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* Madonna Lily foto tomada en mayo de 2008 en el Eden Project (Cornualles) por Stuart Richards, via Flickr , algunos derechos reservados bajo licencia CC BY-ND 2.0

Me hundiré en la tiniebla divina, en un silencio mudo y en una unión inefable, y en ese hundimiento se perderá toda igualdad y toda desigualdad, y en ese abismo mi espíritu se perderá a sí mismo, y ya no conocerá lo igual o lo desigual, ni ninguna otra cosa: y se olvidarán todas las diferencias,, estará en el fundamento simple, en el desierto silencioso donde nunca ha existido la diversidad, en la intimidad donde nadie se encuentra en su propio sitio. Caeré en la divinidad silenciosa y deshabitada donde no hay obra ni imagen.

Hace frío en el scriptorium, me duele el pulgar. Dejo este texto, no sé para quién, este texto, que yo no sé de qué habla: stat rosa pristina nomine, nomina nuda tenemus. Cita de “El nombre de la rosa” (1980) de Umberto Eco.

Lo que todos entendemos. Lo que todos entendemos suele ser fruto de las tradiciones más enraizadas, a veces, de tradiciones muy primitivas cuyos valores originales se nos escapan cuando intentamos estudiarlas en detalle y lo que dejamos de ver cuando se pierde una cultura y sólo quedan de ella vestigios desmembrados que hay que recomponer con paciencia. Pero es curioso como algunos símbolos prevalecen a lo largo de los siglos, a veces, con sólo pequeños cambios de matiz, otras revistiéndose de nuevos valores.

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*Sarah Bernhardt con la tiara de lirios perlados de Lalique que Alphonse Mucha le diseñó para interpretar a Melissande en La Princesse Lountaine (1895).

El lirio tiene una larga historia como símbolo de belleza, pureza, majestad. No cabe duda de que el suntuoso perfume de la flor, con sus pétalos suaves, ultra blancos y el porte mayestático de la planta en estado silvestre atrajeron al hombre tanto como para intentar domesticarla.

Esas mismas características han seguido siendo fuente de alabanza de la flor. Cesare Ripa, empapado del pensamiento neoplatónico de su época, en la entrada dedicada a la alegoría de la Belleza de su obra Iconología (1593) justifica que el lirio sea atributo de la Belleza con las siguientes palabras:

(…)Igual que el lirio, por la intensidad de su aroma, mueve los sentidos y el espíritu rinde, así también y del mismo modo mueve los ánimos la belleza, llevándolos a amar y a desear (para alcanzar la propia perfección) el goce de aquellas cosas que por su mucha hermosura nos parecen dignas de consideración y aprecio.

(…)Los lirios son antiguo jeroglífico de la belleza, según nos dice Piero Valeriano, quizás porque sólo esta, entre las restantes flores, posee aquellas tres nobles cualidades que halló una dama florentina en cierta estatua tallada por un escultor poco experto. Pues habiéndosele solicitado que juzgase sobre la calidad de la estatua, ella, con gran agudeza, al ver la belleza de la dama que había servido de modelo y la torpeza de la obra, no dijo sino que era blanca, mórbida y dura, por ser estas las cualidades del mármol en que estaba tallada, propias de una mujer bella, relatándonos este suceso Giorgio Vasari. Pues bien, estas tres cualidades son las que en particular posee el lirio entre las restantes flores.

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*Fresco de la Primavera, Habitación Delta 2 en el complejo Xeste 3 de Akrotiri, Tera (Santorini) via Tumblr.

Intuiciones simbólicas. Frente al Paleolítico, las culturas neolíticas se caracterizaron por una mayor conciencia de la división entre el tiempo y el espacio, entre el hombre y los animales. A medida que la agricultura se desarrollaba su relación con la naturaleza cambiaba, distanciándose cada vez más de los viejos modos del hombre-cazador. La naturaleza se sobrenaturalizó y comenzó a verse como una especie de mundo paralelo; en ese contexto toman cuerpo las intuiciones simbólicas espacio-tiempo, tierra-cielo de las comunidades anteriores, con ritos más estructurados en torno a temas como la regeneración de la vida y la fertilidad de la tierra, donde animales y plantas tienen un papel preponderante.

Las plantas se van haciendo cada vez más útiles para las comunidades: unas nutren, otras curan. Estas últimas, usadas por los médicos-chamanes de la tribu para sanar al individuo en cuerpo y espíritu, adquieren valor ceremonial y a menudo, son adoptadas como símbolos relacionados con el poder y la prosperidad.

En cada región crecían de forma silvestre plantas que el hombre aprendía primero a usar y que después intentaba cultivar. Las antiguas culturas del Mediterráneo oriental tenían una rica farmacopea que incluía con mucha probabilidad al azafrán, al mirto, la hiedra, el pino…y quizás al lirio, cuyos pétalos contienen alcaloides.

Si bien tenemos que esperar hasta los ss. V-IV a. de C. para que el Corpus Hipocrático confirme el uso médico que tuvo el lirio en la Antiguëdad, cuyo aceite formaba parte de varios ungüentos, sabemos por los frescos y los restos cerámicos que en las antiguas culturas egeas, especialmente la minoica, la flor estaba asociada a las ceremonias matrimoniales, ritos de preparación, celebraciones en torno a la regeneración de la naturaleza y al poder de las élites sociales.

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*Relieve Lirinon E11162, sala 30 Louvre. Tumba de Païrkep, Menfis (595-589 a. C.) XXVI Dinastía. Escenifica la segunda presión y refinamiento del perfume.

Un lirio auténtico. De las 600 especies que engloba la familia de las Liliaceae, unas 30 pertenecen al género Lilium, aunque los problemas de clasificación han sido siempre un quebradero de cabeza. Muchas de las especies que existen son híbridos, no auténticos lirios. Y los nombres de las flores no siempre son representativos del género: existen flores que siendo auténticos Lilium no se designan como tales, igual que existen flores llamadas lirios que pertenecen a otra familia. Este problema en la Antiguëdad era aún más nebuloso, ninguna prueba de ADN podía aclarar las dudas sobre la filiación de una planta. Otro problema añadido al rastrear en la Historia Antigua es que las lenguas primitivas no tenían vocabularios tan amplios como las modernas, con una misma palabra o expresión se podía denominar a un grupo de cosas parecidas. Así, un grupo de flores con relevancia para una comunidad podían nombrarse con la misma palabra, máxime si estas flores eran silvestres; las plantas que comenzaban a cultivarse, recibían más atención de los hombres y eso hacía más probable que recibieran un nombre propio. En el caso del lirio blanco o azucena (Lilium candidum) -indígena del suroeste de Anatolia-, que era el lirio más extendido y mejor conocido en la Antigüedad, se cree que la domesticación de la especie tuvo lugar durante el minoico tardío, siendo probablemente el lirio cultivado más antiguo en el área de Europa.

Veamos un ejemplo de lo confuso y ambiguo que puede ser el tema del lenguaje. En el Antiguo Egipto el nenúfar del Nilo y otras flores apreciadas como el lirio se designaban con un mismo jeroglífico leído como seshen (S/SH/N).

Las antiguas lenguas semíticas tenían vocablos parecidos -ej: sosanna (hebreo), sosanta (arameo)- que también describían diferentes flores, entre ellas el lirio blanco. El griego helenísitco adaptó el término y pasó a llamar al lirio sûson, de donde derivaba el nombre de un ungüento famoso nombrado por Dioscórides en De materia medica: el susinom.

La historia de la palabra continua por un bello derrotero, dando lugar a dos nombres de mujer. Por un lado, las lenguas semíticas comienzan a usar la palabra como el nombre de mujer que en la Biblia Vulgata será traducido como Susana. Por otro, as-susanah designaba a muchas flores en Al-Andalus y la palabra en castellano se convirtió en Azucena.

Vestigios. Los Relieves Lirinom del Louvre -hay dos con el mismo nombre pertenecientes a la tumba de Païrkep en Menfis- ofrecen otra buena muestra de hasta dónde pueden llegar a interpretarse las cosas y lo poco veraz que es hacer una afirmación categórica en este campo. Estos relieves son famosos porque ilustran el proceso de fabricación de un perfume: la recolección de las flores, la extracción de la esencia retorciendo las flores en un paño, la mezcla de ingredientes y su reposo, hasta la presentación del perfume que es un símbolo de renacimiento. Los jeroglíficos detallan cada paso y las escenas se acompañan del signo seshen que por unos ha sido interpretado como nenúfar, por otros como lirio mientras la gran egiptóloga Ch. Desroches-Noblecourt habla de una flor de plátano silvestre natural de Etiopía. ¿Qué flor se representa realmente?

Por eso es difícil estudiar con una perspectiva histórica esta flor. Los datos disponibles a menudo son sólo las inferencias que los antiguos frescos y grabados permiten hacer, con el margen de interpretación que eso supone. Además, en el caso del arte minoico, a menudo las representaciones tienden a recrear un lirio fantástico con valor simbólico más que un esquema de corte analítico. Así, en El Fresco de la Primavera de Akrotiri encontramos una representación híbrida de los dos tipos de lirios que mejor conocían las culturas egeas: el Lilium candidum (blanco) y el Lilium chalcedonicum (rojo y con pétalos recogidos hacia atrás). El fresco, según interpretación de Marinatos aportaba el fondo a una habitación donde tenían lugar ceremonias relacionadas con la cosecha y la regeneración de la naturaleza, de ahí la presencia de dos signos de la llegada de la primavera: golondrinas y lirios.

No es hasta la Grecia clásica que aparece el lirio citado en una fuente literaria. Los alfabetos egeos, especialmente el Lineal B, no recogen un término que designe esta flor ni tan siquiera en las tablillas dedicadas a la industria del perfume, pese a lo preciada que era por su olor y por ser remedio contra las picaduras de serpiente.

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*Ilustración de Lilium chalcedonicum & Lilium album en Hortus Eytettensis, vol 1(1620) por Basilius Bessler, via plantillustrations.

Apreciado por su perfume y virtudes terapéuticas en la cultura griega más primitiva, durante el período helenístico y, especialmente, en época romana, la flor va adquiriendo un valor cada vez más sublime, asociado a la gloria y al matrimonio. Así, las novias solían acceder coronadas de lirios entretejidos a la ceremonia de matrimonio.

Durante la Edad Media el lirio es flor de advocación mariana, simbolizando el alma y la castidad. Una prueba más de la importancia que esta flor tenía por su valor simbólico nos la da la orden imperial Capitulare de villis de Carlomagno, en la que el emperador enumera un total de 73 plantas que deben de ser plantadas en los jardines de sus palacios imperiales. En la lista apenas aparecen cultivos ornamentales, la mayoría de plantas tenían un uso medicinal pero el lirio-azucena está listado en segundo lugar, por detrás del lirio-iris.

El valor cultural y los perfumes de lirios. Lo que se puede apreciar a lo largo de la Historia es que un poso simbólico permanece a través de siglos y culturas como un legado colectivo. Hoy en día, ese poso también forma parte de la imagen que se maneja en perfumería para retratar el hechizante perfume del lirio.

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*Sun Women (1901) de Raphael Kirchner. El pintor no ilustró lirios auténticos.

El perfil característitco de esta flor es un olor verde, especiado y floral con matices cerosos, dulces y marinos. Denso, con rincones animalísticos y, a la vez, fresco con elementos que conjuran una atmósfera húmeda. Paradójicamente también presenta un carácter solar que algunos perfumes como Vanilla Galante de Hermès o Lys Soleia de Guerlain han explorado.

La asociación con la inocencia y castidad ha prevalecido en perfumería: el lirio es una flor muy idealizada, estilizada casi hasta el punto de parecer más una fórmula sofisticada que una creación inspirada en la naturaleza. En esta imagen ideal, la azucena se compone de notas verdes muy frescas, algo jabonosas y empolvadas que están más cercanas al retrato del lirio de los valles que al especiado y poderoso olor del lirio blanco. La estructura a base de salicilatos, almizcle y moléculas de muguet presentes en el clásico Anaïs Anaïs de Cacharel ha servido de modelo durante décadas.

Sin embargo, los soliflores dedicados al lirio blanco son más bien escasos; esta nota floral a menudo forma parte de un bouquet para dar una sensación verde-fresca-floral aérea que simplifica aún más su retrato. Pero la azucena en la naturaleza está lejos de ser delicada, es una flor de olor potente y narcótico, de carácter más frío, suntuoso y especiado que otras flores blancas y con un toque de suavidad insperado que le da cierto componente avainillado.

Existen algunos ingredientes derivados de la flor pero son poco usados, por ejemplo en Louanges Profanes de Parfumerie Generale se emplea infusión de lirio. Pero lo más frecuente es reconstruir la nota, a menudo a base de salicilatos (tono verde y efecto empolvado), eugenol/isoeugenol (nota de clavo), un toque de indol (densidad dulce floral) y vainilla o vainillina para suavizar. Esto es lo básico.

Algunos ejemplos de perfumes que conjuran su olor de forma diferente pero sin centrarse únicamente en esta flor podrían ser: Grand Amour de Annick Goutal, Eau de Charlotte de Annick Goutal, Dune de Dior, L´Eau d´Issey de Issey Miyake, Narcotic Venus de Nassomatto o Modern Muse de Estee Lauder.

Pese a los pocos perfumes que toman esta flor como modelo absoluto, los que hay están llenos de encanto. Uno de los más preciados por su intento naturalista pero ya retirado fue Lily & Spice de Penhaligon´s que abría con una nota verde y aérea tipo muguet y avanzaba hacia un terreno más cálido con notas de jazmín, benjuí y una pizca de azafrán que le daba el toque cuero-animalístico. Sin embargo, quedan otros que los verdaderos aficionados a esta flor pueden disfrutar:

Un Lys de Serge Lutens. Es un retrato delicado pero que da el tono. Está más en la dirección de las lilas y encierra un rastro dulce y profundo de vainilla que crea gran afinidad con la piel.

Lys Carmin de Van Cleef & Arpels. Una delicia cremosa, muy especiada y con un efecto aéreo único.

Lys Mediterranee de Frederic Malle. Mi favorito. Veraz en sus facetas pero a la vez fantasioso. Verde, ligero, acuoso pero también profundo con un filo animal muy fino.

Amoureuse Del Rae. El perfume de un jardín nocturno donde gigantes lirios florecen.

Baiser Volé de Cartier. Un lirio glamuroso y delicado con su toque empolvado. Aparentemente sencillo que no simple.

Baiser Volé Essence de Parfum de Cartier. Una versión más voluptuosa del perfume anterior, con una rica y refinada nota de vainilla que le imprime un aura dorada más acorde con la atmósfera otoñal.

Por experiencia sé, que si llegas a adorar los perfume de lirios, no puedes dejar de buscar nuevas interpretaciones entre las estanterias de las perfumerías esperando ver qué de nuevo dicen o qué de tradicional ofrecen. ¿Tenéis vosotros un favorito?

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*Cartel Sarah Bernhardt de Alphonse Mucha.

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