Etiquetas

, , , , , , ,

zapatoblanco2a
*Zapato floral de Michel Tcherevkoff.

Blanco es una palabra que connota pureza en sentido tradicional, pero hoy en día en perfumería referencia lo refinado y es usada para designar una nota que ha perdido sus tintes animalísticos o narcóticos. El almizcle y las flores blancas entran en esa categoría de notas blanqueadas y Muguet Blanc reúne dichos elementos en un contexto verde, fresco y tintineante con rastros familiares bien escondidos en la trama.

Ni el aroma del sotobosque de Diorissimo ni el acabado verde jabonoso de Muguet du Bonheur de Caron. Muguet Blanc entra en el universo cosmético, pero de forma más alternativa. Aunque por su carácter extraño y elusivo no estaría en un tocador familiar sino en uno imaginario, tallado en hielo para la Reina de las Nieves o construído con pétalos y campanillas de cristal para que jugara algún coqueto ser feérico.

De alguna forma, me hace pensar en Anaïs Anaïs. No porque se parezcan en términos de olor: el de Cacharel se centra en la azucena siendo delicado pero muy carnal a la vez; el de Van Cleef & Arpels es igualmente tierno pero la idea de piel está atemperada. Sin embargo, comparten algo en términos de estructura y de personalidad. Ambos tienen una naturaleza dual expresada mediante una combinación de notas verdes, florales dulces con acentos frutales y un efecto empolvado enmarcado todo en una estructura de salicilatos y almizcles blancos.

Blanco radiante, casi cegador como el sol en verano. Así es en el fondo Muguet Blanc, pero al principio parece la fotografía de un lago rodeando de verdes colinas. Y es que en la salida es de un frescor entre aéreo y acuático ligeramente cítrico con elementos de hojas verdes pronunciados. Bergamota, nerolí y ciclamen mecidos por una brisa rosada con acentos ozónicos. Hay aquí el recuerdo renovado del clásico Eau de Toilette de Elisabeth Arden, igual de vivaz y ceroso pero no igual de áspero. Muguet Blanc es sedoso y el efecto de frutas húmedas y jugosa pera añaden un toque más juvenil.

Ya desde el principio se aprecia lo que será el espíritu del perfume: su carácter oscilante. Desde la clásica solidez verde a la acuática casi marina fluidez moderna. Desde el splash refrescante al dulzor algodonoso y empolvado que emanan los almizcles blancos en la base ( culpables de que este perfume tenga una gran fijación en la ropa). Desde el toque lactónico del Nirvanolide al salado de los salicilatos. Todo transparente pero sorprendentemente persistente.

Más exhaustivo de lo que parece al principio. Fluctúando entre lo azucarado y lo cristalino de forma global, mientras cada matiz característico de la flor se presenta como un elemento diáfano. Es el conjunto lo que forma un retrato facetado: las notas dibujan una constelación, no siguen una estructura claramente piramidal. Quizás no sea un perfume de muguet para todo el mundo, tiene un carácter menos primaveral, pese al perfil limpio de rosa-geranio con recuerdos de peonía.

Lo que al principio parece una faceta helada, verde e incisiva luego fluye hacia la sensualidad ambarada vainillada del tiaré, después de pasar por una fase intermedia adornada con dulzor suave y acuoso de las lilas, revelando entonces la nota cosmética inesperada de protector solar. El perfume es sol y hielo a la vez. Como menta fresca picada infusionada en aceite de coco, raro pero apetecible contraste que une lo verde con lo estival.

En la Collection Extraordinaire, los perfumes de flores blancas siguen una pauta de minimalismo y luminosidad. Recrean flores mudas por medio de materiales afines o característicos del olor de cada flor pero no extraídos de ellas y además rehuyen los aspectos más comprometidos o menos primorosos, manteniendo un acabado limpio. Pero ni la delicadeza sensual de Gardenia Pétale ni la cremosidad especiada de Lys Carmin llegan a ser tan singulares como el juego de opuestos que es Muguet Blanc. Sedoso y acuático, empolvado y mentolado. Blanco y solar.

Anuncios