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*La Brisa (1895) de Mary Fairchild MacMonnies.

Algunas composiciones de Francis Kurkdjian tienen una cualidad singular, una fluidez pesante y táctil. En algunas creaciones como Rose Barbare de Guerlain o en Narciso Rodriguez for Her esta característica está dramatizada por el claroscuro y la sensación de satén de seda pesado, con una sensualidad bastante directa. Esa evocación táctil dibuja la imagen de una flor y sus pétalos enclaustrados, atrapados en un medio que no es el suyo y que los retiene mientras ellos con laxitud intentan avanzar hacia la luz. Pero APOM pour Femme es algo diferente, es como una nube dorada y cristalina.

El perfume está construido en torno a la flor de naranjo, dejando de lado cualquier acento de frescor estimulante para abordar un tema orientalizante. APOM pour Femme es una delicia de azahar con recuerdos de dulce de malvavisco evolucionando hacia lo empolvado, con una fina tonalidad cosmética con matices de violeta -enlazando con L´Origan (1906) de Coty y L´Heure Bleue (1912) de Guerlain- más el agradable efecto afrutado que deriva de la faceta floral y melosa juntas. En esencia es también el revival de esos primeros perfumes oriental-florales pero centrándose en la flor de naranjo antes que en el iris. Así puede ser una alternativa moderna al balsámico iris dulce de L´Heure Bleue pero también puede verse como una versión más frutal, densa y animalística de Iris Nobile de Acqua di Parma y, en definitiva, una alternativa para quien busque un perfume de flor de naranjo sedoso y ligero.

Evoluciona ahondando más en la calidez de la flor de azahar con su carácter opulento y su volumen goloso. La salida es sobre todo un nerolí envolvente y suave, con una sutil nota de mazapán. El corazón es más denso y meloso con algunos acentos verdes y frescos de lirio de los valles para dar vivacidad a lo que principalmente es una composición floral profunda con recuerdos de madreselva. Del ylang- ylang saca provecho el perfumista para dar ese acabado floral evanescente, radiante y difuso con un matiz tenue de jazmín y anís. Su base más seca, es una combinación de almizcle, maderas preciosas (cedro, sándalo) y un tímido toque de incienso.

Sin saturación de naturalismo ni frescor vivaz pero manteniendo la sencillez de un soliflor, el perfume se tinta de efectos dulces que arropan la piel. Y ese es seguramente su mayor atractivo: condensar la sinuosidad almibarada y la vibración animalística que caracterizan las clásicas composiciones orientales en un perfume delicado, capaz de evocar la sensualidad cimbreante de una canción de Sezen Aksu.

APOM-Pour-Femme

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