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flora
* La ninfa Flora (1591) de Giuseppe Arcimboldo.

¿Soy Flora o sólo una flor?
Si soy flor, soy Flora.
¿Soy como la sonrisa de la flor? Entonces
soy Flora.
¿Cómo Flora y sólo flor?
Ah, si no soy flor, no soy Flora.
Soy Flora y flor.
Mil flores y una sola Flora. Flores vivas,
Flora viva.
Pero las flores hacen Flora, y Flora
las flores.
¿Sabes cómo? El pintor sabio ha cantado
las flores en Flora y Flora en las flores.

Madrigal de Gregorio Comanini inspirado en la pintura de Arcimboldo.

El verdor tierno y húmedo retorna en primavera. Más ligero y cálido el aire, trae de nuevo el polen y la fragancia de mil flores. Se respira algo dulce y vivaz durante la estación, algo rico y profundo. Es la exuberancia de la naturaleza.

El Eau de Parfum de Grand Amour (1996, Isabelle Doyen) también tiene esa abundancia, casi sofocante, de la brisa desbordada por la penetrante fragancia de la hierba recién cortada, el dulzor denso de las azucenas y la efervescencia que desprende un ramillete de frescas madreselvas.

Es un espléndido bouquet floral que respira sobre lecho de mirra, vainilla, brezo y almizcle; con rosas melosas y un fino cuero. Trufado de verdor. Verdor que le imprime dinamismo, optimismo, juventud e incluso un extraño sentido del ritmo.

Pero a la vez es algo más que un espléndido bouquet. Esa mezcla de dulzor y vivacidad también posee una oscuridad singular, susurrante, similar a la de las pinturas de Arcimbolo: subida grado a grado. El resultado es un perfume de matices sutiles pero profundos, con el tipo de tonos luminosos que parecen esconder su viveza bajo un velo, en este caso un velo almizclado.

Vainilla y mirra confluyen en el acorde de ámbar meloso, dando una calidez balsámica al conjunto. La mirra aporta una riqueza única y llena de contradicciones: es muy balsámica pero astringente, es especiada y cálida pero también es refrescante por su tono ligeramente anisado. Mientras el brezo añade un regusto musgoso y un poco herbal.

El lirio blanco o azucena es uno de los protagonistas principales del cuerpo floral. Es dulce y envolvente, con recuerdos de cuero y de jazmín verde. La otra flor blanca protagonista es la madreselva, de carácter más vegetal y anaranjado, se rodea de jacinto cuyo carácter herbal-especiado funciona como hilo conductor en el perfume. La mimosa completa el ramo con un toque empolvado.

Grand Amour embriaga pero es difícil de apreciar, requiere un gusto por determinadas facetas y notas que la mayoría de la gente encuentra difíciles: el cuero, la mimosa, la pungencia de la faceta verde, el lirio blanco…son ese tipo de notas que no atraen a la mayoría de personas. Quien lo aprecie podrá encontrar en este perfume el efecto calmante que deriva de combinar la cualidad narcótica de las flores blancas, el factor relajante de las notas verdes más ásperas y la tersura de los bálsamos. Y ese carácter verde y balsámico unido a la nota de jacinto recuerda, sin duda, Chamade de Guerlain, pero en Grand Amour lo verde persiste durante toda la evaporación.

Verdor y exuberancia. Espíritu primaveral para transmitir optimismo y serenidad. Cualidades entrelazadas por un algo poético que parece vivirse en la música antigua, esa en la que domina la armonía y la laxitud de un tempo lento. En la colección de Annick Goutal, este perfume, destaca por su armonía y por algo más que podríamos llamar musicalidad. Es como un canto silencioso, majestuoso, expansivo y resoluto. Con transiciones suaves, con potencialidad.

La revisión de este perfume ha permanecido postergada en mi escritorio años pero con ocasión del 5º aniversario del blog he decidido editarla y dedicarla con especial cariño a mis lectores, quienes más cerca o más lejos, comentando o en silencio, siguen apoyando este “Cuaderno de Perfumes”.

También me gustaría añadir un toque musical a la celebración del perfume con una de mis canciones favoritas: To tango tis Nefelis ( El tango de Néfele, 1996). Loreena McKennit compuso la pieza instrumental Tango to Evora (1991). Después Haris Alexiou le puso letra y dice algo así: Néfele* solía llevar un lazo dorado en su cabello para diferenciarse del resto en la viña. Dos pequeños ángeles vinieron y se lo robaron. Los dos pequeños ángeles, soñando con Néfele, querían alimentarla con miel y granadas para que ella no pudiera recordar, para que ella olvidara lo que desea y pudieran seducirla. Jacintos y azucenas robaron su perfume para ellos mismos y pequeños amorcillos reían y le lanzaban flechas pero el benevolente Zeus alejó de ella el agua de la juventud, la convirtió en nube y la dispersó, así ellos no podrían encontrarla.

Escuchad: To tango tis Nefelis.

*Néfele era la diosa de las nubes en la mitología griega.

GA-AG

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