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S-iris

Pocos son los perfumes de iris que pueden calificarse de magníficos. El iris tiene tantas facetas, es un material tan caro -de verdad, tan tan caro- y requiere tanta pericia para manejarlo que sólo puedo pensar en lo paradójico que resulta la profusión de perfumes de iris que inundan el mercado y en cómo de bien recibidos suelen ser estos perfumes pese a su poca singularidad. Silver Iris (2013, Jérome Epinette) está ahí, ahí apuntando en dirección hacia el “un poquito mejor que otros”.

Aunque su nombre promete algo frío, puro y metálico tiene poco de dichas cualidades y sí mucho de herbáceo. En salida recuerda bastante a Moulin Rouge de Histoires de Parfums no obstante, es su mejor parte: efervescente, afrutada y con un toque cosmético; pero esa nota más rica y prometedora rápidamente se desvanece y deja paso a lo que el perfume será en las horas siguientes sin mucha variación: una comedida presentación de algunas facetas muy características del iris: un poco medicinal, algo rugoso y amaderado, un filo dulce con recuerdo de frutos rojos y un fondo ambarado-amaderado limpio, sólo levemente enturbiado por cierto regusto terroso-mohoso de patchoulí. En general, se puede describir como un perfume lineal, cálido, seco y de estela empolvada que permite perfumarse con mucha discreción y cierto encanto.

Podría compararse con Songe d´Iris de Rochas -por el que yo me decantaría con más facilidad- que parece una versión menos empolvada, más amaderada y acuática de Silver Iris …Sin ser idénticos, están en la misma esfera.

Atelier Cologne siempre presenta sus perfumes con una imagen promocional a modo de composición-collage-bodegón moderno y unas pocas líneas que en teoría apelan a la personalidad del perfume. El texto habla de vitalismo y de cierto espíritu salvaje…no podría describir el perfume en esos términos pese a que cierto centelleo cítrico lo recorre hasta casi la base aportando un poco de vibración a lo que, por otro lado, es un olor bastante plano. Más aún, el centelleo en cuestión es bien discreto o mejor dicho, comedido.

Por contra, debería de decir que la imagen promocional es muy representativa. Hace pensar en las cientos de fotos que encuentras en Tumblr de cosas bonitas que a muchas mujeres nos entretiene ver de vez en cuando sin que necesariamente nos sintamos retratadas o reflejadas por completo en nuestra femineidad sino, más bien, en una idea genérica del mundo femenino que a veces contemplamos con complacencia quizás porque nos hace pensar en la idea de crianza: en cómo crecimos rodeadas de las cosas de mujeres de nuestra familia. O quizás porque crean un rincón de fantasía. Aunque no todo al mundo haya pasado su infancia bajo la luz de una lámpara cuajada de lágrimas de cristal de roca y bolas de strass o rodeada de complementos en piel color rosa pastel, la idea de fondo se entiende bien. Y todo esto sin dejar de apelar al tema de la deseabilidad social y lo aspiracional.

Concretando, aún a riesgo de que mi discurso suene demasiado selectivo -cosa que no pretendo pero sé que ese riesgo pende sobre mi cabeza-, hablaré claro: lo más probable es que este perfume resulte adorable para quienes realmente no toleren bien el iris, porque es un retrato en pastel idealizado y asequible. Y es que, digan lo que digan, y a pesar de la popularidad de que goza el iris en el mundo niche por su aura de elegancia y refinamiento, en la práctica un perfume que ofrezca un iris muy rico y naturalista no sólo es difícil de construir, también es difícil de digerir. El iris suele polarizar al público: o lo adoras o lo detestas porque tiene un carácter muy difícil que hay que saber llevar. En realidad, pocas casas se arriesgan a ofrecer algo que de entrada se sabe que es del gusto de muy pocos y, en este sentido, Atelier Cologne no ofrece la excepción a la regla. Fantástico habría sido que apostaran por un toque de originalidad como ocurrió con Vanille Insensée…adorable vainilla.

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