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F-annis
*Francesca Annis caracterizada como Tuppence Beresford en la serie Matrimonio de Sabuesos (Cap.9 El Crujidor), basada en personajes de Agatha Christie.

Persistencia, esa es la palabra. En el aire y en la mente, con esa sensación suave, pesante y narcótica. Embriagando los sentidos con un dulzor sostenido, cremoso, incandescente. La persistencia natural del aroma de las flores del Trópico. Blancas o amarillas, anaranjadas y rosadas, diminutas o majestuosas; todas ellas conjugan una misma armonía, que llamamos exotismo, capaz de grabar en nuestra mente la intuición paradisíaca de entrega, abandono, relajación y evasión.

El tono exótico es lo que queda en la mente. Una impresión olfativa y una trama de ideas enlazadas para regocijo de la imaginación y cobijo de las asperezas cotidianas cuando, en realidad, no existe un único aroma que defina esas flores. Su naturaleza es variada. Pero existe un ambiente, una condición atmosférica de calor y de humedad particular, que hace posible el desarrollo de unas características aromáticas únicas. El tono exótico es entonces un clima; el clima en el que es posible una densidad tal que las flores exhalan su aroma y las partículas olorosas quedan más tiempo en el aire suspendidas, sin que ninguna corriente las arrastre, concentrando el ambiente con sustancias que se expanden lentamente proyectando su esencia en la distancia, revelando su naturaleza etérea.

Aromas y ambientes forman una poderosa unión en la memoria. Muchas personas asocian olores a condiciones ambientales de luz, temperatura, humedad, color, paisaje, etc y, la evocación de algún factor concreto dentro de esa cadena puede activar la imagen completa. Por eso el ilusionismo funciona en la perfumería, por eso en perfumería el exotismo es un tono, un halo, un acabado más que un aroma definido. Asociado a selvas tropicales o islas del Pacífico, inmerso en la estética del ensueño y la evasión, de viajes a emplazamientos paradisíacos. Una forma de escapismo preciosa o lujuriosa, ostentosa o refinada, auténtica o superficial…no es fácil encontrar perfumes que recreen ese aura con profundidad y carácter.

Una brisa radiante pero sin matices, superficial y esquemática, sustituye ya con demasiada frecuencia a la fortaleza intrincada de un efluvio natural. Ese efecto ha terminado por reemplazar en muchos perfumes de hoy en día algo tan atractivo y único como es el refinamiento conjugado con el carácter. Es el drama de las flores blancas y las notas tropicales…que, buscando un perfil complaciente para gran número de gente, dejan de oler a flores. Se desnaturalizan.

Si hubiera que señalar una flor como paradigma de la auténtica sensación tropical, tan dulce y densa como evocadora y sugerente, diría que el frangipani reúne todas esas cualidades. Fragante como el néctar y fugaz como la gardenia, afrutado como la almendra, especiado como la vainilla, con recuerdos de rosas y canela, de limón y flor de naranjo…de aroma complejo y sutilmente poderoso, tan sútil que pocos perfumes consiguen atraparlo. Songes de Annick Goutal celebra esta nota con gran elegancia y con una riqueza de materiales poco frecuente, usando el precioso y poco común absoluto de ylang-ylang que aporta al perfume una suavidad única.

Pero el paradigma no es el estándar habitual en perfumería. Lo habitual es crear una sensación floral evanescente con acentos concretos de magnolia, gardenia, jazmín, etc. Los salicilatos son ingredientes indispensables para recrear ese efecto atmosférico de brisa floral cargada de aromas vacacionales, solares y densos. Paradójicamente los salicilatos, capaces de emular ese efecto de volumen, crean espacio entre las notas, aligerando las fórmulas. J´Adore L´Absolu de Dior es un hermoso ejemplo de como estos materiales trabajan combinados con ylang-ylang, otro ingrediente importante para crear acordes solares. Rico en salicilatos de forma natural, el ylang-ylang es una contradicción entre la sedosidad de su dulzor tersamente especiado y la persistencia de su carácter balsámico. Es una nota clásica entre clavel y frangipani muy presente en gran número de perfumes de calidad, cremosa y con una increíble tenacidad floral que puede atravesar toda la estructura de un perfume pero rara vez se hacen soliflores con ella.

A destacar: Eau Mohéli (2013) de Dyptique, una composición un poco estilo colonia en torno a la esencia de ylang-ylang, embellecida con notas de pimienta, jengibre y patchoulí y Fleur de Comores de Maître Parfumeur et Gantier (1988) que en un marco estilizado de notas ámbar hace emerger notas arriesgadas más insinuantes.

El perfil de Fleur de Comores es de flor blanca empolvada con bastante jazmín y recuerdos de tiaré, sobre base de ámbar dulce y almizcle. Pero busca el realce de la faceta especiada -clavo (eugenol, isoeugenol) y pimienta-, algo realmente importante a la hora de caracterizar un perfume de ylang-ylang. Esa faceta se convierte en hilo conductor desde la salida hasta la base: desde el absoluto de brote de grosella negra hasta el absoluto de vainilla, el punto de conexión entre notas es ese aspecto especiado. Sutil y evanescente, redondeado y dulce.

La parte floral del ylang-ylang que más se evidencia es quizás la que menos se suele exponer: el aspecto casi anisado de lirio blanco con matices verdes y cerosos aunque todo ello cubierto por una capa vintage, mezcla del recuerdo clamoroso de los polvos de arroz que crean en la base la unión de ylang-ylang, vainilla y almizcle con los despuntes de naturalidad carnosa y mantecosa de las flores blancas.

La marca de estilo de Maître Parfumeur et Gantier es crear profundidad al estilo antiguo: con notas de base de baja volatilidad y añadir un acabado artesanal en cierto sentido conjugado con una claridad del tema casi cartesiana. La casa fue creada por Jean Laporte tras dejar L´Artisan Parfumeur donde la máxima era la poética de lo translúcido. En Maitre Parfumeur et Gantier es justo lo contrario: los perfumes son compactos y llaman la atención por el rigor que exhalan. Son perfumes lineales en un sentido tradicional,es decir, con enlaces de notas muy estudiadas, que desvelan los matices más finos con lentitud. Las notas tienen un acabado más natural y un carácter más centrípeto.

Pero Fleur de Comores no es sólo un soliflor de ylang-ylang embellecido por una vainilla crujiente, sino un estudio sobre la fantasía del exotismo con indolentes notas dulces de fruta madura. Además de los matices especiados, cobra gran protagonismo el dulzor afrutado casi licoroso. Ese aspecto de fruta madura y alcohólica, entre cereza y ciruela, aparece en muchos de los perfumes de esta casa de la mano del absoluto de brote de grosella que trabajado con distinto nivel de intensidad brinda muchas posibilidades. Aquí es una parte importante de la rica faceta frutal que, unida a la cremosidad y densidad floral, recuerda a la nota atrevida de albaricoque y Banana Syrup de aquel polémico perfume de Paul Poiret llamado Le Fruit Defendu (1914) del que ya hablamos aquí y al revisar Rousse . Inspirado o no realmente por ese perfume, en Maitre Parfumeur et Gantier siempre miran hacia el pasado y, en esta ocasión, parece que han puesto sus ojos en las primeras décadas del s. XX., en el ambiente orientalista, sofocante y excesivo pero también audaz, tamizado por una ejecución compositiva que evidencia gran racionalismo. Un perfume vibrante, brillante y cerebral como la interpretación que hace Francesca Annis del personaje de Tuppence en Matrimonio de Sabuesos. ¿La habéis visto?

MPG-FC

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