Etiquetas

oldtec

Los rituales para aplicar el perfume son algo muy personal. Al final cada uno tiene sus hábitos. Hay personas que sólo quieren vaporizar y listo, otras quieren tomárselo con calma creando diferentes capas de olor. Sin embargo a todos nos gusta disfrutar de la experiencia del perfume: oler bonito de forma prolongada casi sin darnos cuenta de qué es lo que llevamos. Pero lo cierto es que la manera en que usemos nuestras fragancias puede cambiar esa experiencia.

No hay que olvidar que la naturaleza de algunos perfumes puede ser muy sensible a las variaciones de temperatura, condiciones atmosféricas, etc mientras otros son auténticos monolitos y nada parece alterarlos. Algunos perfumes están construídos para mostrar una gran riqueza de matices capa tras capa, otros se formulan sólo para impresionar al principio y otros para no cambiar nunca. Los hay que quedan más cercanos a la piel, los hay que son como un manto ondulante. Las personas, al final, no sólo elegimos algo porque huele a rosa o porque huele a jazmín, porque es más fresco o porque es más dulce, también tomamos decisiones a cerca de la experiencia que buscamos en el perfume.

Para algunas personas es importante moverse dentro de una cápsula perfumada. Eso es algo muy específico que sólo ciertas obras creadas de un modo concreto pueden dar porque usan la concentración de ingredientes necesaria para conseguir esa sensación intensa de olor y porque tienen bases muy ricas y saturadas de sustancias con gran capacidad para retener las otras notas más volátiles, de forma que el perfume se pueda abrir con un tempo más lento. Esto es algo que se vive usando extractos o formulaciones muy ricas, como en el caso de los Amouage, especialmente Gold.

Elegir una composición sin tantas capas como un Amouage pero aún muy redonda y texturizada estilo L´Instant Magic de Guerlain también puede ofrecer ese plus en la experiencia pero, en ocasiones, apetece llevar algo más sencillo o austero sin renunciar a caminar envuelto por una nube aromática. Cómo usemos un producto puede condicionar la forma en que lo percibamos, bien porque alteramos la fijación, bien porque creamos más espacio entre las moléculas aromáticas y nuestra nariz.

Cambiamos el ritmo de evaporación de una fragancia aplicándola sobre un tejido, en vez de sobre la piel: creando una nube de perfume con el vaporizador y caminando hacia ella cuando ya estemos vestidos con todas las capas de ropa que vayamos a usar o, aplicándolo (si el tejido es apto para ello, así que cuidado con prendas claras y delicadas) directamente en una capa de ropa que vaya hacia el interior de nuestro cuerpo: el forro del abrigo o una camiseta interior, por ejemplo. Es una buena opción para aguas ligeras y fragancias florales.

Podemos hacer que las moléculas aromáticas lleguen a nuestra nariz en forma de brisa perfumada si lo usamos a la antigua, esto es, poniendo en la palma de la mano el producto y aplicándolo presionando ligeramente contra la piel en la cara externa del brazo (del hombro al codo). También en la cara interna del codo. Así, el perfume tiene la suficiente distancia con la nariz como para potenciar la sensación de que el cuerpo está envuelto en aromas sin que llegue a sofocar. Al movernos también revela algunos matices del sillage con mayor facilidad. Para mi esta ha resultado la forma más fructífera de usar cosas bastante aromáticas como Mandragore Pourpre de Annick Goutal y conseguir que se elevaran las facetas irisadas -especialmente en verano-, pero también encuentro que hace florecer los perfumes más especiados.

Anuncios