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Eau d´Hadrien cambió mi experiencia con los perfumes cítricos que entonces encontraba demasiado breves y poco singulares. Desde ese momento aprecio los intentos que algunas firmas hacen por imprimir en estas composiciones frescas y centelleantes una búsqueda de identidad más remarcada. Quizás la edad influyó, porque con los años se valoran más las experiencias refrescantes y, hoy por hoy, creo que todo el mundo debería de tener algo ligero y fresco en su tocador, pero algo que sea de su propio gusto y permita sentirse bien perfumado.

Hay ocasiones en que este tipo de fragancias son las mejores y, ¿quién sabe por qué?, pero encuentro que para mí esas ocasiones son el paso de las estaciones. Si en septiembre es fantástica L´Eau de Tarocco con su acorde de naranja sanguina, delicia turca y flores húmedas, en marzo son los cítricos despuntando entre notas de vegetación exuberante lo que más me atrae.

Para crear Azemour la inspiración de Marc Antoine Corticchiato fue el naranjal que su familia poseía en Azemmour, Marruecos. Por esto el perfume oscila entre la recreación de una intensa sensación cítrica natural, efervescente y el dibujo de un paisaje, vergel idealizado: los naranjos reverdecidos, las floridas ramas, los maduros frutos de olorosa cáscara, la corteza de los árboles, la tierra en que hunden sus raíces y, al fondo, el océano y la pátina del tiempo…Azemour fluctúa entre lo cítrico acidulado y lo amargo de las notas verdes con puntas aromáticas y especias mientras la salida y la base son términos opuestos: luz y sombra. Este planteamiento acerca el perfume a la estructura de un chypre.

Azemour, Les Orangers tiene una salida brillante, como un glaseado de cítricos que recuerda bastante a Un Matin d´Orage. Por su peculiar sabor cítrico, cuyo tono oscila entre la mandarina, la lima y la naranja amarga con un rastro lactónico, característico por su sequedad amaderada, me hace pensar en el yuzu como elemento clave. Precisamente esa estela lactónica va introduciendo calidez y desvelando las primeras notas verdes vagamente mentoladas. Luego se vuelven frondosas y rodean el corazón del perfume: la angélica. Esta nota de perfil terpénico-apimentado permite expandir la sensación de vegetación con un acabado natural a la vez que imprime rasgos de carácter introspectivo en el perfume, algo que refuerza la idea de evocar un paisaje. Este corazón vegetal se despliega como un abanico: se huele la hierba tierna, se intuyen los matices alcanforados e incluso musgosos sin perder el recuerdo hespéride y acuático del principio. Cierto que también hay una faceta floral melosa propia de la flor de naranjo, pero para mi predomina más todo lo verde, lo amaderado, lo resinoso, incluso los susurros especiados de la pimienta y el comino. Esa parte floral está más integrada en un acorde cristalino de lima-limón dulce, faceta tradicional de las colonias que caracteriza muchos perfumes de Floris, como Wedding Bouquet o Nº89. Pero Azemour no tiene la fluidez clásica, sino un efecto staccato.

En la base el perfume se oscurece con notas de ámbar y musgo. Del ámbar, un carácter coriáceo y resinoso que matiza el absoluto de henna con elementos como de témpera y arcilla. Del musgo, su poder evocativo, sus notas salinas, secas y el refuerzo del absoluto de heno, con cierto regusto dulce amaderado. En conjunto dan el acabado chypre.

Sin duda, no es el esperable perfume fresco de notas cítricas. Angélica y henna añaden extrañeza, también cierta idea de complejidad y fortaleza. Azemour tiene algo crudo, muy directo y vivaz, que para mi recae en el tratamiento de las notas verdes y los matices amargos amplificados. Combina la familiaridad de una tonalidad clásica con una técnica más atrevida, resaltando facetas algo difíciles de llevar. De alguna manera también puede ser una alternativa a las fragancias frescas de vetiver.

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