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*Azulejos de Iznik con motivos de tulipanes, claveles, jacintos y granadas.

Atravesando el Bósforo es un nombre con espíritu de encrucijada. El Bósforo representa la puerta entre Europa y Asia, un lugar transcontinental difícil de clasificar, en el que confluyen tres mares y cientos de batallas a lo largo de la Historia, bajo diferentes civilizaciones que gobernaron la zona. Un lugar tan complejo no puede ser fácil de retratar, siempre habrá otro cristal que refleje otra realidad. La acción finita es difícil de concebir, incluso como imagen metafórica de un viaje interior: el Bósforo siempre se está atravesando. En cierto sentido es un destino que invita a perderse en uno mismo, una suerte de naufragio a través de la saturación de los sentidos, como Venecia.

Un enclave que siempre señala a otro lugar es un lugar que puede enseñar nuevos parámetros para la propia vida: principio y fin de la sensibilidad del viajero, que siempre supone una experiencia inacabada, porque la conclusión de algo es el inicio de otra cosa y así, siempre estamos a las puertas de un lugar, cruzando el Bósforo. Mientras el paisaje del otro lado se va difuminando y haciendo cada vez más pequeño, hasta convertirse en un punto y después sólo es horizonte. Algo se ha escapado mientras buscábamos.

Languidez y laconismo son las dos palabras que mejor podrían definir Traversée du Bosphore, porque es una búsqueda casi desesperada por hacer un retrato minucioso y a la vez sutil del lugar visitado. Diez días para Bertrand Duchaufour en Estambul, en primavera, durante la estación del tulipán, buscando el tema correcto para crear un perfume oriental que fuera diferente a los prototipos ya conocidos. El tema elegido: un cuero fino, suave y aterciopelado como ante blanco, muy refinado y seco insertado en el contexto confitado de un semi-oriental amaderado y sutilmente especiado.

El perfume representa un compendio bien combinado de elementos tradicionales descontextulizados lo que reencuadra el género en algo un poco diferente, pero aún bastante familiar. Es un perfume de fusión con varios puntos interesantes y citas reconocibles: numerosas notas verdes y amargas que acentúan el cuero rememorando Bandit de Robert Piguet, esta faceta fiera está velada por un entrañable acabado atalcado y complementado con un clásico acorde floral-sedoso de lirio blanco construído a partir de rosa y almizcles a la manera del elegante Baiser Volé de Cartier- perfume con el que comparte notas-. Si Estambul es un crisol de cultura e historia, Traversée du Bosphore es un crisol de facetas nuevas y viejas que buscan sofisticar al máximo dos texturas básicas: cuero y talco.

El núcleo del perfume es una nota de ante que deriva de la gran cantidad de almizcles blancos que conforman la base del perfume, especialmente de una nota de muscona. También hay bastante vainilla y un toque muy sutil lactónico de coco para apuntalar esa colosal cúpula de almizcles; mientras el revestimiento exterior es un alicatado de minúsculas teselas con gran variedad de tonos verdes, rosados y púrpuras entre la parte alta del perfume y el corazón, frente a una base en la que el cromatismo se disuelve en una especie de grisalla: al final, los almizcles devoran la filigrana.

En realidad la salida es la parte más bonita y compleja de Traversée du Bosphore: un ténue recuerdo de la nota de junquillo de Dzing! introduce el cuero acompañado de un tono verde jugoso y amargo de pomelo-ruibarbo contrastando con la acidez de la manzana roja y la granada que adelanta brevemente la coloratura rosácea y el recuerdo de un jarabe de frambuesa que más tarde se desarrollará junto a la rosa. También hay un efecto aldehídico frutal ligero con recuerdos de pera y albaricoque…todo eso es el principio, el rico principio aderezado con alimonado y terroso jeginbre y bastante clavo, una especia que va a permitir crear una armonía floral cercana a la azucena para realzar otro acorde clave del perfume: el tulipán.

El tulipán es la flor de Turquía; durante el albor del Imperio Otomano en los jardines de Estambul se llegaron a cultivar casi 1600 variedades y su nombre en lengua otomana contiene las mismas letras que componen la palabra Alah, por lo que fue y es un motivo decorativo y simbólico muy presente. La nota de tulipán se encarga de reforzar la parte amarga-terrosa-coriácea del azafrán y de matizar el acorde de suave cuero con una impresión fresca, vegetal y verde muy característica, que recuerda al olor verde mantecoso que tienen los capullos de otras flores de bulbo como las dalias o el ciclamen. El concreto de iris aquí es un pequeño toque para matizar esa nota floral y darle un tacto satinado. Sin duda, el tulipán, con su contraste de verdes sólidos y acuáticos disimuladamente anisados es la parte más interesante del perfume.

Poco a poco ese verdor se va transformando en algo dulce, cálido y seco: una nota de delicia turca basada en rosa-vainilla y pistacho ( algo entre almendra y chocolate blanco). Es este un dulzor peculiar porque tiene una cualidad fina y sedosa como la flor del almendro pero al fundirse con la nota seca y mate del talco parece una ilusión etérea.

Traversée du Bosphore (Les Voyages Exotiques) es como una visión entre la niebla más que una imagen en perspectiva, pero paradójicamente intenta ser una visión detallada y por esa contradicción que implica cierta pérdida hay un valor ambivalente en el perfume: es bello e imperfecto.

Hay muchos detalles de calidad comenzando por el tipo de dulzor: concentrado y a la vez fino en el que se entrelazan amargas pinceladas que sugieren tonalidades verdes. También es interesante el contraste entre texturas: cuero sedoso-ante aterciopelado, talco mate , pétalos esmaltados…pero pese a todo eso parece que falta algo, o quizás que sobra algo porque es muy exhaustivo en el planteamiento de los matices, en este caso micromatices, con mucho empeño por hacer transparentes las notas más densas. La maestría de Bertrand Duchaufour está bien patente en ese sentido pero algo queda sin resolver.

Finalmente el viaje genera más sentimiento del que podemos asimilar: siempre estamos atravesando el Bósforo. Esta imagen lleva implícita una gran carga emocional con un transfondo melancólico. No encuentro mejor expresión de ese sentimiento que a través de una música que es fruto de la fusión de culturas orientales, europeas y sefardíes como es la música sevdah, tradicional de Bosnia-Herzegovina, cuyo nombre deriva de un vocablo árabe con el que se designaba la bilis negra que se corresponde con la melancolía en la teoría de los humores hipocráticos. U Stambolu na Bosforu ( En Estambul, en el Bósforo), versión interpretada por el tenor Eldin Huseinbegovic acompañado por la coral femenina Arabeske en el concierto Moj Sevdah a cargo de Hari Varesanovic en Sarajevo, octubre de 2008.

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