cree que la Panacea (el remedio universal de todos los males) existe – más aún, que debe existir-, y la busca desesperadamente. Mientras otras personas acuden al término placebo para denostar algo que no se ajusta a lo que es considerado un parámetro válido. La noción de placebo como algo negativo quizás derive de la definición que desde el modelo médico se da a la palabra, esto es, el de un producto carente de principio activo (entiéndase medicina) que logra los mismos efectos que la propia sustancia activa. Es esa “carencia de” lo que se considera negativo ya que no se puede medir, controlar, reproducir, comercializar… de ahí que el término posea ese valor de descalificación. Pero la clave del placebo es que en realidad no se sabe por qué tiene efecto. No es algo negativo, sino algo aún desconocido. Lo que quiero decir con todo esto es que es necesario manejar definiciones que nos permitan trabajar siempre con rigor pero sin cerrar los campos.

Otro problema es que se conocen bastantes datos- muchos a nivel micro- pero no se pueden aglutinar bajo un modelo explicativo que englobe aspectos del funcionamiento neurológico, fisiológico y psicológico del ser humano. Y esa dispersión alimenta la confusión, los falsos mitos, el escepticismo y también las posiciones menos flexibles. Centrándonos en el tema de la atención, por ejemplo, no existe un término único que describa todos los fenómenos conocidos como atención.

No hay dudas a la hora de asegurar que los olores ejercen un efecto en muchos seres vivos ya que el olfato es un sentido de alerta o vigilancia. La vigilancia aquí se entiende como una forma básica de atención relacionada con la supervivencia, de manera que permite detectar y responder a mínimos cambios ambientales que son impresdecibles Ej. presencia de otro ser vivo (un depredador o una víctima), presencia de fuego, etc. A este tipo de atención primitiva también se le llama automática y es innata.

Sin embargo, hay otro tipo de respuestas a los olores que están más debatidas, son las respuestas aprendidas en las que un olor y un evento están unidos por un objeto o por un proceso interno que ejerce una influencia sobre la respuesta del individuo o sobre la percepción misma del objeto. En este caso, un aroma puede o no afectar a otro tipo de atención: la controlada o focalizada. Este tipo de atención requiere de la práctica- no es automática- y se va consolidando a la par que se adquiere el lenguaje en la infancia. Este tipo de atención, además, consume recursos de la persona y parece estar limitada por la capacidad de memoria a corto plazo (el tipo de memoria que usamos para retener un número de telefóno, tomar apuntes en clase, cuando estudiamos, cuando realizamos una actividad no automatizada, etc)

Pero ¿qué se entiende por concentración?…la respuesta corta es que es una característica de la atención. Entonces ¿qué es la atención?…

William James ( hermano del escritor Henry James y filósofo) dijo a fines del s. XIX “Todo el mundo sabe qué es la atención. Es el hecho de que la mente tome posesión de forma clara y vívida entre varios supuestos objetos o líneas de pensamiento simultáneas”

Lo que W. James plantea es que al menos todos manejamos una definición lega de lo que es la atención ya que por experiencia sabemos muy bien como nos afecta. Esta definición también marca un aspecto crucial de la atención: el de la selección de un objeto en el ambiente exterior. Quizás parezca algo obvio, pero vivimos rodeados de miríadas de estímulos, aunque sólo percibimos aquellos para los que nuestros sentidos están preparados con el fin de asegurar la supervivencia: no oímos todos los sonidos, igual que no vemos todos los colores del espectro.

Frecuentemente el uso de un sistema sensorial influye en la percepción derivada de otro Ej: la relación olor-sabor, es decir, ningún sentido se basta por sí sólo para suscitar una respuesta ya que muchas áreas sensoriales del cerebro (áreas de asociación) no representan exclusivamente una única modalidad sino la combinación de información procedente de diversos sentidos. Esto que es muy abstracto, en la práctica puede significar que ante la imagen de una comida apetitosa se nos haga la boca agua o que percibir un aroma agradable haga que disfrutemos más de una pieza musical. Más concretamente, se sabe que la percepción y el reconocimiento del olor de un objeto están influídos por un procesamiento de la información orquestado por el sistema visual. Una prueba de esto es cómo determinados colores pueden afectar a la percepción de un olor. Así es nuestra sensibilidad.

Lo que debemos recordar entonces es que la selección de un estímulo entre los infinitos posibles es una característica principal de la atención, y que además es una propiedad de los procesos de percepción ( visión, olfacción, audición, tacto, gusto, dolor, etc) que permite que la experiencia no se desorganice, es decir, facilita que los datos se dividan en figura/fondo para hacerlos aprehensibles.


¿Veis un arco o un pórtico? ¿Son tres columnas o dos pilares?

Sin embargo, en el ámbito de la aromaterapia (uso de aromas para influir en el humor y la salud) otras características de la atención son importantes (Kahnemann), ya que se pueden manejar olores concretos que inciden sobre ellas:

-La concentración
-La distribución de la atención.
-La estabilidad de la atención.
-La oscilación de la atención.

Todas ellas se relacionan, formando las dos caras de una misma moneda pero este es el tema a tratar en la segunda parte.

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