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* El aroma de Paul Rink.

En un gesto instintivo acercamos la nariz a una flor para aspirar su aroma descubriendo una sensación aparentemente sencilla y clara pero que, en realidad, es intangible. Cuanta más atención ponemos en esa impresión, más volátil y compleja se nos muestra la realidad. Tan insondable como poderosa. Frustrante o sorprendente puede ser la experiencia pero el gesto lo repetimos siempre que tenemos ocasión.

Cuando acercamos la nariz a una flor descubrimos que el corazón de la flor de cerca revela facetas que la brisa no arrastra. Notas más concentradas y dulces, mantecosas y compactas. Menos difusas o cristalinas que lo que el aire siembra alrededor de una planta. Tras la percepción engañosa de que ese aroma es palpable, tenemos la evidencia de que nada es tan complejo y equilibrado como lo que la naturaleza da. El perfumista trabaja con ese modelo pero lo aborda, como no puede ser de otra forma, con una perspectiva personal gracias a la que creará una ilusión de realidad con mayor o menor nivel de genio y creatividad.

La idea base de Baiser Volé EdP (2011) fue, precisamente, ese gesto tan natural de acercar la nariz y oler una flor, en este caso, un ramo de azucenas. Capturando todo el frescor vegetal de los tallos y el esplendor de esa compleja flor para encapsularlo en una composición muy chic de acabado empolvado-cosmético con cierto recuerdo de ámbar gris escondido entre el almizcle se consiguió un equilibrio entre lo vintage, lo clásico y lo moderno muy atrayente. Hoy en día el tema se ha convertido en saga. El Extrait de Parfum (difícil de encontrar) resultó ser un retrato más contrastado entre la carnalidad de la flor blanca y las facetas más sombreadas del patchoulí mientras que el EdT fue una incursión en los aspectos más verdes, jugosos y frutales de la flor.

Cada perfumista intenta atrapar el frescor en su composición y que parezca algo natural capaz de expandirse desde el centro mismo de la fragancia. Esta es una de las búsquedas constantes en la perfumería moderna: tejer lo natural -sencillo y fresco- con lo construído, tan “perfumado”. En este sentido, Mathilde Laurent tiene una habilidad especial para trabajar notas cristalinas con gran delicadeza e introducirlas en la trama de un perfume para crear un efecto de aire en el núcleo, manteniendo la armonía y la sencillez del conjunto. Ese aspecto aéreo, en este caso, de frescor floral es aún más cautivador en un contexto de dulzor ambarado y eso es lo que ofrece la nueva versión de Baiser Volé: un equilibrio perfecto entre artificio evidente y naturalidad construída.

En Essence de Parfum (2013) todos los aspectos resaltados en las concentraciones anteriores se han vuelto a trabajar a la vez para crear una sensación floral más redonda, más texturizada. De la suntuosidad del jazmín, a la coquetería de la mimosa acompañada por una rosa cremosa rodeada de iris. Las facetas de la flor se agudizan, se hacen más ricas y profundas por un lado, mientras cada aspecto se presenta refinado por la envoltura balsámica de la vainilla Bourbon que baña todo con una pátina dorada. El recuerdo especiado del clavo es menos dulce, se ha transformado en una compleja nota oscura que acentúa al patchoulí y acompaña al cuero. El verdor acuoso de los tallos ahora tiene una cualidad crujiente y el acabado empolvado ya no es tan cosmético sino reminiscente de ylang-ylang incrementando la sensación de una azucena más sedosa.

Essence da Parfum es el retrato de un aroma de azucena en su máximo esplendor, de suavidad intoxicante y tersura radiante. Concentrado y voluptuoso, difusivo y a la vez envolvente. Dorado como una tarde de otoño.

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