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Eres todo en mi de Ana Gabriel.

La entrega de Tal que así está dedicada a hablar de perfumes sin analizarlos faceta a faceta. Con esa perspectiva hay dos características de un perfume que hoy quisiera resaltar: la voluptuosidad y la plenitud. Ambas, juntas imprimen un pulso al perfume que parece hoy en día más tabú incluso que los olores osados que las fragancias puedan contener.

Todos mostramos que tenemos nuestras preferencias en el día a día. Cuando decimos que deseamos dos terrones de azúcar en el café en vez de ninguno, tomando la ensalada aderezada con vinagre de malta o eligiendo un jersey verde en vez de naranja. Pero todos sabemos también que la gente acepta mal las costumbres de los otros. Así que, para convivir nos vamos formateando. Así también comenzamos a renunciar a algo tan optimista como el deseo.

Nos apuramos para acabar el plato de la comida sin saborearlo, dejando de disfrutar de cada bocado porque no nos detenemos a masticar con calma, dejamos de paladear, de disfrutar de otras cosas y nos olvidamos de lo importante que es enriquecer la experiencia de la vida día a día. Porque al final hay que intentar disfrutar de todo lo que se pueda sin hacer daño al prójimo y, ese todo suelen ser muchas pequeñas cosas. Matices.

Sólo algunas experiencias en la vida son desbordantes y suponen un antes y un después. Pueden ser de distinta naturaleza, además de acontecimientos vitales, ya que en realidad un vínculo lo podemos establecer no sólo con una persona sino también con una idea, con un libro, con un lugar… ¿por qué? Seguramente porque nadie es una isla, y todos necesitamos saber que no estamos solos.

El perfume también puede proporcionar experiencias de plenitud. La plenitud implica tener conciencia de posibilidad. Así que, a veces, los perfumes abren ventanas. Despiertan la curiosidad porque parece que algo de nosotros mismos está en ese perfume y, al mismo tiempo, encontramos ese algo con el perfume. Es una extraña sensación que de vez en cuando surge de forma inesperada pero que sabemos reconocer casi de forma instintiva. Sin embargo, se me antoja que ciertos perfumes son ya todo en sí mismos y predisponen a vivir con más sensibilidad.

No pienso que un perfume así tenga que ser necesariamente el perfume. Puede serlo o puede solamente acompañarnos y marcar un período en nuestra vida de forma diferente.

De todos modos, me atrevería a afirmar que este tipo de sensación sólo se da con perfumes especialmente ricos y complejos, poderosos pero elegantes. Chamade de Guerlain es el paradigma de esta idea en mi visión particular. Reconozco que me cuesta pensar en perfumes que encajen en ese perfil, a veces veo Jasmal de Creed como otro posible candidato. Una especie de mezcla entre lo más bonito, lo más alegre y lo más sensual. Ni que decir tiene que este tipo de perfume tan redondo que parece tenerlo todo es infrecuente. En el sector de los perfumes femeninos tengo la impresión de que ahora tienden a mantener perfiles más difusos, ya que domina el cliché de lo sexy y de lo inmediato. En síntesis, predominan cosas con poco matiz. Y, tengo que decirlo, es un cliché muy bien aceptado por muchas mujeres como el único modo posible para representar femineidad. Parece una paradoja, verdad? Tantos perfumes en el mercado y tan angosto el camino. Por contra, los productos masculinos suelen ceñirse a un código más estricto y quizás por eso resulta muy atractivo para las mujeres usar de vez en cuando este tipo de fragancias rotundas.

Cierto que la división entre perfumes de un género u otro es algo arbitrario que puede variar según la cultura, pero el carácter no lo es. De nuevo estoy planteando el tema del gusto propio y cómo intentamos que esto pueda ser expresado con fantasía por un perfume especial. Porque me parece esencial para el crecimiento emocional de cada persona tener la oportunidad de disfrutar de las cosas que son del gusto propio. Tal que así.

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