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*Pomo oloroso de naranja y clavos.

El flujo de la Historia hace que ciertos valores cambien, mientras las inquietudes humanas se mantienen constantes. El perfume, cuya etimología per fumun (a través del humo) delata su origen mágico-ritual, no ha estado exento de estos vaivenes. Aquellos rituales no se pueden separar de las primeras técnicas curativas practicadas por la humanidad. Las sustancias eran elegidas o bien porque su olor era penetrante y primigenio recordando cosas como la tierra húmeda, o porque su intensidad de olor o color atraía y, más tarde, se podía comprobar que esa planta tan fragante o tan bonita poseía propiedades curativas. Así el lirio blanco, el azafrán, el nenúfar, la rosa, la tuberosa, etc se convirtieron pronto en plantas elegidas, domesticadas mediante el cultivo.

Esa dualidad olor atrayente-propiedad curativa no se ha diluído, pero se ha transformado a través de distintos caminos. Hoy encontramos discursos que van desde la seriedad profesional, al esnobismo, la sofisticación llevada a la obsesión o la exaltación de los modos más rústicos…o términos medios en los que estos extremos se enmascaran esperando a que surja una nueva moda que rescate del olvido alguna de las viejas recetas. Pero de lo que no cabe duda es de que los olores tienen diferentes propiedades gracias a una composición específica. Y aprender a usarlos correctamente conlleva estudio y práctica.

En este devenir de las cosas hay un concepto que permanece obvio y olvidado: el de atmósfera. Con frecuencia ha sido un término usado en el blog para describir un perfume; con frecuencia la gente ha preguntado qué valor tenía el adjetivo atmosférico en ese contexto. Detengámonos hoy un poco más en ese concepto.

La palabra atmósfera invoca el concepto de clima de manera inmediata. Pero también puede denotar el estado de ánimo/humor de una reunión y este segundo uso es el que deriva del significado primitivo del la palabra. En origen atmósfera apelaba al olor y el humor de un lugar; de ahí que un perfume pueda ser calificado de atmosférico cuando es capaz de inducir una sensación de espacio, y ese espacio no puede concebirse sino lleno de aroma y de emoción. Ese lugar, podrá ser un recuerdo o una fantasía pero provoca algo real. Etéreo y real.

Usamos perfumes por muchas razones pero la principal es para sentirnos bien, y un modo de sentirnos mejor es tener la oportunidad de disfrutar de un espacio propio. Algunas personas sienten esto como una necesidad muy marcada, otras menos. Pero una necesidad al fin y al cabo.

La tradición nos ha enseñado que un ambiente relajante está lleno de olores amaderados, cálidos, secos que recrean la idea de cobijo y espacio interior u olores a hierba recién cortada que invocan la sensación de aire fresco, de regeneración. Los perfumes de ambiente nos ayudan a potenciar esa sensación en casa, pero también podemos insinuarla con el perfume. Creamos una burbuja de protección, creamos una atmósfera. Sin embargo este no es un uso exclusivo de nuestro tiempo, sino una vieja costumbre profiláctica. Aunque el valor psicológico que le otorgamos hoy sí sea diferente.


*Dama con pomo oloroso de Pieter Pourbus

Durante la Baja Edad Media y el Renacimiento la amenaza de la peste popularizó el uso de los materiales aromáticos como forma de limpiar el aire y crear una atmósfera sana. La búsqueda de un aire que no fuera un amenaza era algo más que una obsesión. Era una época en la que no había agua corriente, el jabón era prácticamente un privilegio, la canalización del agua en muchos lugares ni siquiera era un proyecto… el ambiente podía llegar a ser algo muy pungente, cargado y desagradable. Para combatir ese aire pesado los más privilegiados llevaban consigo objetos muy perfumados, entre esos objetos destacaron -por su popularidad- las bolas de plata u oro repujadas que contenían un material oloroso. En origen ámbar gris, pero este material de muy elevado coste pronto fue sustituido por fórmulas que trataban de emular su olor, o incluso se buscaban sustitutos también exóticos pero menos valiosos como una nuez moscada engarzada en plata. Estos objetos se conocen como pomme d´ambre / pomander (manzana de olor, pomo de olor).

Al principio eran la alta aristocracia y los eclesiásticos los principales portadores de estos objetos pero la emergencia de una burguesía comerciante, con poder adquisitivo creciente, durante finales de la Edad Media marca el inicio de las modas cortesanas que permitían exhibir los símbolos de estatus del momento. Un objeto precioso con poder curativo podía ser lo más de lo más a la hora de señorear, así que las manzanas de olor se convirtieron en una de estas modas, una muy popular. Dado que el ámbar gris aún era algo escaso y privativo, las bolas de metales preciosos repujadas comenzaron a contener elaboradas fórmulas que mezclaban materiales caros como las especias o las resinas.


Pomo de olor (pomander) de plata de mediados del S.XVII.

Los primeros pomos de olor eran más sencillos: cuentas hechas de una pasta olorosa o bolas que se abrían a la mitad para albergar el material oloroso; luego se fueron haciendo más sofisticados hasta convertirse en refinados artilugios que podían desplegarse en varios gajos y cada uno de ellos contendría un material diferente. A medida que el diseño se complicó, surgiendo detalles ingeniosos y adornos muy elaborados (esmaltes, incrustaciones de piedras), las atribuciones de poder curativo aumentaron, hasta alcanzar el estatus de amuleto capaz de proteger de todo mal. El olor comenzó a compartir poder curativo poco a poco con las gemas preciosas y las inscripciones. Las piezas también podían desarrollar formas alegóricas que evidenciaran la transitoriedad de la vida o encerrar mensajes satíricos.

Todo un conjunto de elaboradas piezas acompañaban a las personas más pudientes con el deseo de crear una atmósfera saludable…este antecedente de nuestro actual concepto de sillage estaba cargado de valores clasistas, y así se refleja en las pinturas de la época. En la búsqueda por formas cada vez más originales y exclusivas no había límites.


*Retrato del dogo Lorenzo Loredano de Gentile Bellini (1501) donde los pomos de olor tienen forma de caracol.

En la actualidad tenemos objetos y prácticas heredadas de aquellos tiempos. Los pomos de olor hechos con naranaja y clavo fueron una versión vegetal y económica que ha sobrevivido al paso del tiempo y hoy en día es una costumbre navideña colgar estos pomos de olor en el árbol o ponerlos en rincones de la casa o regalarlos. Pero también hay firmas que ofrecen en su catálogo objetos inspirados en aquella moda medieval, como el ambientador de La Boule d´Ambre de L´Artisan Parfumeur . Hoy los perfumes de ambiente tienen un sentido diferente, ya no se usa el perfume para combatir la amenaza de contagio, sino para incrementar el bienestar. Y el bienestar es algo tan necesario como el aire o la comida. La Organización Mundial de La Salud define que “la salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”.


*Colgante de Simone Cosac para la versión sólida del perfume Perle di Bianca.

Atmósfera (1º parte): pragmática y bienestar , una reflexión sobre el uso del perfume en contextos hospitalarios.

Atmósfera (3ª parte) Pomme d´Ambre , podéis encontrarla aquí.

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