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¿Recordáis esta canción? Con ella el grupo Antique representó a Grecia en 2001 en Eurovisión. No dejéis de ver la versión de Moriría por ti (Ja za tebya umru) que hizo Philipp Kirkorov (2001) con aire de dibujo anime. Que conste que me encanta Philipp Kirkorov y sus versiones más fiesteras tanto como sus canciones más dramáticas. ¿Os suena la intérprete de Antique?, es Elena Paparizou que cuatro años más tarde y con una imagen muy sofisticada ganaría el mismo concurso con My Number One en Kiev.

¿No os ha pasado esto probando perfumes? Ese fenómeno un poco incómodo del “Esto me suena pero ahora mismo no lo ubico”. Como ocurre en la música o en el cine, igual pasa en la perfumería. Ciertos temas se repiten continuamente, se adaptan o modifican pero sabes que ya los conoces aunque puede que una versión te guste más que otra. A veces es cuestión de detalles, otras porque confías más en una marca que en otra o directamente porque lo ofrecen de una forma que te convence más.

Perfumes que recuerdan a otros perfumes ha habido y habrá siempre. La razón es bastante pragmática: si una fórmula tiene éxito, se repite. Y así nos podemos encontrar con cosas que van de la simple copia a un intento interesante por ofrecer matices diferentes, tanto en el sector más generalista como en el nicho; esto es importante recordarlo porque insisten en vendernos la idea de que los perfumes nicho son siempre un plus de creatividad, de calidad… y, la verdad, no siempre es así. No siempre.

No me gusta llevar las cosas hasta el punto de provocar desencanto porque estoy absolutamente convencida de que es una equivocación sembrar el sentimiento de hastío. Dejemos esto en una sugerencia sobre la que reflexionar… ocurre en todos los fenómenos artísticos desde siempre; de no ser así, de no existir la imitación de un modelo nunca se habrían desarrollado los estilos artísticos, igual que de no intentar cada cual aportar algo habría sido imposible la evolución de los artistas o de los pensadores: Platón fue maestro de Aristóteles y se nos enseña que ambos eran opuestos en su filosofía…pero los textos tempranos de Aristóteles suenan tanto a Platón…y, aún así, siempre hay algo distinto: un factor de construcción. Estaríamos perdidos si además de dedicar nuestros años de estudio a inventar de nuevo la rueda no llegáramos al punto de añadir una faceta nueva. Es cuestión de mantener ese espíritu de búsqueda vivo.

Por eso, dentro de la perfumería, además de las clásicas familias de perfumes (floral, chypre, oriental) la renovación también puede surgir gracias al trabajo sobre los perfumes de tramo: aquellos que caracterizan una época concreta; pueden ser muy apreciados en su momento y luego perder un poco su brillo porque su sabor domina el mercado en un período, al que quedan indisolublemente asociados. Esto está condicionado por el uso de las materias primas que dan la tesitura al perfume del momento. No es sólo cuestión de ingredientes sintéticos omnipresentes en los perfumes de un tramo dado, sino también los propios métodos de destilación hacen que no sea lo mismo un absoluto de rosa hoy que hace setenta años. Por eso puedes situar el perfume en cierta época. Pensad en la música y los ritmos característicos de una década. Pensad también en que siempre pueden rescatarse los viejos temas adaptándolos. En el caso de las fragancias, sustituyendo materiales antiguos por otros más nuevos pero de tonalidad similar.

Más allá del tramo, los subgrupos transversales. A veces se crea un perfume especial que causa impacto porque ofrece un perfil nuevo y no sólo va a generar “copias” en breve sino que a lo largo del tiempo dará lugar a nuevas interpretaciones del tema que permitirán apreciar una evolución, creando así un grupo específico de perfumes. El ejemplo clásico es el de los perfumes aldehídicos florales, desde Chanel Nº5, pasando por Madame Rochas hasta White Linen de Estée Lauder o Gold Woman y Dia de Amouage. Un caso más cercano es Angel de Thierry Mugler con su revolucionaria fusión de patchoulí y frutos rojos: dio con algo diferente y muy poderoso. Angel no sólo ha generado cosas previsibles sino también buenos perfumes basados en ese esquema que, modificando facetas, consiguen aportar algo interesante dentro del conjunto como La Petite Robe Noire de Guerlain o Sublime Balkiss de The Different Company.

Al final, dos perfumes terriblemente parecidos, uno frente al otro, tienen diferencias: en la calidad del acabado, en la riqueza de materiales o porque uno tiene los pequeños detalles que nos atraen y el otro es muy plano. La cosa nos suena y, aún así, no podemos evitar elegir. Tal que así.

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