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aire

Gypsy Water es para cada persona como una cosa diferente. Un ámbar moderno infusionado en una estructura de agua aromática, un incienso fresco y balsámico, un oriental etéreo con aromas de pastel de limón y merengue, algo seco, algo balsámico y lechoso… que un perfume desenvuelva armonías así diversas siendo tan molecular y transparente es digno de atención.

Yo lo veo como niebla gris disipándose en medio de un bosque, con el vivificante aroma de la tierra humedecida por el frío de la noche; después es un almizcle transparente y el recuerdo del cashmere. Es sutil, está lleno de vaguedades y, quizás, porque en su nombre sugiere ideas de viaje, de bohemia, de aire libre y libertad la imaginación se despierta como con imágenes vagas de ensoñación. Suaves y a la vez inmanentes.

Pero lo cierto es que la figura del viajero nómada, del errante que de algún modo todos llegamos a sentir alguna vez dentro y dejamos aflorar de vez en cuando al leer un libro, al contemplar un cuadro, al visitar un nuevo lugar, al buscar un nuevo perfume es sólo la excusa para dedicar una entrada a George Moustaki de una forma diferente al obituario. Era un poeta, lo sentenció con Le Métèque, esa es la cuestión y poco se puede añadir a eso. Sólo escucharlo y escucharlo, por eso añado un enlace más, una interpretación entrañable de 1996 en la que cantaba En Méditerranée/ Mesogeios con Giorgos Dalaras.

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