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*Helene Segara como Esmeralda y Daniel Lavoie como Frollo en una escena del musical Notre Dame de Paris.

Ciertas flores se parecen entre sí aunque nunca llegan a ser completamente iguales, pero con esta conexión se juega en los perfumes para crear ilusiones olfativas. Del gran bouquet saturado de vagos tonos florales -todos en armonía triunfando al mismo tiempo-, a la flor rotunda y singular llena de matices característicos hay toda una gama de posibilidades para crear un perfume floral-floral. Pero el estadio intermedio, en el que el perfume ahora es bouquet y al rato una sola flor es un estilo bien explorado, especialmente en el ámbito de las flores blancas. Son esas composiciones que Luca Turin a menudo describe como “sinfónicas” y que dominaron el mercado en los 80´s: Chloé , Giorgio, Boucheron, Jardins de Bagatelle, etc, etc.

Y es cierto, son sinfónicos. Jazmín, tuberosa, flor de naranjo, gardenia, lirio de los valles, rosa…todas esas nota en sano equilibrio. Dulces, envolventes, inmensos y flirteantes perfumes. Siempre aprovechando la facilidad con que las flores blancas pueden coquetear para crear una sensación cálida y luminosa mientras otras facetas animales se encargan de introducir ambigüedad en el conjunto. Son un juego. Pero Rubj, que recuerda mucho a ese tipo de perfumes, deja atrás toda esa ambigüedad. Toda.

¿Inmenso? Sí. ¿Complejo? También. ¿Siendo una flor y varias flores a la vez? Según quien lo lea… Pero si el modelo son los florales de los 80´s , la estética aquí ya no es galante, sino cruda y directa. Estos son pétalos blancos encendidos que muestran con poco pudor sus asperezas: plenos de indol y agitados por un tono entre ácido, meloso y salado de corte animalístico que no va a ser bien tolerado por todo el mundo.

De tradicional tiene ese aire animal de Fracas que deriva de combinar la tuberosa lactónica y el almizcle ligeramente salado, a lo que podemos añadir ese contorno general en el que se leen el jazmín y la flor de naranjo con mucha claridad sobre una base más seca de musgo y vetiver.

De diferente tiene el modo en que realza ciertos aspectos de estas flores para crear un perfume muy atrevido, casi al límite en algunos aspectos porque el hilo conductor de Rubj es el calor que hace que emerjan efluvios decadentes de las flores blancas. La sensación dominante de temperatura elevada es un efecto general que surge tanto por la saturación de matices y el uso de la opacidad en las capas del perfume -sin que el perfume sea pesado puede resultar opresivo-, como por la elaborada faceta frutal que predomina casi por encima de las notas florales.

Las notas frutales tienen, igual que el almizcle y las lactonas, afinidad natural con la piel por lo que siempre resultan sugerentes. En Rubj, de nuevo, esto se lleva al extremo mediante un efecto que promete por un lado frutas pulposas, por otro frutas muy maduras. De fondo encontramos el clásico elemento lactónico acaramelado de la tuberosa y también la parte más balsámica cercana a las cerezas que esta flor comparte con la rosa, en un muy cercano segundo plano están las notas de plátano y frambuesa tan características del jazmín egipcio y, finalmente, la capa de celofán que aporta la flor de naranjo con su olor anaranjado meloso-gomoso.

Rubj puede confundir al principio. Su salida tiene un atractivo clásico, con una combinación de cítricos vibrantes a base de bergamota y limón entre los que ya se aprecia el indol y una nota verde de efecto natural que aporta la albahaca. Esa frescura unida al dulzor floral es la parte bonita del perfume, luego llegan las aristas. Y son precisamente esas aristas , ese modo de llevar más lejos -y al mismo tiempo- lo salado, lo indólico, lo meloso, lo lactónico… lo que diferencia esta composición de otras. En cierto modo Rubj es un perfume rudo que me hace pensar en personajes complejos pero a la vez retorcidos como Frollo de Notre Dame quien, atormentado por el deseo hacia La Esmeralda decide destruirla antes de que ella le destruya a él. Sí, definitivamente Rubj es para quienes “acariciar con una mano y torturar con la otra” tiene sentido pleno…

Momento musical: Tu vais me détruire (Frollo) del musical de Notre Dame de Paris con música de Richard Cocciante.

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