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*Chang´e volando hacia la Luna de Ren Shuai Ying.

Mircea Eliade escribió: ” (…) esa periodicidad sin fin, hacen de la luna el astro por excelencia de los ritmos de la vida. Por eso no es de extrañar que controle todos los planos cósmicos sujetos a la ley del devenir cíclico: aguas, lluvia, vegetación, fecundidad. Las fases de la luna revelaron al hombre el tiempo concreto, distinto del tiempo astronómico, que probablemente no se descubrió hasta mucho más adelante. Ya en época glaciar se conocían las virtudes y el sentido mágico de las fases de la luna (…)”.

La humanidad no siempre ha vivido coronada por el sol sino que hubo un tiempo en el cual la noche reinaba sobre el día y el invierno sobre el verano. Entre esos extremos, el punto medio del otoño ofrecía a los hombres el momento de mayor riqueza: la tierra fértil había madurado sus frutos al calor del estío, recolectados serían el consuelo durante un largo invierno. Entre tanto, la abundante cosecha siempre se celebraba, de Oriente a Occidente, con festividades singulares. Halloween fue, en origen, una fiesta de la cosecha; el Festival de la Luna en Extremo Oriente – celebrado en el octavo mes del calendario lunar, durante el plenilunio- es otro ejemplo de esto.

A los frutos de la tierra, los dulces tradicionales (tortas de la luna) y las reuniones familiares se unen en estas fechas la belleza de una luna más brillante y el esplendor de la flor de osmanto cuya fragancia se hace más presente en este momento del año, expandiendo por kilómetros y kilómetros su hechizante aroma meloso y afrutado. Bajo la luz de la luna llena y envueltos por ese aroma de osmanto los más jóvenes tienen la oportunidad de escuchar de sus mayores leyendas como la de Chang´e, la Diosa de la Inmortalidad que habita en el Palacio de Cristal de la Luna, acompañada de un conejo, un gigante y un fragante osmanto. Ella, grácil danzante con las mangas largas, simboliza la belleza femenina, dando lugar a una iconografía que encontramos en repetidas ocasiones en el Arte oriental. ¿Recordáis en La Casa de las Dagas Voladoras la escena de la Canción de la Bella (Jia Ren Qu) ?

Siendo justos con la realidad, hay osmantos en flor todo el año exhibiendo tonos amarillos dorados, blancos cremosos o naranjas, pero en otoño su aroma es más cautivador. Igual que la luz de la luna es más misteriosa.

Existen más de cien variedades de arbustos de osmanto que crecen desde el Himalaya hasta Japón pero podemos dividirlas en dos grandes grupos: aquellas que florecen las cuatro estaciones (Osmanthus fragrans) y las que sólo florecen en otoño, entre las que la Osmanthus fragrans Lour var. thunbergii es la más apreciada, tanto para aromatizar té como para extraer el absoluto para perfumería. Su fragancia es más rica y aromática en parte debido a que tiene un mayor nivel de carotenoides.

El osmanto dulce, también llamado olivo oloroso, lila fragante o acebo de olor, pese a ser común en Extremo Oriente, en China tiene un importante rol cultural: por su aroma, por su belleza ornamental, por su sabor y también por sus propiedades medicinales. Cultivado en los jardines clásicos, se colocaba en los patios interiores, en las esquinas cercanas a las ventanas, para favorecer que el viento arrastrara su aroma en el interior de las casas.

Entre sus propiedades medicinales está tratar problemas de menorrea y otras menopatías, favorecer la expectoración en caso de constipado, promover la digestión, combatir la alitosis o procurar un estado saludable general del cuerpo y la piel. Siglos antes de que se conociera el dato de que el osmanto reduce la melanina (inhibe la tirosina) se tomaba en infusión para conseguir un cutis más pálido. Por eso el té de osmanto se considera un té de belleza, siendo la variedad más preciada la Jingui.

La flor de osmanto tiene un aroma etéreo y a la vez penetrante, el elemento meloso envuelve sus matices, como ocurre con el pittosporum con el que tiene cierto parecido, pero destaca el aspecto de albaricoque fresco como lo más singular. También tiene recuerdos de flor de naranjo, jazmín y gardenia. El absoluto es un material opulento aunque en principio parezca un juego dual entre facetas afrutadas y facetas de cuero, esconde una complejidad de matices infinita. Puede recordar en cierto modo a las violetas y a algunas variedades de té verde, tiene una intensa veta almizclada-vinosa que hace pensar en las rosas más embriagadoras. A veces muestra elementos de frutos del bosque y de ciruela, toques empolvados y una nota profunda de tabaco rubio. Es una fragancia estimulante que tiene la propiedad de elevar el espíritu.

En perfumería su nota puede sugerirse combinando lactonas e iononas ya que entre los principales componentes del absoluto encontramos derivados de las iononas (beta-iononas y dihidro-beta- ionona) gamma-decalactona y delta-lactonas, además de cis-jasmone, geraniol y trazas de safranal, eugenol o cumarina entre otras cosas. También es frecuente introducir la nota por medio de una base como en L´Eau d´Issey de Issey Miyake.

El absoluto en sí mismo es difícil hacerlo brillar ya que fácilmente puede dominar la composición pero se usa para añadir un suculento efecto frutal que encaja muy bien en estructuras orientales y floral-orientales, como la primera versión de Venezia de Laura Biagiotti, aunque en las líneas más nicho de hoy en día se pueden encontrar “soliflores” de osmanto como Osmanthus de The Different Company u Osmanthus Interdite de Parfum d´Empire.

Además de los ya citados, estos son algunos perfumes a explorar para sentir una nota de osmanto/osmanthus destacada: 1000 de Jean Patou, Epic Woman de Amouage, Datura Noir y Nuits de Cellophane de Serge Lutens, Osmanthe Yunnan Hermessence de Hermès, Janca de Acqua di Biella, Tous Touch, Flora de Gucci, Les Nombres d´Or: Oud de Mona di Orio, Casta Diva de Nobile 1942, Inlé de Memo, Osmanthus de Ormonde Jayne, Aqua di Stressa de Acqua di Stressa, L´Eau de Circe de Parfumerie Generale, Vetiverus de Oliver & Co, Magical Moon de Hanae Mori, Fleur d´Osmanthus de Roger & Gallet y Alamut de Lorenzo Villoresi.

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