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*Tapiz con un naranjo de William Morris.

El fin del estío. El aire limpio y la brisa fresca; la luz del sol más blanca y tamizada y las tardes aún tibias mientras la tierra se enfría y comienza a desprender un olor mineral. La atmósfera parece más equilibrada cuando la dominan estas contradicciones ténues que la llenan de promesas difusas. Aún no es otoño. El aire está lleno del nuevo perfume de la tierra, es la atmósfera perfecta en que cada olor parece atomizarse. Todo se desenvuelve molécula a molécula.

Aún no es otoño. Después vendrá el frío y la lluvia. Los perfumes se cerrarán, se harán compactos. Estos son los últimos días del año para disfrutar de esa sensación de perfume sin más, ligero y dramático a la vez, transparente y luminoso.

Quiero atrapar todas esas sensaciones. Hay perfumes especialmente bonitos en este momento que me ayudan en mi quimera: se desenvuelven emulando ese equilibrio perfecto con laxitud y determinación, definiendo una presencia. L´Eau de Tarocco es uno de esos perfumes capaces de recrear un paisaje olfativo abstracto e íntimo. Como los cuadros de Paul Klee. Incienso húmedo y una naranja atomizada cristalizan esa atmósfera.


* Ad Parnasum de Paul Klee (1932)

La naranja roja siciliana tiene un gusto aldehídico y más afrutado, con un toque de bayas rojas efervescente que facilita jugar con esa idea de atomización frente a la clásica pulposidad cítrico-floral de la nota tradicional. La variedad Tarocco tiene un gusto especialmente afrutado.

L´Eau de Tarocco está construída como esta pintura de Klee, con microfacetas como teselas multiplicadas en un plano transparente. Llena de contrastes. Es fresca porque es cítrica pero es cálida porque tiene un fondo de delicia turca que desprende la mezcla de esta fruta con la canela. Con su aroma de oriental suave su efecto es el de un perfume elegante con la faceta aldehídica permitiendo desarrollar un tema floral abstracto apoyándose en una nota de pétalos de magnolia y té de jazmín junto a la difusa tonalidad marino indólica del Magnolan -un material también presente en Un Jardin sur le Toit– gracias al que la composición tiene ese efecto de hojas húmedas, emparejando abstracción con naturalismo de forma sorprendente.

Tras esa representación de naturaleza una voluta de incienso va difuminando la escena, sombreado por azafrán, ahonda en un tema más terroso hasta que el perfume se disipa en una nube de humo almizclado. El aroma de la naranja se ha ido desentrañando poco a poco, en un trabajo de analítca minuciosa hasta relajarse y dejar sólo una sensación seca y empolvada de cedro y almizcle suave muy cálido.

El verano aún no ha terminado y aún no es otoño. Quiero un perfume que no sea perfume para este momento, que me deje una impresión perfumada sin más, reteniendo esa sensación de los días que transcurren apacibles sin más, igual que las fotografías en tonos sepia dan la impresión de otra era, deteniendo el tiempo por un instante, sin más.

L´Eau de Tarocco es mi idea de perfume sin más, ¿cuál es la vuestra?

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