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*Carnaval en Venecia de Brigid Marlin en la serie Visiones de Venecia.

La ausencia de luz -fenómeno por el que percibimos el negro- puede representar ideas y sentimientos diversos; desde pérdida de la razón, tristeza, desesperanza, vacío, maldad, tragedia, sensualidad, hasta el desafío, la rebeldía o lo inaccesible. Va más allá del acromatismo para ser casi un sentimiento o un refugio del pensamiento.

El negro o la oscuridad pueden representarse de distintas formas en perfumería; como decía al hablar de los perfumes florales, esto implica una base más densa con notas resinosas, amaderadas, musgosas que sostienen estructuras orientales o chyprée. Bases que permiten velar las notas para que no se lean directamente, para que no muestren sus facetas más brillantes y características. Es fácil ver esta estructura con claridad cuando esto se aplica a una nota floral concreta como el caso de las rosas negras.

Coco Noir en este contexto es algo un poco diferente en tanto en cuanto remite a una atmósfera de oscuridad con perfiles difuminados más que al esquema clásico de una nota protagonista oculta entre acordes. Así, es más un estudio sobre el negro como fenómeno o como proceso de inmersión progresiva en una atmósfera carente de luz. Vela la luz- que en perfumería puede estar representada por el acorde de ámbar o por el jazmín-. Este perfume avanza hacia la oscuridad mediante gradaciones suaves, emulando ese ambiente de penumbras refulgentes inspiradas en interiores bizantinos de la típica arquitectura tardogótica de Venecia.

En Venecia nada es recto, ni aún cuando lo parece. Tampoco hay purismo de estilo: reina el eclecticismo. Esta variedad, la belleza del paisaje y una luz peculiar desde siempre han atraído a los artistas plásticos que buscan explorar paisajes interiores para aumentar el rango de emociones algo más allá de lo ordinario. La ciudad invita a los pensamientos menos rígidos que recalan en la fugacidad, lo incomprensible, lo absurdo gracias a ese aura de lugar perdido en un tiempo indefinido con su peculiar estilo arquitectónico, con sus infinitos contrastes entre dureza y opulencia, entre yesos húmedos y mármoles pulidos, bullicio y soledad… invitando a la visión de cosas que no están a flor de piel.

Lo que un lugar como Venecia pone de relieve es que lo oscuro no tiene por qué ser directamente así, oscuro. La negrura se puede representar con el lenguaje del realismo mágico o como en la ópera, mediante coloratura. Esta técnica hunde sus raíces en el canto bizantino y en el gregoriano, donde una misma sílaba agrupaba distintas notas formando un melisma y evolucionando alcanzó su época dorada con la ópera barroca donde era muy usada como ornamentación de arias permitiendo el lucimiento de los virtuosos que podían pasar rápidamente de una nota a otra por la ligereza de su voz. Aunque los autores italianos finiseculares (Verdi, Bellini, Rossini, etc) convirtieron esta técnica en una forma extrema de dramatizar la locura, la desesperación, la ironía (Fígaro de Rossini) no hay aria más paradigmática que “La venganza del infierno hierve en mi corazón” de la cruel y poderosa Reina de la Noche (dejo una curiosidad en sueco de Ingmar Bergman por la recreación que hace el director de la personalidad de la truculenda dama aquí y una representación operística canónica con la colosal, colosal interpretación de Diana Damrau aquí) en “La Flauta Mágica” de Mozart para ejemplificar cómo una voz cristalina y ligera llevada hasta las últimas consecuencias de la flexibilidad puede expresar los tenebrosos sentimientos de un personaje que se ha dejado llevar hasta el paroxismo por su deseo de dominio.

Esta técnica de la coloratura puede ser una buena metáfora de Coco Noir. El espríritu del perfume es más el de Norma y la melancolía espiritual de su “Casta Diva” (la histórica interpretación de Montserrat Caballé en el Teatro de Orange en 1974 aquí) que la ferocidad del personaje mozartiano. La propia inspiración del perfume es como en Coco años atrás la ciudad de Venecia – en la que Gabriel Chanel se refugió tras una experiencia de pérdida- pero el ornato es más pulido. Si Coco es claramente especiado, con una importante nota de melocotón confitado y el dulzor de un jarabe pesado; Coco Noir es una reinterpretación del clásico en la que ciertas notas tintinean lejanas con una vibración familiar…algo es de nuevo especiado, de nuevo afrutado, de nuevo dulce pero más abstracto.

Coco ahora se apellida Noir siendo más alusivo a la cualidad elusiva del perfume mismo que a la opacidad del negro, pero sigue la trama de la saga. Si se analiza con detenimiento Coco, Coco Mademoiselle y Coco Noir se puede ver el hilo conductor: un núcleo de notas ámbar más o menos legible en cada caso, revestido de almizcle y maderas especiadas, musgosas o andróginas en cada caso pero con especial protagonismo del patchoulí en todos ellos. Luego las notas florales, afrutadas, especiadas y cítricas funcionan en cada composición como multiplicadores de un efecto. En Coco son como un manto pesado de terciopelo, en Coco Mademoiselle como un torbellino de pétalos y en Coco Noir como una sala de espejos iluminada por velas donde una imagen viaja desde un extremo a otro mediante el reflejo.

Jugando con una vaga sensación de precisión, Coco Noir primero ofrece un retrato translúcido de frutas y especias: bergamota y pomelo con un toque de coriandro diría yo. La textura es un punto clave en este perfume; en salida es más crocante, luego se vuelve satinado y finalmente aterciopelado. El cuerpo es floral y afrutado con especial protagonismo del geranio y del jazmín cuya tonalidad afrutada permite jugar con un acorde entre plátano-albaricoque-melocotón-ciruela muy lactónico y texturizado que remite al Eau de Parfum y sobre todo al Extracto de Allure Sensuelle cuando está en la plenitud de su desarrollo. Esa fase -ya hacia la base- en que lo afrutado se une al incienso y las maderas es gloriosa, con una cualidad semi-seca muy bien trabajada para mantener la tensión entre mesura y sensualidad, dramatizando el sabor de un perfume chipre frutal gracias a un almizcle en fuga que aporta el ritmo y la flexibilidad al resto de notas y sus matices finos: el toque polvoriento entre cacao y pimienta del patchoulí, la rosa y su lado más verde y amargo contrastando con su embriagadora cualidad vivaz y afrutada, el sabor a jarabe de miel del ámbar, la calidez amaderada finamente avainillada del haba tonka

El negro no es un color en sí mismo sino un fenómeno de ausencia de luz que puede ser dramatizado cuando no se representa de forma lineal, sino mediante contrastes claroscuristas y timbres sombríos o mediante el juego barroco de la coloratura y el movimiento de transición entre luces oblicuas que revelan filigranas y penumbras presagiando áreas de espacio insondables. Coco Noir es un ejemplo de ese juego barroco en lenguaje moderno.

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