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moulin rouge

Los perfumes que expresan facetas cosméticas, cremosas o empolvadas, remiten a una idea de femineidad tradicional y también a cierto sentido de la comodidad. Pueden ser intensos y dejar una estela de olor muy sólida, pueden exhibir un carácter muy coqueto, pero rara vez llegan a ser narcóticos.

Siendo el Moulin Rouge un cabaret icónico resulta convincente que un perfume inspirado en el lugar ofrezca este tipo de nota, entre otras. Y siendo yo reticente a creer que haya algo de romántico en ese ambiente de frenesí, tengo que reconocer que el perfume creado para celebrar los 120 años de existencia del lugar presenta una nota de rosa conmovedora, con cierto recuerdo cosmético de barra de labios. Así, ante el perfume, mi mente hace un desplazamiento hacia el imaginario de la película de Baz Lurhmann (2001) y la figura de Satine, la cortesana capaz de apreciar y creer en la poesía bohemia que habla de la justicia y la nobleza del ser en medio de un ambiente oscuro y desesperado.

1889 Moulin Rouge (2009) tiene un núcleo clásico de rosa e iris pero en lugar de quedarse en el tonalidad retro chic de la cosmética lujosa guardada en fino bolso de piel, va más allá y se convierte en un guiño a Le Parfum de Thérese al elegir rodear la rosa de redolentes notas alcohólicas que recuerdan a la fruta muy madura, al transformar la nota fina de cuero blanco del perfume de Edmond Roudnitska en una base almizclada con recuerdos de castóreo y pieles y, finalmente, al cambiar el aspecto verde y jugoso de melón que el clásico perfume tenía entre la salida y el corazón por algo más nuevo y aromático: la nota de absenta, amarga y anisada. Lo que no termina de emular el perfume de Histoires de Parfums es el tono chyprée aunque su fondo sea seco, oscuro, empolvado y sensual.

La salida puede desorientar: huele a jarabe de frambuesa, a gominolas de regaliz rojo, a caramelo de fresa y frutas confitadas pero ese tono goloso tiene profundidad y enseguida se percibe como el dulzor juguetón deja paso al dulzor alcohólico que anuncia la nota de ciruela madura. Ésta introduce un aspecto serio en el perfil de las frutas y se acompaña de matices indólicos propios del jazmín. Pero no es el jazmín la flor que destaca sino la rosa, terriblemente afrutada, especiada y cálida como la rosa de Marruecos. Casi escarlata, persistente y muy profunda a la que a ratos acompaña esa faceta algo grasa y cosmética de barra de labios. El patchoulí sostiene la rosa y prolonga durante un tiempo la tonalidad afrutada pero, según el perfume se evapora y se acercan las notas de base, se vuelve más almizclado y sombrío, insinuando algo animalístico y provocativo sin llegar al sofocante exceso.

1889 Moulin Rouge tiene la capacidad de confundir con su estructura. Puede leerse como un floral almizclado, como un fruitchoulí sofisticado, incluso como un perfume de cuero floral. Reúne citas diversas, es cierto – yo leo Le Parfum de Thérese en el perfil general y algo de la tonalidad oriental y fresca de Douce Amére de Serge Lutens en los pequeños matices – pero, en conjunto, se puede decir que da un giro al acorde cosmético tradicional. Ofrece algo más radiante y narcótico, menos coqueto…más dramático y bohemio.

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