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*Fairytale (1911) de Isaak Brodsky.

En “La Reina Cristina de Suecia” Greta Garbo le pregunta a John Gilbert si alguna vez había soñado con lugares desconocidos. Tal sensibilidad provoca sorpresa en el galán, sorpresa que después se transformará en admiración. Pero a menudo las personas ven este tipo de ideas como pura extravagancia porque son incapaces de entender que se pueden imaginar otros paisajes a partir de retazos.

Quizás Greta Garbo interpretando su papel de reina prisionera de las circunstancias se estaba refiriendo a la libertad de soñar partiendo de un pretexto, es decir, a la libertad de usar nuestra imaginación. La imaginación -para quien tenga dudas- es , nada más y nada menos, que la forma de conocimiento que los humanos usamos en nuestra más tierna infancia para aprehender la realidad mientras nuestro cerebro va madurando y especializándose. Hay quienes mantienen esa capacidad imaginativa durante su madurez y esto les dota de más flexibilidad.

La cuestión es que quienes se sienten cómodos en la tesitura del pensamiento creativo deben perseverar en ella. Algunas personas se sienten torturadas por la creatividad porque las expectativas sociales no incluyen el pensamiento creativo en la tabla de estilo del ciudadano modelo (sea eso lo que sea). Pero huir de una facultad además de imposible es peligroso porque significa ir en contra de lo que uno es. Seguro que sabéis de lo que hablo, cuando alguien tiene un estilo en algo e intenta cambiarlo, acaba anulándose cruelmente. Quien es creativo siempre busca nuevos horizontes y esa conexión con otra forma de ver las cosas.

En perfumería también existe esa dualidad falaz entre “realismo” y “fantasía”. Y digo falaz porque la realidad de un sujeto puede ser muy diferente de la de otro. No sólo por circunstancias sociales y culturales sino también a nivel de percepción. Percepción en el sentido más básico que tiene la palabra en el campo de las neurociencias. Unas personas tienen vista de águila mientras otras son miopes; unas personas tienen un oído absoluto y otras no perciben ciertas frecuencias. La realidad para cada persona tiene una configuración distinta.

Pero siguiendo con el dualismo de escuelas. Hay quien apuesta por hacer perfumes naturalistas y muy minuciosos y hay quien prefiere llenar sus obras de sugerencias convirtiendo la realidad en un pretexto para la creación. Estos últimos parten de lo sensible buscando una dimensión más existencial en su obra. Así se crean paisajes mentales, flores imaginarias, bosques encantados…atmósferas extrañas y sutiles, llenas de familiaridad y de exotismo al mismo tiempo.

Se trabaja con la naturaleza, pero de otra manera. Y si Jean Claude Ellena es uno de los perfumistas que más ahonda en esta técnica Bois Farine es, posiblemente, uno de los mejores ejemplos de su estilo de trabajo.

No voy a negar que yo misma en ocasiones quiero un perfume que huela hiperrealista, es algo que a menudo me ocurre con los perfumes de rosa. Una obsesión. Pero he aprendido la importancia de la segunda mirada, la que permite ver otras cosas. La que te otorga una sensación de asombro retardado que es como un ramalazo y te permite comprender que cuando un perfume muestra atisbos de naturalidad entrelazados con fantasía se vuelve más poderoso y elusivo.

Pero en ocasiones se eligen notas inusuales que por sí mismas ya son evasivas. Este es el caso de Bois Farine, un perfume centrado en la madera de cedro envuelta en un acorde farináceo. Jean Claude Ellena estaba trabajando en ese acorde de harina cuando en L´Artisan Parfumeur le propusieron hacer un perfume que iniciara la serie inspirada en viajes llamada Les Voyages Exotiques. Los perfumes de esta serie -entre los que hay raras gemas- a menudo se inspiran en lugares que tienen una dimensión espiritual como Dzongkha o bien un tono más cosmopolita como Traversée du Bosphore. En todo caso, no hablan de un destino vacacional al uso sino de descubrimiento de otras realidades y, en esa búsqueda de lo peculiar, la nota de harina resulta más que llamativa.

En la Isla Reunión crece una especie de arbusto endémico conocido como Flor de Pan (Ruizia cordata) porque de sus flores rosadas emana un olor empolvado y farináceo. Esta rareza de la naturaleza fue la que inspiró a Jean Claude Ellena para dar un contexto a la nota de harina.

Sobre el tema de la harina parémonos un momento. Con el nombre flor de harina se conoce la harina que sale de la primera molienda. Es la más fresca, suave y ligera y posee un ligero aroma a frutos secos, especialmente a nuez. Si alguien tienen la oportunidad de visitar un molino artesanal podrá entender mejor que poco tiene que ver ese olor de la flor de harina que se trabaja en este perfume con el de la harina que compramos en el supermercado, que apenas tiene matices.

Así, Bois Farine está dentro de la categoría de los perfumes empolvados con una importante faceta de iris y almizcles blancos suavizada con ambreta. Esta parte es familiar y delicada. También la base es identificable: una nota amaderada ahora seca, ahora alcanforada, ahora ahumada… pero siempre bien envuelta en balsámico benjuí. Cedro jugando un papel central, guayaco aportando su calidez especiada y sándalo dando un aire oriental.

Sin embargo, los detalles desafían. Desde la salida a la base el perfume tiene inflexiones que llevan el tema hacia la orilla de lo extraño, casi onírico. El que haya entre sus capas un efecto de mimosa con un toque de heliotropina ayuda a que sea más elusivo pero, sin duda, las pirazinas (moléculas presentes en alimentos tostados) tienen un rol muy importante y, para mucha gente, son las causantes de que Bois Farine les decepcione con una nota de salida inclasificable. Ciertamente despista que un perfume comience oliendo como algo verde y a la vez radicular -casi húmedo- a lo que no podemos dar nombre. Pero tras unos segundos, lo verde se vuelve dulce y anisado revelando una nota de hinojo y la humedad radicular da paso a un tono más gourmand de frutos secos que va a caracterizar la nota de harina con una extraña profundidad. No es el único aspecto gustativo del perfume, también hay un matiz de praliné e incluso de Nutella que asoma de vez en cuando entre el iris y la ambreta.

Bois Farine explora espacios entre notas bastante inusuales en perfumería, especialmente en la faceta empolvada porque la tiñe de tonos gourmand pero no te permite entrar de lleno en el universo de la repostería. Al contrario, el perfume está construido para realzar el carácter amaderado de uno de los alimentos más antiguos de la humanidad y simbolo de pureza: el pan. Mientras, al mismo tiempo, alude a una flor tan lejana y rara que es difícil no querer usar la imaginación.

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