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janca

En un perfume lo acuático es persistentemente fresco; lo floral, delicadamente dulce y, lo frutal, por su afinidad con la piel, deliciosamente sugerente. Janca es acuático, frutal y floral en clave refinada, con un acabado esmerado y un gran sentido de la armonía. Siguiendo la tradición de la casa Acqua di Biella, el producto mantiene la estética de un agua perfumada muy homogénea y fluída pero aborda facetas exóticas de osmanthus y magnolia. Notas que suponen un modo de introducir riqueza en la composición sin caer en la ostentación.

La inspiración, el río Janca de aguas cristalinas que atraviesa Biella -importante ciudad prealpina de industria textil piamontesa- y sus jardines, en los que estas especies foráneas fueron plantadas durante el s. XIX sirviendo de inspiración en el diseño de los estampados en lana. Porque en Biella se producen, sobre todo, tejidos de lana.

Hace años visité New Lanark en Escocia. Un pueblo a orillas del río Clyde donde desde el s. XVIII hasta mediados del s.XX se trabajó el algodón. Actualmente es Patrimonio de la Humanidad y un interesante lugar para quien le guste la idea del turismo cultural. También venden lana, la típica lana escocesa. Del lugar recuerdo tres cosas claramente: las cascadas de agua, la humedad del valle y el olor de la lana. Puedo asegurar que, pese a los años que han pasado, no lo he olvidado. El contraste entre aquel olor penetrante, graso y ovino, de los locales que recrean el trabajo de las antiguas fábricas imponiéndose por encima de todo frente al aire libre del valle cargado de humedad fue lo que en mi mente tomó forma de nube gris opalina. Coriácea y transparente al mismo tiempo.

Janca, pese a su transparencia tiene esa misma cualidad atmosférica que impresiona los sentidos con el encuentro de opuestos. Gracias a la combinación de osmanthus e iris hay una veta intrigante entre albaricoques azucarados, almíbar de melocotones y cuero que me hace pensar en New Lanark. ¡Qué amplios pueden ser los recuerdos y que poco pensamos en ello!, pero en algún momento encontramos algo que capta nuestra atención y rememora la sensación original bañada por la pátina del tiempo. Por eso, porque en mi memoria olfativa existe ese dato biográfico, no percibo Janca como la dulzura fresca entre magnolias perladas y melocotón rosado sino como algo entre gris y malva opalino, a medio camino entre la transparencia floral y la opacidad de facetas más primitivas.

Este perfume ofrece un interesante juego de texturas que aún refuerza más mis recuerdos. Su olor es básicamente suave, afrutado iris con ligeros toques verdes melosos de flor de tilo, sobre un fondo agradable de almizcle amaderado. Las notas son refinadas, llenas de sutileza, pero no diluídas. Armonía y fluidez, con la claridad infinita de las notas acuosas.

Pero la textura es clave, delata su calidad, atrapa por su riqueza. Es muy contrastada. Resulta poco habitual que un perfume así translúcido posea más de una textura bien definida y que, además, ensamblen tan bien esas sensaciones encontradas ya que esa es una cualidad de los aromas que percibimos en un entorno natural, más que en algo construído. En Janca podemos disfrutar del encuentro entre un frescor sedoso y un dulzor aterciopelado. Y esto me invita a pensar que este perfume habla de una sensibilidad refinada que busca la naturalidad antes que nada.

jancaAB

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