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rojoglossy

Mientras preparaba una nueva entrada sobre perfumería no podía dejar de pensar en cómo se construye el conocimiento. Siempre es a través de un lenguaje, sea cuál sea la naturaleza de éste, y la riqueza del aprendizaje con las posibilidades que eso nos ofrece pasa por el grado de complejidad con que la persona maneje dicho lenguaje en un momento dado.

Esto es aplicable a todos los campos: desde las matemáticas y la informática, o los idiomas y la paleografía, a la vida cotidiana. Estudiar un campo concreto implica, entre otras cosas, desarrollar la habilidad para aprender una jerga o hacer un uso concreto de un idioma común. Esto se hace obvio cuando comentamos perfumes, porque para calificar impresiones más o menos abstractas necesitamos cierta precisión en el vocabulario.

Pero lo cierto es que no es necesario irse a un campo tan específico para comprobar que podemos tener dificultades a la hora de calificar cosas. Las emociones y los sentimientos tropiezan con el mismo escollo, más aún, la gran mayoría de personas somos muy hábiles a la hora de hacer una buena lista de adjetivos relacionados con lo negativo pero fallamos a la hora de encontrar palabras que describan lo positivo más allá de felicidad o alegría…el problema está en los hábitos sociales. No sólo los hábitos prácticos, es decir, la costumbre -las conversaciones cotidianas lo reflejan adecuadamente- que solemos tener de lanzarnos a buscar la pega a todo en vez de criticar en positivo con más frecuencia sino, peor aún, los hábitos intelectuales: creemos que ser capaz de encontrar más de diez defectos en menos de cinco segundos es fruto de una mente privilegiada… Creedme si os digo que hacer el esfuerzo de buscar modos diferentes y motivantes para decir las cosas en nuestro día a día es realmente saludable. Tenemos la facultad de construir igual que de destruir a través del lenguaje.

Así que os propongo algo sencillo para empezar el año ensayando una buena costumbre. Pensad en cómo os gustaría describir vuestro maquillaje ideal, pensad en ello y recrearos en la imagen, pero hacedlo para encontrar algo diferente con que expresaros verbalmente. Y si os cuesta ir más allá del natural, fresco o sofisticado, no os preocupéis porque eso es lo que siempre nos están vendiendo y el ejercicio consiste en ahondar en nuestro propio universo personal. Os diré las dos palabras que yo he encontrado para definir mejor un estilo de maquillaje que realmente me gusta llevar: delicadeza y precisión. Es mi modo personal de decir que me gusta el estilo clásico de resaltar pómulos y línea de pestañas sin renunciar al lápiz de labios. Simple, pero no banal.

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