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*Nije zima sto je zima (1991) del grupo bosnio Hari Mata Hari.

Tal que así. Hablemos de perfumes como un hecho, un evento o una relación condicionada por la interacción de una forma más coloquial.

Resulta arduo intentar describir con precisión lo que nuestros sentidos están percibiendo: desde la respuesta intuitiva de quien cree no saber y aunque algo está oliendo se siente tímido para opinar hasta la respuesta de quien entiende cómo funcionan los materiales hay un camino de aprendizaje que no todo el mundo sigue; pero de lo que todos podemos hablar es sobre cómo sentimos un perfume/nos sentimos con un perfume o cómo dejamos de sentir por ese perfume/dejamos de sentir con ese perfume. Por la ausencia o por la presencia de alguien, por estar saturado de olores y ya no saber por dónde seguir o por no tener dónde elegir e iniciar una búsqueda para encontrar lo que buscamos. Porque los perfumes pueden ayudar a construir recuerdos o a transformarlos, o porque sencillamente marcan momentos felices o tristes de nuestra vida. Podemos hablar sobre perfumes de otro modo, dibujando viñetas o haciendo piruetas sobre la letra de una canción que es lo que hoy propongo en esta nueva sección.

Nije zima sto je zima significa “el invierno no es invierno”, la canción habla de un frío diferente, el que se queda dentro de alguien cuando descubre que al final no había verdadera afinidad con su pareja; por eso el estribillo dice “el invierno no es invierno desde que te perdí; el invierno no es invierno, tú helaste mi corazón”.

He querido usar la palabra afinidad en el párrafo anterior en lugar de intimidad porque me permite ir hacia el tema del perfume con más fluidez y naturalidad. Si habéis leído o visto la versión cinematográfica de “Las Afinidades Electivas” de Goethe ya sabréis que el autor se valió de las leyes químicas como metáfora de las relaciones personales:

(…) Déjeme adelantarme -dijo Carlota-, a ver si soy capaz de adivinar a dónde quiere usted ir a parar. Del mismo modo que cada cosa tiene una atracción respecto a sí misma, también tiene que tener una relación con el resto de las cosas.

Y esta será diferente de acuerdo con la diversidad de su naturaleza -continuó Eduardo apresuradamente. Tan pronto se encuentran como si fueran viejos amigos y conocidos que se pueden aproximar y reunir rápidamente sin modificarse mutuamente, cómo les ocurre, por ejemplo, al agua y al vino, como al contrario, se mantendrán obstinadamente alejados y extraños entre sí y no llegarán a unirse ni siquiera recurriendo a procedimientos de mezcla o fricción mecánica, como les ocurre al agua y al aceite, que se vuelven a separar de inmediato cuando se trata de mezclarlos.

(…) A aquellas naturalezas que cuando se encuentran rápidamente se amalgaman y se determinan mutuamente las denominamos afines. En los cuerpos alcalinos y ácidos, que aunque son opuestos, o tal vez justamente por eso, se buscan y se apoderan mutuamente del modo más decidido , modificándose y formando juntos un nuevo cuerpo, este tipo de afinidad es muy llamativa (…)

Ahora, tras describir el concepto de afinidad usando el texto de Goethe, retomemos el hilo de los perfumes y el invierno. Todos tenemos una tendencia hacia un tipo de notas más que hacia otras, pero pensemos en un nivel superior y hablemos de nuestro gusto más marcado hacia lo dulce o hacia lo seco ( que en perfumería es lo opuesto de dulce) mientras nuestra piel tendrá más afinidad por notas almizcladas o ambaradas.

En otra entrada futura dentro de esta serie hablaré sobre la piel y los perfumes más detenidamente, hoy vamos a centrarnos en otras facetas de la falta de afinidad, aquellas que se producen antes del rechazo inmediato porque la piel no distorsiona aún demasiado el perfume, pero la vivencia psicológica que tiene la persona resulta abrumadora.

En mi caso siempre tiendo a preferir las notas secas de las maderas y las especias y el carácter más expansivo, elusivo y frío del almizcle, pero puesto que es una tendencia general puede haber excepciones. Sin embargo, mis intentos por buscarlas suelen ser un trabajo infructuoso. Encontrar un perfume dulce y envolvente que no sienta intrusivo y me haga sentir abrigada en invierno por sus cálidos efluvios es algo que aún no creo haber logrado. No suele haber afinidad entre mi piel y los perfumes con un fuerte carácter oriental dominados por la vainilla y otras resinas. Es en esos momentos cuando un perfume como Lyric Woman de Amouage, Cuir Beluga de Guerlain o el propio Shalimar se desencuentran conmigo provocando la sensación inmediata de que la temperatura ambiental ha bajado dramáticamente varios grados.

Me aproximo con honorables excepciones como Vanille Exquise y Ambre Fetiche de Annick Goutal por tener una importante faceta amaderada y cuero respectivamente o Arabie de Serge Lutens con su cuerpo frutal-especiado que desde siempre ha sido mi favorito en la línea. Pero para alguien que como yo prefiere tomar un poco de delicioso helado de frutas tropicales o de pistacho durante una tarde de invierno antes que en una tarde de verano, quizás usar algo envolvente y denso sea como intentar unir agua y aceite sin intermediarios químicos.

De verdad, nada me hace ser más consciente de mi propio frío que cuando intento probar un perfume que me pueda recordar continuamente esa falta mía de afinidad por los opulentos orientales. El frío físico es un fenómeno al que, salvo en condiciones extremas, podemos atribuirle diferentes valores psicológicos según nuestras afinidades… ¿recordáis el palacio de nieve en el que el Doctor Zhivago y Lara eran felices? Siempre recuerdo esa imagen de la película.

Para que el invierno sea invierno realmente yo opto por el almizcle más etéreo de Musc Nomade de Annick Goutal o más impactante, afrutado y aromático de Dune (Dior). Tal que así. ¿Y vosotros?

ennieve
*Obra de Julia Popova.

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