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* Still Life por Frédéric Lebain

Tema entonces foto entonces perfume. Esta es la cadena de creación que se establece en Olfactive Studio (Still Life, Chambre Noir, Autoportrait y Lumière Blanche hasta la fecha). Concretando, Naturaleza Muerta entonces After Party entonces perfume inspirado en cóctel de yuzu y ron.

Éste es el único perfume cuyo nombre está en inglés para evitar la connotación de la expresión Naturaleza Muerta, y permitir el juego de palabras entre el Aún Vivo y la inercia de las bolas de brillos retratadas en dos dimensiones. El uso de la obra dentro de la obra siempre recalca que estamos ante un artificio producido por el hombre. Fréderic Lebain ha imprimido a través de la tensión entre realidad, representación y significados modernidad a la imagen. Fotografiando lo que queda de la fiesta no renuncia al simbolismo tradicional de las natularezas muertas que remarcan la fugacidad del tiempo. Pero ahora esa fugacidad es otro producto más de consumo, mientras el cuerpo resista.

Lo que Dora Arnauld (Firmenich) interpreta mediante un acorde de yuzu y ron es: la fiesta no tiene fin. Destacable de este perfume es el tratamiento que reciben las notas cítricas. Son muy potentes y concentradas. El yuzu al inicio es muy legible e impactante, con mezcla de tonos secos y dulces de la lima y ásperos y amargos del pomelo, y potenciado por los rasgos más alimonados del elemí, luego sus facetas se van dispersando y reflejando a la vez en las especias. La pimienta de Sichuán es una nota importante, predomina sobre la pimienta negra y la pimienta rosa, con su peculiar aroma amaderado-anisado sirve de puente para el corazón verde y frío centrado en un gálbano fino y en notas refrescantes anisadas (¿el hielo?). Hay dos temperaturas en la evolución del perfume, no chocan, sino que se mecen evitándose y encontrándose sucesivamente. Ese esfuerzo por imprimir ritmo al perfume tiene interés, las notas parecen gravitar por efecto de un núcleo resinoso.

Otro aspecto destacable es que los cítricos no son translúcidos sino opacos y no se apela tanto a la capacidad revitalizante-regenerante de estos frutos como a la idea de energía. Still Life parece un concentrado para potenciar la segregación de adrenalina a base de especias maceradas en jugo de yuzu.

Como las fragancias cítricas tradicionales, sigue el esquema de tronco de pirámie invertido, con el mayor volumen de notas al principio y apagándose hacia la base. La nota de ron no es muy sólida, sino que se diluye en un sabor convencional…una mezcla de ambrox + vetiver + otras moléculas de tonos amaderados que actualmente satura la base de las composiciones de bastantes perfumes del circuito nicho y que el público ya conoce desde hace tiempo gracias a Escentric Molecules 02. Así pues, Still Life, como fragancia tiene sus puntos fuertes pero también sus puntos débiles.

Cèline Verleure, quien puso en marcha el proyecto de Olfactive Studio, viene del mundo del marketing (Helena Rubinstein, Kenzo, Osmoz), y con su experiencia y visión, decidió crear su propia marca de perfumes. Es un fenómeno cada vez más frecuente estos días que alguien de este paso. Cualquiera que se plantee abrirse camino en un negocio sabe que es difícil encontrar un hueco para el producto. C. Verleure, aplicó la regla de oro del mercado para lograr este objetivo: crear una expectativa antes de ofrecer el producto. Aprovechando la rapidez de propagación y feedback que generan las redes sociales, abrió en Facebook la página “El blog del perfume que no existe (aún)” y planteó a sus seguidores parcitipar en el proceso de creación de su marca. Ese fue su canal de promoción.

En un contexto como el de las redes sociales, donde los tópicos de ¿Es la perfumería un Arte? o ¿Qué es la perfumería nicho? se discuten con regularidad, Olfative Studio difumina el debate al introducir la fotografía como lenguaje legitimador que por un lado renueva tradicionales géneros artístico como la naturaleza muerta o el autorretrato o reflexiona sobre técnicas como la cámara oscura o elementos como la luz blanca; mientras es por sí misma un género. La fotografía es una elección que imprime sensación de modernidad- es algo instantáneo aunque se pose- y a la vez es fácilmente reproducible. Cada caja de perfume lleva en su interior la fotografía en la que se inspiró el tema. Un plus para el cliente.

Toda la elaboración y estética parece muy innovadora y prometedora, pero ¿es así realmente? Si bien la teoría es muy atractiva, la práctica siempre tiene sus propios problemas. Y el principal problema en Olfactive Studio es que plantea un sistema abierto mientras en realidad es bastante oclusivo, expone varios niveles para el análisis que saturan el campo y, al final, lo que debiera ser un efecto de sinergía que creara una obra global ( el lema de la marca incluso está en alemán: Kunst-Fotografie meets Parfumkunts- El Arte de la fotografía encuentra el Arte del perfume-) es en realidad una paradoja. Sencillamente la sensación de que todo está demasiado medido, demasiado diseñado para lograr esa vibración cosmopolita y urbana lo que provoca es estancamiento, compartimentos estancos…no hay fluidez.

Los perfumes están construídos con una paleta muy concreta de materiales: maderas, resinas, especias, y materiales de síntesis que den fijación en la base como ambrox, almizcles, etc. De nuevo, todo muy controlado para alcanzar el efecto de propuesta innovadora. La fotografía se presenta como la mayor indicación dada al creador de perfumes para que interpretara la imagen. Pero lo cierto es que en todos los perfumes se mantiene las misma paleta- nada de flores ni aldehídos detectables, todo pretendidamente cool-lo cual lleva a pensar mucho acerca de los límites en la libertad de creación. Por otro lado, los perfumes fueron elegidos por concurso: el proyecto se plantea, cada uno hace su propuesta y se elige la pieza ganadora. No es un trabajo de colaboración entre el director artístico de la marca que tiene una visión y el creador del perfume al que se acude por su estilo. La técnica del concurso es usual, es cierto, y de ahí también han salido grandes perfumes- como fue el caso de Poison de Dior y muchos otros- pero en cierto modo, a mí no me cuadra con el marco que plantea inicialmente Olfactive Studio.

El Arte desde las vanguardias en adelante, planteó siempre una relación con el espectador diferente a la tradicional basada en la contemplación, una relación que involucra al espectador y le brinda la oportunidad de completar la idea recurriendo a sus propias experiencias. Algunas propuestas actuales en la perfumería de autor dejan ese espacio (Serge Luntens, Annick Goutal) y otras tienen ese firme propósito lográndolo en algunos casos (Kilian y L´Ouevre Noire). Pero Olfactive Studio lo expone todo con detalle, no hay misterio, hay diseño.

Las fotografías pueden ser evaluadas perfectamente con independencia de los perfumes, y el nivel de artisticidad en cada caso no es continuo sino variable. La sinergía, esto es, el resultado superior que se debería obtener por la acción conjunta de cada causa ( fotografía+perfume), queda comprometida. Dicho de otra manera el efecto, en términos sistémicos, del 2+2=5 se volatiliza: tenemos un perfume, tenemos una fotografía. El intento de lograr esta unión es plausible, y los perfumes en sí mismos merece la pena probarlos porque son interesantes pero, si ofrecen una obra global eso es lo que al final esperaría encontrar.

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