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Afrodita (En agua) 1920-25 por Edward S. Curtis

La nota de ámbar tiene un papel fundamental en el desarrollo de la perfumería moderna pero como término resulta confuso. La palabra, en origen, era un sustantivo: designaba a la gema y al ámbar gris, ese preciado material que consigue realzar la intensidad de las notas, ensamblándolas para crear un acabado más armonioso, prolongando la duración de cada fase de evaporación e imprimiendo en el sillage un brillo y un dulzor cálido únicos. Por ese acabado tan característico la palabra adquirió las funciones de adjetivo.
Ámbar pasa a usarse para describir perfumes de dulzor balsámico-meloso con efecto luminoso, translúcido, rico, muy texturizado. Sentido que hoy le seguimos dando y que asociamos, de alguna forma, a una atmósfera orientalizante.

El ámbar gris fue introducido en época medieval en Occidente por los árabes que lo incluían en la farmacopea. Como medicamento solía ser preparado en el mortero para mezclar con el resto de ingredientes; mientras que en los pomos de olor se usaba en forma de pepita. En algún momento comenzó a apreciarse por sus cualidades para la perfumería más allá de la desinfección del ambiente.

Las tinturas, en general, tienen la particularidad de ennoblecer acabados con finos matices y dilatar una nota en una fase de evaporación determinada; pero la capacidad de fijación siempre es una cualidad muy preciada. Cuando los objetos perfumados comenzaron a dejar sitio a las aguas perfumadas como forma favorita de perfumarse, las flores y las hierbas aromáticas con toda su delicadeza y frescor necesitaban estar sostenidas por una base lo suficientemente tenaz como para que el perfume pudiera dejar una estela en el aire, algo que materiales como el almizcle o el ámbar gris son capaces de hacer.

La gente aprendió a identificar como acabado de calidad el acabado ambarado. En libros de perfumería del s. XIX se encuentra el consejo de tener siempre ámbar de distintas calidades, para mezclar. Al ser caro y escaso hay que sacarle el máximo rendimiento o sustituir por algo más asequible: los perfumistas aprendieron que incluso las piezas de calidad media bien tinturadas podían añadir un gran efecto.

Pero la época decimonónica fue una era de experimentación que producía continuos avances en química y tecnología. Comenzaron a estudiarse las materias con un nuevo interés: el de la aplicación industrial. Cada sustancia era analizada con una escrupulosidad sistemática, para conocer todas las características posibles: peso, masa, gravedad, reactividad ante ácidos, capacidad para transformar otras sustancias…y por supuesto componentes característicos de la materia. Todo era visto bajo aquel prisma singular de la aplicación y el fervor por el avance continuo. Entonces, dos investigadores de la Escuela de Farmacia de París, Joseph Pelletier y Joseph Bienaime Caventou- que antes habían descubierto la clorofila-, al tratar el ámbar gris con alcohol caliente vieron que se obtenían unos cristales blancos que llamaron ambreína. Era el año 1820 y a partir de entonces todos los diccionarios de química comenzaron a incluir una entrada sobre dicha sustancia. Su olor siempre era descrito como tenue pero agradable, como una mezcla de tabaco suave y caramelo que desaparecía tras repetir varias veces el proceso de sumergir la sustancia en alcohol caliente y dejar enfriar hasta que cristalizara de nuevo.

Hoy se sabe que la ambreína no tiene olor, pero junto al colesterol y el ácido benzoico es el principal componente del ámbar gris. Sin embargo, el compuesto odorante característico en la tintura de ámbar gris es el ambrox y, actualmente, se obtiene de otras fuentes vegetales, como la salvia esclarea. Pero esto aún se desconocía; para la época, la ambreína, era un hallazgo que despertaba la imaginación de científicos, industriales y perfumistas.

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La ambreína es un triterpeno cíclico que se oxida mientras el ámbar gris madura en el mar dando lugar a diversas moléculas con distintos olores que modulan el aroma del ámbar gris: tabaco, agua de mar con matices metálicos, mohosos, fecales, animalísticos hasta dejar un residuo que, en realidad, es el componente más distintivo del aroma: el óxido de norlabdano ( aka Ambrox), que aporta la característica más notable e indefinible del ámbar gris: su olor interminable. Olor húmedo y aterciopelado que recuerda a las algas, a los pinos, al cedro y al sándalo, al almizcle y al té, a lo viejos libros encuadernados en cuero acumulados en grandes estanterías que desprenden un particular olor seco y dulce a la vez…

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Entre finales del s XIX y principios del s.XX se estaban dando los primeros pasos hacia la perfumería moderna. Todavía eran muy importantes los ingredientes naturales de la perfumería tradicional, como las tinturas o las pomadas, pero los químicos aromáticos ofrecían nuevas posibilidades en el lenguaje perfumístico para crear con más detalle, para abstraer más los olores, para formular con mayor agilidad…Estructurar un acorde ambreína, una base ambreína definitivos que permitiesen introducir las características del producto natural -tan caro y delicado- sin usarlo en realidad comenzó a verse como un horizonte posible en un panorama de crecimiento comercial.

Las bases fueron fundamentales para fijar nuevos tonos y estructuras: funcionan como perfumes en miniatura que recrean una nota particular. Se crearon muchas y de todo tipo: flores, musgos, frutas… de ámbar también. Algunas llegaron a ser muy populares, especialmente las que formaban parte de una receta de éxito: daban ideas, se convertían en una fuente de inspiración, en un modelo. Incluso cimentaron la estética de la perfumería moderna.

Estas bases que permitían introducir en la fórmula una faceta de ámbar, se enriquecían con otras notas de fondo y, en ocasiones, servían de apoyo o de inspiración al tema general que podía ser la recreación misma del ámbar gris, incluyendo aún la tintura natural en la fórmula del perfume.

Ambreina de Samuelson fue una de esas bases populares. Su olor entonces se creía que era lo más distintivo del ámbar gris. La leyenda dice que se creó accidentalmente -muchas leyendas de este tipo hay en esa época- cuando un frasco de vainillina se mezcló con bergamota produciendo una singular combinación que se completó con cumarina, civeta, benjuí y labdanum. Fue usada por François Coty en Ambre Antique (1905), una fantasía oriental floral en torno a la rosa, el iris y el ámbar que prefiguró el acorde de ámbar balsámico y empolvado, reforzado con notas de vainilla y bálsamos de Perú y Tolú. Shalimar (1917*) de Guerlain supone otro trabajo de fantasía basado en ese acorde de ambreína, llevando el tema del ámbar gris a su máxima expresión mediante el contraste de elementos frescos y facetas animalísticas. Coty en 1921, de nuevo, lo rehace en Emeraude pero con notas más aromáticas y especiadas. En esa línea de perfumes pungentes, empolvados y frescos a la vez también encontramos cosas más cercanas a nuestra época como Must de Cartier con notas de civeta remarcadas; Ligea La Sirena de Carthusia, que suaviza los aspectos animalísticos en favor de una tersura finamente acaramelada y Ambre Russe de Parfum d´Empire que moderniza el tema ambreína con notas almizcladas.

Las composiciones inspiradas por el acorde ambreína tienden a resaltar y amplificar lo que la tintura de ámbar gris revelaba en el sillage del perfume: la vibración animal y el característico dulzor especiado que desprende la piel femenina.

Pero había otras propuestas. Ingredientes que compartían facetas con el ámbar gris como la salvia esclarea, el opopanax, el musgo de roble, las resinas balsámicas, las notas cumarinadas y sobre todo el labdanum y las notas vainilladas se trabajaban para emular un efecto ambrée. Se trataba de encontrar un tono suave, dulce, empolvado y con buena fijación. Es el caso de la base Ambré 83 de Laire que está construída en torno a un labdanum dulce acentuando la cualidad más amaderada del ámbar. Fue muy popular. A menudo se integró en composiciones como otra faceta más en la base capaz de añadir un refulgente brillo dorado, por ejemplo, en Mitsouko de Guerlain.

Hoy en día, la idea de esta base se ha recuperado en la perfumería alternativa, no tanto como faceta sino como tema en sí mismo: Ambre Sultan de Serge Lutens inició el revival, Ambre Fetiche de Annick Goutal añade notas ahumadas de incienso y Cuero Ruso, Calamity J. de Juliette Has a Gun toma su perfil característico y añade toques aromáticos mientras Mitzah de Dior sofistica el dulzor con notas de miel especiada.

Así, mientras la tintura de ámbar gris -que definía un tipo de perfumería artesanal caracterizada por una gran integración de las notas- se convertía en algo raro, el número de alternativas para conseguir una vibración similar o un acabado ambarado fue creciendo, cambiando para siempre el panorama de la perfumería y modificando las connotaciones de la propia palabra ámbar.

De la tintura, a la faceta; de la faceta al tema. Actualmente, la expresión perfume ámbar remite directamente a algo dulce-meloso, balsámico, y suave que evoca el color dorado de la gema. La vainilla y el labdanum son las referencias más inmediatas para definir este olor aunque existan otras notas que pueden insinuar su personalidad y que recuperan el sentido original: las notas finas de tabaco y de olíbano, el caramelo, las notas de iris y violeta, especias como la canela, la nuez moscada y la pimienta, notas frutales como el melocotón, el albaricoque o la cereza, el cuero…la manzanilla incluso.

El tema del ámbar es infinito. Podemos encontrar en los perfumes modernos otros acercamientos más directos al sentido original del perfume ambrée como Dune de Dior que elabora el perfil de ámbar gris a través de un sofisticado entramado de notas aromático-musgosas e irisadas o el Eau de Merveilles de Hermès con el protagonismo de maderas exóticas finamente especiadas, almizcladas y saladas. Pero también hay referencias tangenciales a los ricos y múltiples matices del ámbar gris: Back to Black de Kilian: un trabajo interesante sobre el dulzor indirecto. Arabie de Serge Lutens también puede leerse como un acercamiento al ámbar seco construído a través de las especias y la cista.

Sin embargo, lo que más caracteriza la palabra ámbar, hoy por hoy, es un efecto empolvado muy fino presente en prácticamente todas las familias de perfumes. Desde los cítricos enriquecidos, pasando por florales densos y cálidos como L´Instant de Guerlain, a los orientales de maderas cremosas como Oriental Lounge de The Different Company hasta la maravillosa reinterpretación de un chypre frutal que es Coco Mademoiselle de Chanel podemos apreciar un nuevo tipo de ámbar: el cristalino, revival del singular brillo que tenían los perfumes vintage.

Round and Round Eddy Pewit's Nest near Devils Lake State Park Wi

Primera parte del monográfico: Sobre el ámbar I: Lo que flota en el agua.

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