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Los perfumes de Keiko Mecheri son sencillos de leer, no suelen tener muchos capítulos, pero si párrafos bien elaborados. Normalmente tampoco sorprenden por su tremenda originalidad sino por su delicadeza (Cuir Cordoba), su cromatismo (Oliban) o por la solidez del tema (Peau de Pêche). Y, de alguna manera, acaban creando un efecto de cercanía singular. Algo que remarca la relación del perfume con la piel.

Sin embargo, en Mogador hay algo familiar que se percibe nada más olerlo y, de forma vaga, según el perfume avanza, esa sensación aumenta. Aunque su familiaridad no radica sólo en el hecho de que este sea un perfume basado en el acorde de los acordes: rosa más jazmín. Hay algo más.

Keiko Mecheri dijo en una ocasión que su intención en Mogador era recrear una rosa de Dades clásica, de olor profundo y especiado con algún matiz fiero. Una idea sencilla pero poderosa.

Y básicamente eso es Mogador, el retrato de la rosa centifolia de Marruecos que, por naturaleza, tiene un aroma con mucho cuerpo y carácter contrastado aunque persistentemente frutal, con tonos secos casi herbáceos bajo un velo de humedad. El toque de jazmín luminoso, con sus vapores indólicos, refuerza no sólo el estilo clásico de femineidad del perfume, sino también la faceta animalística.

La salida de forma suave muestra un efecto rosa chicle característico de ciertos perfumes vintage, pero este es un matiz propio de la rosa de Dades. El corazón del perfume desarrolla aspectos melosos y especiados como de clavo y, mientras la fragancia se despliega hacia el fondo, cierto dulzor confitado y lánguido comienza a hacerse cada vez más evidente. Un aspecto muy reconocible, sugerente también, con cierto aire de chypre frutal, mezcla de almizcle y ciruelas, que en J´Adore de Dior y en Liaisons Dangereuses de Kilian encontramos renovado gracias a la maestría de Calice A. Becker, autora también de Mogador. Este elemento dulce y jugoso da un acabado más suave y sedoso, como de mousse de rosas que completa el círculo de las características típicas de la rosa de Marruecos con un toque gourmand y, por tanto, redondea el perfume.

Mogador está hecho para quienes busquen un perfume de rosa afrutada algo narcótico, con suficiente relieve en los contrastes como para ser interesante pero sin que el tema se diluya en complicadas torsiones barrocas. Clásico sin ser retro y moderno sin renunciar a la opacidad. Rosa todo el tiempo, con distintas sombras y matices, pero manteniendo el brillo. En mi opinión personal tiene ese tipo de efectividad única que aportan los sabores fuertes en la cocina, capaces de conseguir impacto sin demasiada elaboración, aunque no se pueda definir como un perfume explosivo. Al contrario, tiene la suavidad indulgente de un postre elaborado.

mogador

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