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El aire en otoño se vuelve aromático y penetrante, lleno de matices intensos a musgo, a tierra húmeda, a hojas secas y raíces. Aromas de personalidad telúrica que lluvia y viento se encargan de avivar y extender. Olores primigenios a tierra, madera y resinas; nobles y profundos, oscuros y frescos, que conforman un equilibrio complejo de facetas intrincadas. Un cúmulo de riqueza aromática que algunos perfumes pueden traducir mediante una estructura chypre, fougère, de oriental amaderado, de flor blanca radiante y dramatizada o de cítrico oscuro; con abundacia de pomelo, vetiver, gardenia, naranja, sándalo, mirra, notas de ámbar seco. patchoulí, musgo, geranio, cedro, pino, jazmín verde o resinas varias que remiten a un contexto boscoso.

Uno de los recuerdos más marcados de mi infancia es el olor del otoño o la posibilidad de sentirlo plenamente. Igual que el mar en verano. En el patio de mi colegio había varios árboles: robles, abetos, higueras, sauces llorones, un fresno e incluso un árbol seco que marcaba el inicio de la pendiente que había que bajar para formar fila, y el propio colegio estaba rodeado de tilos y fresnos. Siempre me gustó el colegio, pero creo que aquel patio de recreo lleno de naturaleza contribuyó en gran medida porque allí todos los niños y niñas podíamos jugar con mucha libertad. La vuelta a las clases y a las mañanas frías suponía un reencuentro con aquella vegetación que yo observaba maravillada. Luego, más adentrado el otoño, cuando el olor de la tierra se intensifica, era ir al bosque de fin de semana a recoger setas y castañas, aquello era otoño en todo su esplendor. Siempre me ha gustado sentir el cambio de las estaciones a través de la luz y los olores, y probablemente mi época favorita del año sea el verano tardío y el otoño temprano. Atmósferas memorables.

Por supuesto, la metereología afecta a los ciclos de vegetación en función de la latitud en que cada uno se encuentre. Y estos ciclos son, en buena parte, responsables de los aromas que caracterizan una estación y un lugar. Cada uno atesora recuerdos diferentes porque vive las estaciones de distinta forma. Desde la floración a la maduración de la fruta y la caída de la hoja, el verdor de la vegetación caracteriza el aire que respiramos. Las plantas mediante la fotosíntesis no sólo regulan el ciclo del carbono, que es vital para la composición de la atmósfera, sino que también transpiran agua del suelo a través de las raíces y la liberan a la atmósfera regulando temperatura y humedad.

Cuando llega el otoño, el verdor retrocede progresivamente y, por tanto, la transpiración vegetal disminuye. Incluso los árboles de hoja perenne se inhiben y concentran su actividad en las raíces. Todo se concentra ahora en el suelo. El ambiente va cambiando porque hace más frío, los árboles ralentizan el ritmo en que modulan los gases de la atmósfera y la luz se vuelve más cruda y opaca progresivamente. También la ausencia de verde es culpable de esto: el verdor puede reflejar más luz solar.

La energía viaja por los árboles de las hojas a las raíces: durante la estación de crecimiento las plantas acumulan las sustancias de desecho en las hojas, que a su vez proporcionan a las plantas sustancias nutritivas. Así la hoja envejece mientras se oxida y pasa del verde al amarillo y de ahí al naranja y al ocre, hasta que ya no tiene nutrientes y comienza a producir una sustancia resinosa que obtura el tallo, volviéndose frágil hasta desprenderse.

Las hojas de otoño son algo más que hojas secas, son agentes aromáticos. Desde las resinas que producen recordando un poco esa faceta que tiene el musgo, al olor que recuerda al sándalo cuando están secas, o al vetiver cuando se queman o al humus cuando se humedecen… También son teselas que cambian el paisaje con sus colores.

Mientras el frío está en el horizonte, el otoño invita a cierta melancolía reflexiva pero también al disfrute de las bondades que nos brinda la tierra. La propia etimología de la palabra otoño lo revela: auctus+annus. Auctus es un participio del verbo augeo ( aumentar) y la expresión auctus annus se usaba en la antigua Roma para designar el momento de la plenitud del año, aquel en el que las frutas están maduras y la vegetación llega al final de su ciclo. Época de cosecha. Para el calendario irlandés, el año termina con la cosecha y la celebración de Samhain.

Abundancia también de olores. Ya no es el brioso fulgor del reverdecer primaveral y el esplendor de cientos de pétalos cuajando árboles y campos. No, es más una energía interior porque los olores ahora remiten a la tierra que con toda su riqueza y oscuridad nos ofrece un frescor profundo y duradero, balsámico. Así, las violetas con su aroma regenerante adquieren una dimensión más profunda, o las resinas por su olor penetrante resultan más atractivas. La fruta oscura y el vino joven que aún recuerda a la uva, la riqueza aromática del patchoulí y el musgo de roble, las facetas ozónicas del olor de la tierra cuando se enfría que recuerda al frescor radicular del iris. Incluso hay rastros florales en el otoño temprano, son limpios como el jazmín musgoso de Love and Tears, o cálidos y dulces como Une Fleur de Cassie.

Hay perfumes que para mí representan el otoño, mejor dicho, la atmósfera equilibrada y compleja del otoño. Unos son más melancólicos, otros algo más fantasiosos, pero en todo caso es una apreciación personal que hoy quiero compartir aquí. Mi opinión sobre listas de perfumes la expresé hace tiempo, no pretendo invitar a pensar que poseo un frasco entero de cada cosa que cito. Soy fiel a mis perfumes, pero probar olores nuevos que dibujan paisajes en mi imaginación siempre es un recreo, un poco como el patio de mi colegio. Esta es una lista de los que yo encuentro especialmente interesantes:

-El patchoulí más fino de Straight to Heaven by Kilian.
-El espléndido iris de Iris Poudré de Editions de Parfums Frederis Malle, el afrutado de Love in Black de Creed o el luminoso y casi tropical de Chanel Nº5 Eau Premiére que se me antoja perfecto.
– La perfecta violeta que florece en La Violette de Annick Goutal.
-La gardenia dramática que complementa el nardo y el clavel en Honour Woman de Amouage.
-El noble sándalo de Santal Majuscule de Serge Lutens y el más sensual de 10 Corso Como.
Mitsouko de Guerlain por su rica nota de melocotón.
-El musgo es una nota clave en otoño, en Passion de Annick Goutal es aromático y acaramelado, en Chypre Rouge de Serge Lutens sostiene un carácter afrutado y especiado.
-Los perfumes de naranja elaborados y diferentes como el Eau de Merveilles de Hermés.
– El vetiver elegante y transparente de Coeur de Vetiver Sacre de L´Artisan Parfumeur.

Y para terminar, regreso al inicio, a las hojas secas mecidas por el viento con un clásico del jazz interpretado por Nat “King” Cole: Autumn Leaves, canción original de Joseph Kosma.

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