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Rose Barbare. A priori no parece que haya atisbos de barbarie en este perfume de rosa sublime. Pero quizás fue esa la intención final para capturar la magia de la rosa: crear un oximoron.

Al escribir una revisión mi primer objetivo es entender el perfume y, después, poder plasmar esa idea de la forma más plástica que se me ocurra pero, hasta que no tengo la sensación de que las piezas encajan no edito la entrada, lleve el tiempo que lleve pensando en el tema. A veces días y semanas, a veces meses y, en ocasiones, dejo reposar tanto las cosas que las muestras quedan olvidadas hasta que algo las rescata del olvido. He pasado tiempo pensando en cómo hablar de este perfume…

Una vieja canción de Alla Pugacheva El antiguo reloj tiene la culpa de que haya vuelto a este Guerlain tiempo atrás abandonado. La interpretación contenida pero precisa que hace la propia cantante y, sobre todo, el ritmo complejo que texturiza la melodía me hicieron pensar en Rose Barbare. Muchas canciones eslavas siguen el patrón de combinar un dinámico ritmo binario y una melodía compuesta con tonos melancólicos. Es un modo de hacer muy característico e infalible porque no te puedes sustraer de esa contradicción. En El antiguo reloj no existe un sólo ritmo con tempo único, ahí está la cuestión, sino una superposición. La letra utiliza el reloj como metáfora del corazón: el reloj que sigue con su tic-tac cuando la casa está sola, que alborota de alegría cuando él vuelve, que sigue siempre con su tic-tac mientras el tiempo pasa inexorablemente…

La cuestión es que Rose Barbare (2005) es en cierto sentido un viejo reloj marcando ritmos intrigantes. La filiación está clara desde el principio, es una modernización del género chypre auxiliada por el carácter más floral y radiante de los perfumes cuyo núcleo es una combinación de patchoulí+Hedione, al estilo Knowing de Estée Lauder, Aromatics Elixir de Clinique o Paloma Picasso. Pero es difícil no pensar en la sensación de contradicción que surge al contrastar un nombre que denota una declaración inmediata de intenciones con el aura de clasicismo refinado que emana esta rosa melosa de suave acabado chyprée.

Lo más singular del perfume es el timbre aparentemente luminoso pero en el fondo lleno de sombras. Como en otros perfumes creados por Francis Kurkdjian el aspecto ambarado funciona de la forma más tradicional: como unificador de notas pero, la tersura y el acabado radiante que en principio volverían ingrávidas las notas florales llegan a crear una sensación de densidad viscosa un tanto inquietante. Esta solidez tan terrenal de Rose Barbare contrasta con la personalidad expansiva y perfumada de Nahéma, el otro gran perfume de rosa de Guerlain, si bien ambos coinciden en invocar la imagen persistente de una rosa casi magenta (aka casi retro), algo aldehídica y empolvada, con una faceta de melocotón importante. Pero mientras en Nahéma el melocotón es como mermelada de frutas exóticas, en Rose Barbare sigue la ruta melosa.

Hay un extra de riqueza en esta rosa: un toque gourmand refinado. La combinación de un patchoulí super fino que recuerda al chocolate de pimienta, el fenugreco que tiene matices de avellana y la cremosidad de la vainilla crean un efecto bombón. Lejos de parecer demasiado, todo está perfectamente acompasado, unificado por un gran sentido del equilibrio.

Por otro lado el patchoulí contribuye a que la rosa respire y tenga una cualidad tridimensional. Este relieve que parece dar la ilusión de grandes pétalos de rosa aterciopelados es un rasgo distintivo de su estética retro-chic: los perfumes vintage a menudo tienen ese aspecto de flor preservada en su interior, incluso cuando son fantasías, parece que aún retienen un pálpito de vida y, creo que ese toque manierista es, en el fondo, el elemento bárbaro en el perfume. El tic-tac.

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