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La colección de perfumes Les Orientalistes es un capítulo aparte dentro de los perfumes Annick Goutal: alejada de los cítricos aromáticos, los florales inusuales o los delicados soliflores recala en una gama de la paleta perfumística que hasta el momento la marca no había explorado con exclusividad. El punto de partida y de llegada de cada perfume en la colección es la materia prima como concepto de materia preciosa: almizcle, incienso, mirra y ámbar. Así que cada propuesta es a la vez un estudio minucioso de las facetas de estas materias y una fantasía orientalizante.

En el caso de la mirra y del almizcle, además, Isabelle Doyen -que suele construir sus perfumes con contrastes más claroscuristas y múltiples piruetas sobre un mismo tema- ha trabajado las notas como si de una acuarela se tratara, pero una acuarela muy rica en pigmento, una acuarela opaca. Esta es una cualidad hermosa porque parece esconder en la simplicidad austera una especie de misterio silente, un pálpito intrigante que realmente sí es un concepto de la estética oriental. Esa mística que también los pintores orientalistas trataron de capturar en sus escenas de costumbrismo inspira la colección y, para dar coherencia al conjunto, existe un acorde muy refinado tipo ámbar que las cuatro composiciones comparten en la base: el hilo conductor. Ese acorde está a medio camino entre elementos secos característicos del ámbar gris y las fantasías balsámicas que del tema se hacían a principios del s.XX y recrea fugazmente la atmósfera recogida de los templos llenos de piezas de maderas antigua e inciensos.

Creados con materiales modernos que tienden a ser más transparentes, Les Orientalistes y, Myrrhe Ardente a destacar entre ellos, mantienen la idea clásica de un claroscuro construído mediante sutiles juegos de sombras con una opacidad lechosa más propia de otras épocas. Ese arte de difuminar contornos y redondear notas en un acorde único, compacto y aparentemente sencillo pero en el fondo elaborado con facetas de minuciosa factura, capaz de evocar la idea de un viaje en el tiempo algo nostálgico.

Myrrhe Ardente es especialmente capaz de conjurar esta idea mística en la mente de manera más elusiva que el resto, en parte por la tonalidad peculiar que tiene llena de matices siena, pero también porque el perfume incluye la idea de la mirra como ingrediente tradicional en las recetas de inciensos y, aludiendo a esta función, habla de la forma más antigua de perfume: a través del humo, sin presentar directamente la nota de frankincienso que todos asociamos rápidamente con los incensarios. Tiene un carácter recesivo, quedando muy cerca de la piel durante horas y, a la vez, igual que una ola, puede inundar el aire con su suave estela balsámica.

En la evolución del perfume, la faceta ahumada es ligera y sutil pero constante. A veces presenta puntas de olor más secas y especiadas de clavo y nuez moscada, a veces incluso es casi picante. Tiene también el leve recuerdo coriáceo del azafrán y seguramente eso sea un efecto creado por la nota de papiro que hay en la base. Otras veces, esta faceta se desarrolla como una lenta voluta de humo amaderado y vainillado, donde se despliegan los matices harinosos y de tofe que aporta el benjuí y la cremosidad almizclada del sándalo que crea la madera de guaiac, dando un toque más exótico aún. Incluso el humo puede refrescarse con algo vagamente salino y terroso, entre musgo y vetiver…es un efecto vivificante. Esta es la cara más refinada del perfume, la predominante y, en conjunto, me lleva a pensar en Myrrhe Ardente como un trabajo de abstracción que comparte personalidad con el Musgo de Sajonia (para experimentar esta nota de musgo en su gloria hay que probar Nuit de Nöel de Caron).

Hay otra parte del perfume que tiene un carácter más primitivo y que, sin embargo, me recuerda a un producto muy elaborado: el whisky escocés de buena calidad. Es esa faceta más penetrante dentro de la tonalidad ahumada, que hace pensar en el heno, la tierra y el cuero en su forma más cruda mezclada con el efecto típicamente alcohólico de esta bebida que a veces tiene matices de galleta y brioche escondidos…igual que este perfume -la crema corporal realza estas notas de galleta junto con las notas más balsámicas, restando sequedad a la fragancia-. En Myrrhe Ardente hay también algo meloso, debido a que lleva cera de abejas, equilibrando lo ahumado con lo balsámico en el corazón del perfume, mientras que la salida presenta una nota muy seca y muy intensa de regaliz, característica de la esencia de mirra, que va disolviéndose con laxitud mientras el perfume se expande como humo voluptuoso**…exactamente así.

**Así es como en la publicidad original de Les Orientalistes se describía este perfume que, según he leído hace unos días, será retirado este año.

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