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C-alta

Todos tenemos imperfecciones que intentamos disimular, físicas y de personalidad. Pero a veces, la obsesión por la perfección (que también parece significar eterna juventud) no hace más que acrecentar un problema o, casi peor, que cambiemos un problema por otro sin darnos cuenta. Si algo creo que tengo claro es que lo realmente atrayente y bello tiene un aura de frescura y naturalidad inmediata pero refinada. Hablando de asuntos cosméticos, es frecuente que tanto perseguir una imagen perfecta acabe siendo contraproducente. Cuanto menos, el exceso de sofisticación, no es belleza.

Uno de los ejemplos más claros es la definición de las cejas. Unas cejas demasiado perfectas no sólo parecen de teatro sino que envejecen. Más aún, las cejas excesivamente perfiladas y delgadas se ven antinaturales y añaden dureza a la mirada. Cuando esto se une a un arco muy marcado y puntiagudo no sólo damos a la mirada un aire inquisitorio sino que añadimos un efecto óptico de pesadez en la zona del rabillo del ojo y del párpado móvil. Quien desee expresar amabilidad o gentileza debería de tener esto en cuenta.

Las pestañas kilométricas a base de postizos…no son la mejor solución cuando estás cansada y quieres avivar tu mirada, al contrario, eso da un acabado pastoso a las pestañas en vez de sugerir algo sedoso que resulte atractivo. Un buen rizado y volumen suave son los dos elementos que más influyen a la hora de transmitir una imagen sana.

Tampoco poner máscara en las pestañas inferiores abre tanto la mirada como la gente piensa, a veces lo que se consigue es marcar más las ojeras y dar una sensación de párpado caído que aumenta de forma exponencial la edad de la mirada. Es un tipo de truco con el que hay que tener mucho cuidado y comprobar, en cada caso, sí realmente va bien: para las personas con la línea de las pestañas muy marcada puede ser algo excesivo.

Muy común es elegir una base de maquillaje uno o dos tonos por encima de tu color y además no difuminarla bien. Hay gente que le gusta mucho esa idea de un tono tostado bien marcado quizás porque da aire de pijería pero, por qué algunos profesionales se empeñan en poner bases más oscuras es para mí un misterio, sin embargo, ocurre. Más aún, se empecinan insistiendo en que eso te realzará. ¿Qué se supone que realzará? Francamente yo no lo sé. La función de la base de maquillaje es igualar el tono de piel pero para realzar el tono hay otras cosas. A mis ojos, una base más oscura se ve tremendamente artificial lo que de entrada ya produce cierto rechazo; además envejece y, añadiendo el insulto a la injuria, hace que tu cuello parezca más ancho. Lo más curioso es que siendo algo tan básico sea un error tan común pero, así es. Y no sólo son varios años lo que añade ese gesto equivocado sino, peor aún, sensación de torpeza porque nadie que se precie permitiría que el truco fuera tan evidente.

Podríamos enumerar juntos muchos más fallos, seguro. Pero el error por excelencia siempre es el mismo: no aceptar que la imperfección existe. Ni las bellezas más épicas son una excepción a esta regla.

Creo que es importante estudiar bien la cara que tenemos y tratar de ver los rasgos más positivos. Todos tenemos algo bonito que podemos realzar. También creo que es importante conocer trucos para crear efectos de luz y armonía en el rostro. Pero para poder hacer algo así, es decir, para poder mirarnos al espejo y perdonarnos por no ser seres perfectos, lo que necesitamos, por encima de todo, es flexibilidad mental.

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